VENGO DE DONDE VENGO
Vengo de una matriz avolcanada, de la esperma febril de un altozano con la costumbre indócil del milano y con la sangre verde, aturbonada.
Vengo de donde vengo, asalvajada sin directriz en reglas de lo humano; donde siempre es mejor tender la mano que tender los desiertos de la nada.
No esperes más de lo que soy. Apenas un verso que se quiebra en las arenas del vitral insondable que te evoca.
No esperes más que un esfingado gesto cuando aparezca el sol tan maldispuesto y se nos muera el alba entre la boca.
LOS ÓRFICOS RITUALES
Vendrán las albas nuevas. Vendrán con su aleluya para romper los cantos tenebres donde muestro la perversión de un beso–como un toque maestro- que por tus labios de hombre me permití que fluya.
No habrás de recordarme. Cuando el reloj concluya los órficos rituales del tiempo que fue nuestro te olvidarás del beso malévolo y siniestro y olvidarás la boca que alguna vez fue tuya.
El mundo es tan redondo… quizás, en otro giro palpite entre tus labios un húmedo suspiro nacido en remembranzas de besos infernales…
Quizás por ese entonces la sombra de mi mano dibuje en tus memorias algún sueño pagano ...cruzando los cristales.
EL INICIO DEL FIN
Todavía humea el café pero ya no tenemos nada que decirnos; volvemos a tocar nuestras historias deslizando los dedos por todo el planisferio de la mesa;
pero de boca a boca que poco o nada queda apenas lo trivial de algunos holas, lo baladí del tiempo, lo insustancial y vano que nos sobra... una mirada esquiva, una sonrisa mustia, un mirar el reloj con disimulo y esperar el alivio de la ausencia.
Todavía humea el café pero en nosotros están latiendo coágulos de hielo
y es que nos desnudamos demasiado pronto sin guardar ni un enigma,
ni un secreto que atenuaran los tiempos del hastío hasta llegar al hoy, donde ya no tenemos nada que decirnos.
Todavía humea el café…
La noche empieza justo al amanecer de cualquier día.
SEULETTE SUY
(A Cristina de Pisán)
¿Que me he quedado sola? ¿Y qué? Ha sido mi elección vestirme de ermitañas las arterias desandando a conciencia los destiempos solidaria de mí, y éste conmigo.
Y que me miren libre, encadenada en estas libertades que me gané en el campo de batalla cabalgando el ultraje y el insulto pagando cada senda libertaria con géiseres calientes de mi sangre, con cada acero que me hurgó por dentro y con cada cruz donde quedé enganchada.
¡Cuantos trozos de mí se resecaron colgados en escarpias!
Tú ya lo sabes… He ganado mis guerras desarmada.
Que me miren así, libre desnuda con este dios de amores moribundo con los brazos en alto y encrespada hablando con las piedras y con los peces que andan por los aires balbuceando febril y alucinada cien baladas de amante.
Pero no tengo más, se me vació la boca desde el alma.
Cuando se vaya el eco de la aurora me quedarán banderas de locura
durmiendo en las entrañas.
Ha sido mi elección quedarme sola.
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LLOVERÁS CON MI NOMBRE
Te acordarás de mi cuando me vaya cuando cierre a mi espalda las tranqueras y se vuelvan al mar todas las fieras que esculpiste en la arena de mi playa.
Te acordarás, lo sé. Lo tengo claro. Pero no hay marcha atrás. Todas tus farsas requieren del neón de las comparsas y no de la luz simple de mi faro.
Te acordarás cuando me vaya. Entonces se quebrará el escudo de tus bronces y te hallarás tan sólo, tan vacío,
que no te han de bastar las bocas nuevas para olvidar mi boca. Cuando lluevas, lloverás con mi nombre y con tu frío…
NO TENGO PRISA
Porque nací habitante del pedral y del ojo de las gárgolas me ensabané en un neón de negras luces y arco iris de brumas donde la parvedad deslíe mi nombre gloria a gloria para llenar algún porrón antiguo con cada cambalud que se hizo gota de los oscuros vómitos de antaño (sorbos… de una memoria puñetera)
Porque nací del morbo y porque fue cordón umbilical la injuria no es difícil quedarme en el ahora con mi cara de sed recién lavada y este desasimiento del yo mismo donde jamás despiertan los insomnios que me inventan, infausta y nocherniega a pesar de mis luces. O por eso.
Dos segundos después de ser crisálida ya era una zygaena esplendorosa exhalando y latiendo su cianuro.
Tal vez por eso no me importa si llueve o si no llueve y me importa un carajo que haya mares o charcos, vasos de agua; porque no busco al fondo de sus círculos el uso o el desuso de fatuos tragasables y prestímanos; pero me importa el yo desopilante del líquido reflejo.
La irrealidad es magia… o viceversa por eso me da igual la calidad o el vicio del adversario y antes de abrir los ojos supe siempre de esta costumbre insana de mis hombros que no sabe esquivar ni el volumen ni el peso de los golpes, y en reciprocidad del dos por uno traspasa su break point y rompe puentes con la certeza lógica que todo ha sido es y será sustituible.
Soy imperfectamente humana.
Yo no mato, no me he estigmatizado de la sangre, pero suelo ser cruel herir de muerte, mutilar suavemente corazones emascular -con compasión- los sueños y dejarlos vivir ¿Qué es más oscuro que mirar a tus víctimas, gravitar palpitantes por tu espacio sintiéndote inocente?
Para decir te amo -lo que siempre es igual a desangrarme- siempre me sobra tiempo.
Por hoy, no tengo prisa.
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