ITACA
Yo trato con aquello que da vida a los signos valedor de la bruma, loco del perro, escriba, limando entre las piedras hasta buscar la forma, para lograr en nieve un sueño que no cuaje.
Os hablo de este Ulises venido de una lívida Ítaca de polvo, notador de todos los asuntos, maldito si no bebe, y si borracho en gracia.
Y así el día me dure, mientras aguanto turno mientras me asiste esta mi alma mortal y delicada en añadirle madera al barandal -trabajo al carpintero- que nos distrae de la febril certeza del vacío.
(Allende en casa penélopes de piedra van tejiendo mi rabia.)
IDA 2
Caléndula de invierno mi flor mordida.
Pasaste, dulce estío. Tras el verano se volvió tu vista densa noche.
Así que espero en hambre a que me envuelva aquel frío.
Sostén bandera mientras termino de beberme la nieve y el invierno.
Total, al fin y al cabo morir de frío habrá de seguir siendo estar con vida.
POEMA
Que en días de suerte la amplia sábana del aire me brinde su rebozo.
Pues quiero retratar el blando laberinto y bárbaras regiones devengarán en vuelo.
Así esta fiebre, gélido deseo, fría alpaca, se me torne de lana entre los dedos.
Y que la magia del viento nos asista en la leva de párpados.
Tal vez, pulido en rostro, habré logrado el verso redondo al que aferrarme.
Desde él, el día del sol, tal vez vislumbren, -madero al malogrado- aquel paraíso grande que perdimos, y del que intermitentemente somos parte.
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SEA
Haga mi boca poma en tus párpados profundos presa.
Por ser en ti herida, cicatriz a vida o sangre.
Sea tu mano, rompiente azul ineludible costa a la que arribe, náufrago.
Y quede en piedra secando el pan negro, la sed.
Y ruede sobre ti mi vidrio.
A vida, o a quebrarse.
ESPERANZA
"Y, sin embargo, estabas para el amor formada" F. G .Lorca, ELEGÍA A DOÑA JUANA LA LOCA.
Va a ser cosa de ir utilizando día por día el verano del abrigo con el cesto rotundo de la nieve dorándome las lunas.
Y es que fuera que ya se me ha olvidado la suerte que es la vida tantos años pasados en barbecho a varado navío, en flor de piedra.
Era evidente, la existencia no iba a ser tan fácil como quiso mi muerte en el origen condenado a vivir solo, a cuerda de ir callado, tan de largo mi día, a lomo y cruces y sin hablar conmigo.
Al cabo tan sólo el frío extendió su mano buena si me habré calzado de amor entre el dosel cercado en pardo viento y el tonto paje que montan mis costillas.
Mas, ay, quizá quede sabor quizá se vuelva el agua y aquella seda en rosca de la muerte no aquilate quitarnos el abrigo.
TÚ
Bajaste del jardín, abierto pájaro, derramando una lluvia de cremas a los gritos y mis plumas de volar, al punto, colgaron de tu boca como acordes de música asistiendo a tu suelta en mi pecho.
Grávida maestra, has sido desde entonces el mantra repetido. Pues aquella sacia me llevó a revuelo, aquel día supe que al paso de tus balas la sangre se licua. Bendito el día del rumor oído de tus pasos acercándose en la grava, pues resultó un venir para quedarse, -guardesa de razón entre mi infierno- para asistir en gracia a nuestra pira
de limones encendidos.
Así deseo que la gloriosa suerte se mantenga, y que bien corra tu abeja entre mi vuelo por que pueda poner en alas, siempre, de aquella miel armada que ha pintado, sobre el fondo sombrío de mi saco tu sabio dibujo de labios y locura.
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