Foro de los escritores de Biblioteca Digital Siglo XXI

Consejo

No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.
Juan Carlos Onetti

Destellos

Cada lector busca algo en el poema y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro.
Octavio Paz
 
*****
 
En ocasiones pienso que el premio de quienes escribimos duerme, tímido y virginal, en el confuso corazón del lector más lejano.
Camilo José Cela
 
*****

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ERNESTO R. DEL VALLE

NARRATIVA    
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Ernesto R. Del Valle. Na en 1940 en Camagüey, ciudad cabecera de la provincia del mismo nombre, en la Isla de CUBA. Actualmente resido en Miami desde Marzo de 2003, luego de una estancia de ocho meses en West New Jersey, New Jersey. 

Me desempeñé como Técnico Diseñador de Proyectos Hidro-sanitarios durante toda mi etapa laboral en Cuba y al llegar a Santo Domingo en noviembre de 1998, devine, meses después en Profesor de Educación Artística y Español en la Ciudad de Santo Domingo, Rep. Dominicana.
En mi provincia, fui uno de los fundadores, en febrero de 1964, de la Brigada HNOS SAIZ, una organización que aglutinaba a escritores, plásticos, actores jóvenes, etc. Este grupo era colegiado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. En ese grupo comencé a estrenar mis primeros poemas, muchos de ellos exprimidos sin piedad por la máquina trituradora de la crítica que se le hacía en los debates. Así fui tomando conciencia de la importancia de la palabra como elemento comunicador y en esas críticas demoledoras a veces, fui tomando experiencia de lo importante que es en literatura, borrar y enmendar, seguir emborronando y enmendando cuartillas hasta quedar a 'bien' con el texto mismo. Con mis apenas 24 años leí mis versos frente a los poetas cubanos de la generación del 52, Luis Suardíaz, Fayad Jamís, Pablo A. Fernández, Rafael Alcides, César López, Heberto Padilla, Francisco de Oraa, Helio Orovio, venidos de La Habana. He obtenido en Cuba, varios premios y menciones en diversos concursos literarios a nivel Nacional y he formado parte del Jurado en los géneros de poesía y Literatura Infantil en los distintos encuentros de Talleres Literarios que se han celebrado en Camagüey, tanto a nivel Municipal como Provincial. Mis poemas han sido publicados en distintos tabloides editados en mi país, también he sido publicado en la Revista 'Cormorán y Delfín' Argentina y en diferentes antologías nacionales.

Tuve la rica experiencia de que durante mi permanencia de cuatro años en Santo Domingo [1998-2002] me publicaran un total de veinte cuentos en el Tabloide Cultural ENFOQUES, del desaparecido diario EL SIGLO. Estos cuentos los he llevado a un cuaderno con el título CANTAR LA VIDA. [Inédito]

En 2006, obtuve aquí en Miami un DIPLOMA DE MERITO, en el IV Concurso Internacional de Poesía que auspician las Escuelas Lincoln-Martí.

Por cuestión personal y a fin de salvaguardar mi poética de malabares políticos no asistí a la entrega de premios de este concurso.

En [2007] la Revista Digital AVE VIAJERA por instancias de su Editor Sr. Joseph Berolo [Colombia] me seleccionó como poeta del mes en su nro. de Febrero.
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FUNDADOR Y DIRECTOR DE LA TERTULIA LITERARIO-CULTURAL
 TARDES DE YARABEY
EDITOR DE LA REVISTA LITERARIA
 
BLOG
E-MAIL
 
 

ANTOLOGÍAS EN QUE MIS OBRAS ESTÁN INCLUÍDAS: 

 

COLECCIÓN HNOS SAIZ [Edit. UNEAC. Cuba, 1967];

PUNTO DE PARTIDA [Edit. Pluma en Ristre, Cuba, 1970]
E
SPAÑA REPUBLICANA [Madrid, 1971]
C
ORMORAN Y DELFIN [Argentina, 1972]
COLECCIÓN DE POESIA CUBANA [OCLAE, Cuba, 1979]
EL PROBLEMA ES ESTAR LOCALIZABLE [Edit. Oriente, Cuba, 1991.

 

OBRAS PUBLICADAS EN REVISTAS, TABLOIDES LITERARIOS Y EN LA WEB:

 

- DUENDERIA (Relatos para niños.)

-AQUELLOS NIÑOS QUE SOMOS. (Cuentos.)

-CANTAR LA VIDA (Cuentos)

-CARRUSEL DE RONDAS (Poesía)

-ALABANZAS Y ALUCINACIONES (Poesía)

-RAZONES DE LA MEMORIA (Décimas)

-POESIA REENCONTRADA (Poesía)

-DEL AMOR Y OTRAS SUSTANCIAS (Poesía)

-LA MUSICA CUBANA (Recopilación de intérpretes y autores en versos)

-CON EL MISMO PUNTO (Décimas)

 

LIBROS QUE TENGO ESCRITOS Y SIN PUBLICAR:

. ALABANZAS Y ALUCINACIONES [Poesía]

. POESIA REENCONTRADA [Poesía]

. TRAS EL GRIS DE UN PASAPORTE [Poesía]

. RAZONES DE LA MEMORIA [Décimas]

. DEL AMOR Y OTRAS SUSTANCIAS [Poesía]

. CARRUSEL DE RONDAS [Poesía Infantil]

. DUENDERIA [Relatos Infantiles]

. CANTAR LA VIDA [Relatos]

. AQUELLOS NIÑOS QUE SOMOS [Relatos juveniles]

. CATAUROS [Poesía erótica ilustrada]

. POEMAS DESDE EL KAMASUTRA [Poesía, en preparación]

. CON EL MISMO PUNTO [Décimas, en preparación]

. SI TE PARECES AL MUNDO [Poesía, en preparación)

PORTALES EN LOS CUALES MI OBRA PUEDE SER LEÍDA:

http://isla_negra.zoomblog.com/archivo/2007/11/28/ernesto-R-del-Valle-Cuba.html

http://www.poetasdelmundo.com/verNot.asp?IDNews=1017

http://www.poetasdelmundo.com/verNot.asp?IDNews=982/

http://www.poetasdelmundo.com/verNot.asp?IDNews=999/

http://www.usuarios.sion.com/mangrullo/mangrullo86.html

http://www4.loscuentos.net/cuentos/local/delvalle/

http://usuarios.sion.com/mangrullo/mangrullo92.html

http://www.zoomblog.com/cgi-bin/blogPost.cgi

http://f1.grp.yahoofs.com/v1/EOlFSPWtasQxMF4edfCGOGmzREYAXyX1mJh4lfMIscsiuTzskuukNDBMYq4eAkY41bHhsZOHEzg_CApeQ4vv9cEtgXi1XxkaP9jWEhP/mangrullo94.pdf

http://es.groups.yahoo.com/group/MovimientO-NeO-SurrealistA/message/6501

http://es.groups.yahoo.com/group/Pintores-NeosSurrealistas/message/2297

 

Palabras de Carlos Garrido Chalen (Bolivia):
 
“Verdad que Ernesto R. Del Valle, es una gloria de la poesía hispanoamericana. Su poesía tiene el sabor de la tierra americana, y en su brisa pernocta sin disimular, la vida. Un abrazo fraternísimo a él por lo que ha logrado en España y en el mundo, que ya lo aplaude por su valor y su talento literario.”

Carlos Garrido Chalén

Presidente Ejecutivo de la Unión Hispanoamericana de Escritores

 

Palabras de la poetisa chilena Julia M. Ortiz Morales:
 
Carlos, me uno a su comentario, pues en los días, descubriendo la poética de nuestro Ernesto, más su vínculo llegado de él; como dice su apellido, él es un valle impregnado de glorias hispanas.

Una poesía que nos hace viajar, a recodos inimaginarios y brinca entre los ardores más pasionales como un pétalo de macho enternecido ante el reinado de un vientre amado y asombra su delicadeza salvaje, asombra su éxtasis bebiendo el néctar del amor.  Claramente, sabe amar a su amada en versos, como lo hiciera el gran Neruda. Su hombre se desnuda e inclina como niño ante su diamante.

Y así viajamos en su poesía, entre el amor, de satenes desatados a retazos de tierras engalanadas de aromas donde nos sentimos parte de un paisaje, su Cuba amada, una Cuba de todos, con sus callejas que nos hablan de viejos tiempos, sus angosturas repletas de una historia viva, y se inclina, en sus versos, ante el camarada, su amigo y compañero, y uno se estremece, pues en sus párpados y en su pluma no hay rostros que mueren, siguen latentes, siguen en sus veredas.

Y su mundo de duendes nos hace tocarnos en esos niños que somos y que fuimos y les da vida y credibilidad, fantasías o verdades, que al sentir sus vocablos pensamos: los duendes sí existen, son otros mundos en nosotros mismos, posiblemente una estancia perdida entre el útero materno y el lumbre de nuestros párpados a la vida.

Felicito esa pluma caribeña, esas fotografías y pinturas donde los mundos se entrelazan en cósmicas miradas.

Ernesto, un trovador de grandes sueños que no se ha desteñido y aún en sus puños, la consecuencia de sus versos con su amada causa.

Julia M. Ortiz Morales (Chile)

 

Palabras de Antonio López:

 

Comparto plenamente sus apreciaciones sobre  Ernesto Rodríguez del Valle, un talento de nuestra Literatura. Estoy dichoso y orgulloso que sea un cubano y que su prosa sea estimulada por personas como usted.

Lic. Antonio López
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UN AUTO VA HACIA EL OESTE

 
Neblina.
Invisibles los objetos a diez metros de distancia.
Un auto avanza con lentitud por las estrechas calles de la ciudad en busca de la autopista.
La ciudad despierta en este domingo tranquilo.
Algunos transeúntes, escasos a esa hora –seis de la mañana- tratan de reconocer a los que van dentro del auto.
Una mujer y un hombre.
El al volante.
Ella amorosamente recostada a su hombro.
Ya en la carretera nacional el auto se lanza hacia el occidente.
La ciudad, con sus casas de paredes carcomidas y despintadas, va quedando atrás perdida en la neblina pesada y húmeda.
Por delante cientos de kilómetros, a ella además algunas horas de vuelo sobre el Atlántico.

“Llegó aquella tarde a su casa con el cansancio reflejado en el rostro. Aquel proyecto era realmente agotador. El día entero calculando velocidades, diámetros, caudales, trazando líneas y leyendo normativas le habían congestionado los ojos y sentir un cansancio doloroso en las órbitas.
Abrió la pequeña puerta de acceso al jardín que rodea el portal de la vivienda. Un pequeño pero alegre jardín. Begonia recién abiertas y en la flexible rama de la planta de flor de pascuas, sembrada unos meses antes, presintió el reventón de los primeros botones. La planta de rosas diminutas no avanzaba y el exuberante bosque de margaritas, estaba constelado de blancos brotes.
Un ligero voltear de la llave y la pesada puerta se abrió.
-Ya estoy en casa- dijo. Cerró la puerta tras de sí y colocando el pequeño maletín de piel carmelita sobre uno de los sillones del recibidor, encaminó sus pasos hacia la habitación principal.
Todo en penumbras. La radio, sobre la pequeña mesa de noche estaba sintonizada en una emisora de música instrumental selecta. Aún ahora, después de tantos días, no ha olvidado que la Orquesta Sinfónica de Londres estaba ejecutando ‘Bolero’ de Maurice Ravel.


Las manos firmes sobre el volante, quizás con mucha más presión de lo debido. Ella observa aquellas manos que siempre le han gustado. Se inclina hacia la radio cassetera y con una vuelta del botón se hace escuchar, entre ruidos de la estática a alguien cantando de manera estridente.
-Mejor escuchamos un cassete- dice el hombre.
De la guantera niquelada la mujer extrae varios. Escoge uno al azar: “Perales, éxitos del 80”.
-Ese mismo, como tú quieras- dice él.
La mujer introduce el cassete con la delicadeza propia de su edad y oprime la tecla PLAY.
La vos del cantante español comienza a invadir de nostalgia el ámbito minúsculo del automóvil.
Casi, sin darse cuenta, se sorprenden ambos tarareando aquella canción que habla de un tal Adrián, solo y triste como todos los demás y que tuvo, a pesar de todo, un amor feliz.
-Linda canción, verdad?.
-Sí –dijo él- y tan triste como nuestra historia a partir de nuestra separación.

El hombre se vio ahora sentado a la orilla de la cama. Recordó que Lu tenía el rostro vuelto hacia la pared.
La espesa cabellera color trigo de la mujer le ocultaba parte de las mejillas.
-¿Ya estás aquí?- preguntó ella y… ofreciendo su rostro para el beso, volvió a preguntar -¿cómo te fue por el trabajo?
Erman se inclinó besándole los cabellos. Lu acercó más el rostro para ser besada en los labios, de esa manera suave con que él la tenía acostumbrada.
Ojos húmedos, semblante triste.
-¿Qué te sucede, por qué lloras?
-Nada, pensando en los muchachos, no puedo evitarlo.
-¿Pero les sucede algo a ellos?
-¡No!, sólo que les hecho de menos.
-Pero… ya ellos saben que vas pronto, ¿no?
-Sí… y quieren que me quede.
-¿No me digas? ¿Y qué piensas?
-Yo no quiero dejarte, quiero tenerte allá conmigo.


Ahora la visibilidad en la carretera se hacía mucho mejor. El campo se ofrecía aromoso y lleno de vitalidad tropical.

-¿Irme de aquí?- dijo Erman sorprendido.
Hizo girar el cuerpo de su mujer hacia él y la estrechó fuertemente.
-Creo que ahora sí estás loca. Yo no he pensado abandonar por ahora este país, con toda su basura y estupideces, y si algún día lo hiciera, no sería por medios ilegales.
-Bien sabes que este país no avanza chico- dijo Lu, sin mirarlo al rostro y acomodándose el cabello con un movimiento de cabeza muy peculiar en ella.
-Mira amor- le dijo Erman- no quiero entrar ahora en un tema harto discutido ya. Lo que te digo es que no salgo por ahora del país- Erman se para de la cama y poniéndose frente a ella, mirándola fijamente le dice –No tengo por qué hacerlo. ¿Te vas de visita?, bien. ¿Te vas a quedar?, bien, es tú decisión.
Lu, con sus ojos llenos de lágrimas mira a Erman.
-Mira lo que voy a decirte. Son mis hijos y los extraño, pero pienso en ti. Te quiero, te siento… tengo la cabeza hecha un hervidero.
-Pobrecita mía, sólo te digo que pienses bien lo que vas a hacer, yo por mi parte, te lo repito, respetaré tu decisión.


La carretera se extiende ahora largamente hasta perderse iluminada en el horizonte. Erman le acaricia el cabello y la mira a través del espejo retrovisor.
-Si supieras lo que estoy recordando.
-¿Qué cosa?
-No, nada, sencillamente que ahora vamos rumbo a nuestro holocausto- Lu le pone suavemente la mano sobre los labios –Shhhh… ya todo está hablado, ¿verdad?
-Sí, pero mañana será la realidad. Cuando el avión levante el vuelo, nos quedaremos solos… ¡SOLOS! ¿Te das cuenta de lo que significa esa palabra en nuestras vidas, a nuestros años?
-¡Erman, por favor!
-Estoy esperando tu respuesta.
-Esa la tendrás mañana, cuando nuestros esquemas de pensamientos pongan balanza lo que somos y lo que seremos.
-Bien sabes que no es fácil, Lu, no trates de escamotear la verdad a que nos enfrentaremos. Vamos a sufrir mucho. A nuestra edad un día representa más que veinticuatro horas.
Erman la vio venir hacia su derecha, vieja, torcida, fuerte. “Allí estás, hermosa ceiba, añosa y enorme, ven y tómame en tus fuertes ramas. Sombréame esta tristeza”
-¿Ves esa ceiba? –le señala a Lu el enorme árbol a orillas de la carretera- así estaremos dentro de unos meses- sonríe.

-Tienes cada cosa- murmura ella sonriente.

Recuerda a Lu incorporarse para encender la lámpara. La opaca luz verdi-azul se esparció por la habitación definiendo los objetos.
Abrió la gaveta de la cómoda y extrajo una toalla olorosa; la triste mirada de la mujer estaba atenta a la lectura de un libro.
-¿No has terminado PEÑAS ALTAS?- preguntó como para decir algo.
–Creo que nos queda una semana para devolverlo a la Biblioteca- terminó por decir mientras colocaba los espejuelos sobre la cómoda.
-Me falta poco- dijo ella sin levantar la mirada de la lectura.
Su voz le llegó junto al lento compás final de BOLERO.
Pasó al baño, recuerda que le dolían terriblemente los ojos. Se desnudó y entró a la bañera, accionó la válvula niquelada y vio venir hacia él aquel chorro de frescura líquida, aquella lluvia que le aliviaba los sentidos.
No se sorprendió al verla desnuda en el centro del baño para compartir con él aquella agradable lasitud. La esperaba

Perales continúa con aquellas canciones de los años ochenta. Su voz y su música se pierden en el violento ruido del aire que penetra por entre las ventanillas semi-cerradas.

Siente ahora una tristeza enorme por esta mujer, por esta situación, por todos los problemas que enfrenta el mundo en su agónica sobre vivencia.
Atrae a Lu hacia él. Ella recuesta su cabeza dócilmente en su hombro y se adormece.
Un auto azul avisa, con el claxon, que va a cruzarlo. Erman lo ve como en cámara lenta… las ventanillas cerradas… y detrás del cristal trasero un niño como de ocho años les va diciendo adiós con una sonrisa.

Del libro inédito CANTAR LA VIDA

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REINO AMOROSO
 
Supongamos que la vio cierta tarde de un mes que ahora no recuerda, ni cómo iba vestida ni si tenía los labios pintados. Subía las escaleras con aquella prestancia, firmeza y virtuosismo propio de las mujeres seguras de sí mismas.
El había sido ubicado en la misma empresa luego de haber cursado los estudios técnicos en una rama que jamás había soñado. Si alguien, cinco años atrás le hubiese dicho que iba a vivir de la hidráulica, le habría dicho loco, así, sencillamente.
Pero allí estaba él, en aquella empresa, viendo a esta mujer subiendo aquellas escaleras que debían culminar en el cielo, despidiéndose de un tipo flaco, de mirada desdeñosa y sonrisa irónica; calvo y vestido con un overol manchado de grasa.
Supongamos también que alcanzó a oír algunas palabras que tampoco vienen al caso y que no hubo sorpresa ni amor a primera vista. La tarde, felizmente, no se hizo más bella ni el cielo, hacia donde se dirigía aquel angel, se hizo más azul; sin embargo aquella escena lo persiguió pasado el tiempo. Esa imagen de ella, su cabello plateado por las canas, espeso y de un brillo particular; su sonrisa descolorida en la memoria y aquella mirada endemoniadamente triste, tras sus lentes traslúcidos, no le dejaron un momento de paz.

Quizás sintió la mordida de algo insospechable dentro de su ser –quizás no- pero su imagen se le aparecía junto al flaco aquel y eso no le agradaba.

Aunque la presencia de ella no le conmocionaba en lo más mínimo ni su imagen hacía eclosionar en el jardín a flor alguna, le gustaba verla, encontrarse con ella en el pasillo del edificio o en el gran salón de recepción conversando con sus amigas durante el receso del almuerzo o en las reuniones de producción. Algo le hacía pensar en ella cada vez.

A través de las relaciones de trabajo conoció su nombre, circunstancia por la cual la figura de ella le llegaba ahora mucho más tenaz, real y constante. El angel tenía nombre.
El salio hacia África del Norte en funciones de trabajo y vamos a suponer que, la responsabilidad del trabajo más el recuerdo de los suyos, le hicieron olvidarla hasta que volvió a verla dos años después. El cabello más corto, de hebras más gruesas y ondas más suaves que le caían al; lado del rostro de una manera antojadiza e infantil. Encontró su rostro más inflexible, fresco y hermoso, con la hermosura otoñal de una puesta de sol y su voz de cierta melodía en el hablar pausado pero firme, que ofrecía confianza. No quería creerlo pero aquella mujer, decididamente, cobijaba su corazón de hombre cuando por alguna razón de trabajo debía estar cerca de ella.
Supongamos que a partir de ese momento se dedicó a indagar, a penetrar los íntimos laberintos de su vida; revolver las intrincadas áreas de su felicidad y se sorprendió.
Divorciada.
Se había casado con un hombre que nunca llegó a valorar su fidelidad, un hombre que siempre estuvo lejos de ella espiritualmente sin aportarle en lo más mínimo valor humano alguno. Un hombre que solamente le dio lo que cualquiera: tres hermosas flores a las cuales echo hacia adelante ella sola, a fuerza de pulmón y voluntad en medio de la más recia escasez, que le hizo adquirir un carácter serio e impenetrable pero dulce y noble; rígida en sus conceptos y principios religiosos, aún así, él sospechaba, sabía, que aquella mujer guardaba dentro de sí un alma pura y amorosa.
Vamos a suponer pues, que él decidió ir a su conquista.

Así le llegó a las manos de ella, un jazmín mañanero, con su olor a inocencia, a perfumarla diariamente. Así también llegaron otras palabras, otras miradas y sonrisas y así vino también aquel día de octubre.

¿Fue en la casa de ella?  Imaginemos que sí. Una conversación rápida, tan rápida como sus miradas, esquivándose una a la otra.

Responsabilidades impostergables de él le hicieron concertar otra cita para el día siguiente. Pero ya el amor, como el chico rosado y mitológico daba un portazo rotundo contra toda posibilidad de dudas y se acercaba lenta y calmadamente preparando su arco de sueños, montando la saeta que dirigiría con puntería de atleta, hacia aquella formidable lumbre en la que se calcinaban las ansias.

Y con esa impresión de susto, de la que habla García Márquez, vivieron ambos las horas siguientes, detenidos por una encrucijada desconocida y a la vez asombrosa, como si estuviesen parados al pie de un volcán en erupción o en el centro mismo de un tornado maravilloso que convierte en un pandemonium todos los papeles de aquella intimidad para llevarlos hacia la hoguera de la razón y las consideraciones donde creían calcinarse.

Fueron una especie de Adán y Eva ante lo prohibido. Vivieron esas horas vísperas pensando en cómo llegaría la reconciliación a sus cuerpos en la más noble, bella y humana de las relaciones.

Fue, primero el saludo y algunas palabras después, tímidas pero directas.
Luego una invitación por parte de ella a una taza de café, que a modo de bebida afrodisíaca, actuó como brindis para el primer beso, largo, conciente, que los hizo reconocerse en el primer estatuto del desenfreno sensual.
Pensemos que aquella habitación aún debe rememorar el instante crucial de sus caricias calladas, suaves, experimentadas; pensemos en sus cuerpos entrelazados, unidos en la penetración, entregados en el dar y recibir, con movimientos acompasados y sin la lujuria que hubiese maculado el momento supremo de sus deseos comunes, con la majestad de las almas simples que se encuentran para siempre; infinita melancolía de los años sucedidos sin haberse conocido hasta ese momento y la satisfacción de ser y estar en el presente y en el futuro a pesar de ser señalados por índices acusadores y fulminados por miradas inquisidoras.


Y admitamos que sucedió, que la tarde estaba espléndida y que las divinidades que dirigen el comportamiento humano en esta mísera estadía terrenal, estaban decididos a establecer para la vida de esta pareja, toda suerte de felicidad.

La ocasión era propicia y la soledad como siempre, fue la cómplice especial de sus intimidades.


Hoy, luego de tanto y tanto tiempo recorrido, de haber experimentado las necrósis infelices de tantos proyectos sin ejecutar y los planes de tantos otros, unidos los dos; cuando el “tú” y el “yo” se ha convertido en un ,“nosotros” total y lo “mío” y lo “tuyo” en un “nuestro” mucho más íntimo y hermoso, demos por cierto que aquel día no podía ser cualquier otro, porque para ambos fue el momento de una decisión, la toma de conciencia en el palpitar de sus corazones; los pétalos de cada uno de aquellos jazmines mañaneros, convertidos en palabras, cercanía, tacto, mirada más libre, corazón al margen de cualquier convención humana.

En fin, admitamos que el nunca pensó en vivir una aventura y que todo sucedió realmente así.

Que todo no fue un sueño ni un tema inventado por alguien a quien le gustaría que algo así le sucediera a sus personajes y supongamos que de ser real esta historia, aquellos amantes aún estén unidos en su verdad y hayan realizado el sueño de sus ensoñaciones primarias. Vamos a creer que se dan la vida donde quiera estén, sin olvidar jamás sus pequeñas e íntimas historias.

Si esto es así, que clamen por sus dioses otros miedos, porque señores, el amor se alimenta y cuida espiritualmente en su propio reino.

Supongamos nada más esta pequeña historia y sigamos respirando.

Del libro inédito CANTAR LA VIDA

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