Sus primeros poemas aparecen en Poesía itinerante (1984), publicación colectiva del Taller de Poesía Manuel Ortiz Guerrero. Posteriormente ha publicado dos poemarios: Todas las voces, mujer... (1986; Premio "Amigos del Arte") y La Cruz del Colibrí (1993).
En 1987, en los "Juegos Florales" -concurso organizado por la municipalidad asuncena en ocasión del 450 aniversario de la fundación de Asunción- su obra Pilares de Asunción fue galardonada con el premio "Mburucuyá de plata".
Ha ganado, además, el segundo premio "Poesía Joven" (1983), la "primera mención" en el Concurso de la Municipalidad de Asunción (1991) y una "mención especial" en el concurso de cuento breve "Néstor Romero Valdovinos" (1993) por su cuento "La fiesta en la mar", publicado después en el suplemento cultural del diario "Hoy".
Reunió sus cuentos que obtuvieron premios y menciones en concursos literarios en el libro El viaje. Su obra Romancero de mi pueblo ganó el segundo premio ‘Federico García Lorca‘. Romancero de mi pueblo lleva prólogo del crítico y poeta Hugo Rodríguez-Alcalá.
Su último libro, que lleva el nombre de Querido mío, es bestseller en Asunción, ha recibido el premio ‘Roque Gaona 2004‘.
Sus obras (cuentos y poesías ) están incluidas dentro de numerosas antologías nacionales y extranjeras.
El poemario Versos esenciales de Delfina Acosta está dedicado a honrar íntegramente la memoria del poeta chileno Pablo Neruda. Fue presentado al público paraguayo en 2001, en la embajada de Chile en Paraguay. Varios ejemplares del poemario se encuentran en exposición permanente en la casa museo Isla Negra. El PEN Club del Paraguay otorgó al libro el Primer Premio destacando su elevado vuelo lírico y su lenguaje universal.
Delfina Acosta forma parte de los autores publicados en el libro "Cuentos latinoamericanos", editado por C.C. Buchner, Alemania, 2009, dentro de su serie "Prismas del mundo hispánico", dedicado al aprendizaje del castellano a través del análisis de cuentos de diferentes escritores latinoamericanos.
Es columnista del diario ABC Color; hace comentarios literarios sobre los escritos de los poetas y narradores paraguayos en el Suplemento Cultural del mismo diario. Actualmente dirige el Taller de Poesía de la Universidad Iberoamericana.
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SUCEDE
Sucede que mi carne se deshoja porque ella es desde antes mi enemiga. Morir o envejecer. La tarde quieta, la noche tan callada en mis mejillas, me ocurren. Y me ocurre la penumbra del corazón. De niña no sabía... Me hablaban de muñecas de cristal, de la importancia de las blancas cintas en el cabello verde, o me llevaban al cine. Me contaban las mentiras que a ellas les dijeron, y yo, buena y sana fui instalada en una esquina del tiempo hasta que ahora, a la hora de aquel reloj que marca el mediodía, me digo, finalmente, que en mi rostro el sol se puso ya. Cuán largo día... EL PINO EN LAS PENUMBRAS Sobre tus hombros inclinar mi rostro. Un lirio aún vivo que encontré, contarte. Soy la culpable de tus versos lúgubres donde una llama ciega y negra arde. “El pino en las neblinas” es un verso, y todo cuanto muere o cuanto nace: la ropa de la flor, la carne blanca de las orquídeas que al amor se abren. Mirarte amado, y verme en tu mirada. Besar tu anillo gris, pero abrazarte como si el tiempo fuera a despedirse. ¿Qué es ésto de perderse y encontrarse? Por un camino de furiosas hojas llegaron los fantasmas de la tarde. Tú, mi alma sola, y yo, también, tu alma, si rondan ya los últimos amantes. MI REINO Mi reino es de los astros misteriosos, del fuego que susurra en el ocaso. Se me figura milagrosa tela el cielo con su azul iluminado. Conmigo no es el hombre sino el ángel. Su sombra se hace mies en mi costado. Él busca de mi luz el santo norte como la brisa cuando es mi rebaño. Mi reino es de las olas de la mar que nunca al pensamiento dan descanso, de las estrellas fijas en los ojos pues son criaturas de un querer muy manso. Si llueve es porque lluevo lentamente y si amanece es porque ya me aclaro. Cuando anochece y no aparece el cielo el viento de mi reino está callado.
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EL VERDADERO MUNDO
Recuerdo el viento eterno de otras tardes. Tocando castañuelas prodigiosas le daba larga cuerda a mi niñez. Yo le pasaba alegre mis cabellos, mi falda, y él, jugando, se los daba al perro que ladraba tras de mí. Correr, reír, morir de golpe sobre el liso pasto, la colina aquella, el verdadero mundo a la intemperie, en donde el sol echaba mil monedas. Después, de flores sucia todavía, volver a la casona mansamente. Mi voz quedó colgada de las ramas. Mis ojos se vaciaron en garúas. También perdí mi nombre. ¡Nada! ¡Nadie! Soy yo sin la niñez de mi alegría. DE MEMORIA
Tienen las ramas esta madrugada el bienvenido aliento de las rosas. Las blancas mariposas de mis manos nadie las ve, ¡y cómo te devoran! Donde tú estás, allí, mi amor te llama. Yo quiero que me escuches. Es ahora el tiempo del encuentro. ¿No percibes cómo se buscan, sin saber, las cosas? Amigo, amante, déjame decirte y dime tú también. Llegó la hora. Las lágrimas con luces del rocío, el soplo de cristal, las altas olas nos buscan, llameando, desde ayer. Abren caminos, árboles, auroras. Amado, nuestros besos, tantos besos y un beso yo los supe de memoria. Debajo del rojizo sol de flores te aguardo siempre dentro de mi sombra. POESÍA Sólo tu voz es dulce, poesía, porque por ella he sido yo narrada. Con tierna obstinación tus ojos pones donde clavé, vencida, mi mirada. Ya te mandaron a morir, mas tú como una flor del campo te levantas. La hoguera preparada para ti en tus lozanos pétalos se lava. Porque eres mustia entre las bestias todas, gorrión de invierno, yo te siento hermana. Vestimos un amor desesperado, que nos desnuda el pecho y las espaldas. Debajo de borrascas vas y vienes como una cabellera de palabras. Y enferma caes de capullos nuevos, de aroma fresco y pena enamorada. |




