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UN DÍA MAGNÍFICO PARA EL PEZ PLÁTANO Yo toco el piano en el salón abierto.
Vean mi arca comanches Yo quiero hablar comanches lo que duele. La escualidez profunda del que cruza el desierto.
Walt no murió en combate No más Jimmy no más Micky La poesía muerde y Bela Alguien murió y no importa pobre tío Wiggily el muy héroe Mary Jean quiero tu camafeo
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EN EL CHINCHORRO Otra vez mi niño ha huido.
Lo mismo hacía Buddy en su patética desnudez de crin abierta. Frances no huía. Ella solo volaba. La calle es una selva pétrea. Yo le temo a los autos y a los hombres. A las caretas antigases. A la niebla. Los hombres y los autos corazón y motor que se congelan. Dios está equivocado. El planeta habría de ser agua. Es tan distinto el mar con sus herrajes toro abisal. Yo navegué los Doce Mares. Los de los mapas y los otros los que están bajo tierra: el Mar de Áyax el Mar de Seymour el Mar de Abraxas el Mar de Bessie Glass y el Mar del Dinosaurio que no está hecho de agua sino de dinosaurios muertos un mar bajo las rocas. Yo soy el Almirante de esos piélagos que marcan el rumbo de los pasos grabados en la arena o sobre lava los de otros hombres padres de nuestros padres de aquellos padres que fueron y nunca regresaron. Huellas sobre el desierto angostas extraviadas. Somos hermosos muertos caminantes respiradores de un aire que no existe. Mi hijo tan sabio en su inocencia se ha escapado.
TEDDY
Nada en la voz de la cigarra indica cuán
pronto ha de
morir. Haikú japonés Morir no es descender: LINDA BOQUITA Y VERDES MIS OJOS
Hombre:
Las luces se apagaron. Es frecuente, y tengo un dolor oscuro en el centro del cuerpo. Cuando era niña, soñaba con un cofre de piratas, lleno de joyas y monedas, pero lo que importaba era el encuentro, el hallazgo del cofre y sus misterios. Está oscuro y he tenido malos sueños y malos pensamientos y malos. Siento a mi alrededor un vacío, un ojo sordo, un extraño sabor de cólera apagada. Junto a mi cama apareció un amasijo de conejos muertos. El ave de rapiña está volando bajo. Por favor, arroja a los conejos, y así mis ojos, tus ojos, serán salvos. Cada zarza que pisas no es una zarza ardiente, y estoy tocando espinas en mi almohada. Creo que estoy muriendo, con una o dos palabras podría evitar la muerte. Pero son palabras no aprendidas. Parece que no existen. Están del otro lado, inalcanzables. Solo sé unas pocas, las más tristes. Está oscuro y el teléfono suena. Es un castigo, un mal presagio, una cadena que vuelve y se repite, pesada, alrededor del cuello. Los perros lamen mis huesos, la sombra del padre y de la bisabuela, el mal recuerdo pegado a las paredes. Por sus ahullidos, te veo caminar por un pasillo angosto. Los perros. Son un viejo blasón de casa a la deriva. Los conejos resucitaron y se han ido saltando. Buenos muchachos, los conejos. No habrá que degollar sus tristes caras. Estoy de nuevo sola y el teléfono suena.
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