Foro de los escritores de Biblioteca Digital Siglo XXI

Consejo

No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.
Juan Carlos Onetti

Destellos

Cada lector busca algo en el poema y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro.
Octavio Paz
 
*****
 
En ocasiones pienso que el premio de quienes escribimos duerme, tímido y virginal, en el confuso corazón del lector más lejano.
Camilo José Cela
 
*****

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AMPARO BLETISA

 
POESÍA  
 
 

Amparo Fernández del Campo Merino (Bletisa) nace en Ledesma, Salamanca,  un 1 de Septiembre de un año incierto. Estudia enfermería en la Universidad Complutense de Madrid dónde vive gran parte de su infancia, adolescencia y juventud. El destino la lleva a vivir a Zamora.

Actualmente trabaja en la Unidad de Psiquiatría y  salud mental de esta ciudad donde desarrolla su profesión y su personalidad al lado de sus “queridos locos” mientras lucha desde su rincón por la desestigmatización de la enfermedad mental.

Autodidacta, admira profundamente  la poesía  de Miguel Hernández, de Pablo Neruda,  de Claudio Rodríguez, de Ángel González, de Billy Mcgregor… y de todos los poetas que son  capaces de emocionarla.

Bletisa no ha publicado nunca nada excepto en la Red, ni se ha presentado nunca a ningún premio porque está convencida de que los perdería  todos y porque salvo  en honrosas excepciones,  están amañados.

Escribe y recita por puro placer  onanista y no se considera ni siquiera poeta.  Lo suyo –dice- es un roce despistado y sutil con el  emocionado mundo de la poesía.

 
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SIEMPRE TUYA (carta de amor profundo)

Querido amado mío:

Siempre pensé que sería más fácil envejecer de dos en dos, a la par como las columnas de un templo, pero los vientos no nos soplaron igual ni tampoco la luz nos iluminó con la misma intensidad y no lo sostenemos por mucho que insistamos.

Hemos envejecido de forma diferente.

Yo un poco más azul porque mi norte era tan pronto el sur como era el este y me giraba siempre buscando los destellos de la luz que más brillaba en cada instante.

Tú sin embargo, amor, inamovible como una estatua blanca de alabastro, te pensaste sin pies y te anclaste en la tierra y a mí, creyéndonos a los dos seres sin vida.

Lo tuyo fue un error, la falsa expectativa que provoca ganar cualquier batalla en una guerra creyendo conseguida la victoria.

Ahora que sólo te mantienen las raíces, que ya no tienes pies que te procuren ni una carrera sólo en pos de una quimera, debes saber que yo sigo teniendo piernas y la voz de los vientos soplándome en el pelo muchas veces. Debes saber que yo necesito correr, andar caminos largos mientras que suelto lastre y me hago más ligera, un poco más gaseosa para gritar que sí, que tengo todavía el tiempo necesario para ganar alguna escaramuza a la tristeza.

Te escribiré mañana; hoy no puedo seguir, me hieren demasiado las preguntas que nacen de tus ojos de alabastro.  
 

INCENDIOS

 

El mundo es una bola redonda y azulada

una fuente de agua,

de luz si se mira de lejos,

Pero sólo me incendia la luz de tus estrellas

esas que me regalas en ramos, en racimos

cada vez que me miras.

Y es que muy pocas cosas provocan mis incendios.

Alguna vez mis locos

 y siempre tus caricias rompiéndose en mi espalda

como si fueran olas.

 

 

FITO

 

A mi perro Fito

 

Eran dos ojos grandes y profundos

aceitunitas verdes, la envoltura

de dos hojas de menta, un par de mundos

donde cabía entera la ternura.

 

Clamándome caricias, vagabundos,

disfrazados de perro y de dulzura

los ojos de algún dios entre basura

llamaban a mi puerta moribundos.

 

Todo mi amor de un golpe derramado

se fue a parar sobre él, su cuerpo enjuto

mil veces maltratado por el hombre.

 

Mis manos de mujer,  armiño alado,

curaron su dolor, su cuerpo hirsuto.

Lo  amé por ser un dios. Le puse nombre.

 
VIAJERO INTEMPORAL

A mi padre

Viajero intemporal eres ahora,
un paso al frente ahora abanderando
toda una nueva luz entre los dedos.

Y yo me quedo aquí,
en este primer surco de la tierra
un poco oscuro hoy y que mañana
sabrá de claridades desde el cielo.

Porque amanecerá sin duda alguna
y habrá caminos nuevos
y pájaros descalzos y ligeros
que a modo de zahoríes y vestidos de azul
me mostraran el agua y la sal de la tierra.

 

 
MORÍAMOS A MEDIAS

 

Aquel infausto día moríamos a medias.

Moríamos a medias

como se mueren siempre

y casi sin saberlo los idiotas.

Llevábamos prohibida la cordura,

montones de poemas no leídos,

la sombra a cada lado,

y a cientos las murallas levantadas.

 

No nos cabía el sol y como dos tiranos

clamábamos tormentas como único pretexto.

Buscábamos la guerra

y no nos importaba perder cada batalla.

Queríamos perder la guerra entera

Ni el mar que nos prestaba

su azul marino intenso sirvió de intermediario:

La muerte intermediaba.

 

Nos morimos a medias e irremediablemente

como se mueren siempre

y casi sin saberlo los idiotas.

 

 

AQUÍ

 

Dice Claudio Rodríguez

que todo es nuevo aquí para nosotros.

 

Yo no sé qué es “aquí”

ni a qué se debe

toda la sensación

que tengo ahora.

Tal vez sea ese “aquí”

un momento fugaz,

la curva exponencial

de un par de vuelos

de pájaros sin alas

que no pretenden más

que la paz de una fuente de agua fresca.

No merecemos cielos

ni tampoco recodos de un infierno.

Un poco de agua fresca es suficiente.