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Consejo

No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.
Juan Carlos Onetti

Destellos

Cada lector busca algo en el poema y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro.
Octavio Paz
 
*****
 
En ocasiones pienso que el premio de quienes escribimos duerme, tímido y virginal, en el confuso corazón del lector más lejano.
Camilo José Cela
 
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ALEJANDRO MACIEL

 

NARRATIVA  
 
Alejandro Maciel. Manuel Alejandro Bovino. Nació en Corrientes, Argentina, en agosto 1956. Actualmente reside en Buenos Aires.
 
Estudios realizados: 
Carrera de Medicina, Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), Corrientes, Argentina. Título habilitante: Médico Cirujano.

Residencia en Anatomía Patológica (3 años) en el Hospital Nacional “A. Posadas” de Haedo. Pasantía de 2 años en “Linfomas y Leucemias”, con el Prof. Santiago Besuschio, en la Academia Nacional de Medicina.

Carrera de Especialista en Psiquiatría, Hospital de Clínicas, Universidad de Buenos Aires, (UBA) Durac: (3 años, más 2 prácticas) Egresado con 9 (nueve) de promedio general.

Curso de Posgrado en “Didáctica Superior Universitaria” (1 año) en la Universidad Nacional de Asunción (UNA).

 
Investigaciones:

Seminario sobre “Estudios de Patriarcado” dictado previa recopilación de información y abordaje del tema desde distintas disciplinas: Antropología (Estructuralismo y Funcionalismo), Filosofía, Sociología, Historia, Psicología.

El Seminario se dictó en la Fundación Kuñá Aty (de asistencia a víctimas de violencia doméstica) como parte de un programa desarrollado por Diakonía-Paraguay. Asunción, 2004. Dictado en 10 módulos de 2 horas cada uno.

“Depresión y Ansiedad en el Hospital General” registrando los casos que enviaban a interconsulta los médicos generales, cirujanos y especialistas del Hospital de Clínicas de la Universidad Nacional de Asunción, Paraguay. 2001-2003.

“Feminicidio en Paraguay” investigación realizada con la Dra. Gloria Rubín, Presidenta de la Fundación Kuñá Aty (atención a las víctimas de violencia doméstica en Paraguay) con un seguimiento en áreas Policial, Fiscal, Judicial, Penitenciaria a los victimarios que ultimaron a su pareja entre los años 1998/2003. Ha sido publicado en un libro “El señor es contigo” (Fondo de Igualdad de Género, de Canadá) 2005.

 
Actividad literaria: 

“La salvación después de Noé”, Editorial Ocruxaves, ensayos y narraciones sobre temas de la Biblia, prólogo de Syria Poletti. 1990

Participación argentina en el libro “Los conjurados del Quilombo del Gran Chaco” novela de 4 autores en torno al tema de la Guerra de la Triple Alianza con: Augusto Roa Bastos (Paraguay), Omar Prego Gadea (Uruguay) y Eric Nepomuceno (Brasil), Editorial Alfaguara en español, Editado en Brasil como “O livro da Guerra Grande” por Edit. Record, Río de Janeiro. 2001

“Polisapo”, cuento infantil escrito en co-autoría con Augusto Roa Bastos, Servilibro, Paraguay, 2002. En Ecuador: Libresa, 2005. En España: Editorial Laberinto, 2006.

“El trueno entre las páginas” (Conversaciones con Augusto Roa Bastos) Asunción, Paraguay, Editorial Intercontinental. 2002.

“Polisapo en el camino” (Versión teatral del cuento) Editorial Servilibro, Asunción, Paraguay, 2003.

“La bruja de Oro” (novela breve infantil) Editorial Servilibro, Asunción, Paraguay, 2004.

“Prostibularias-I” (cuentos en co-autoría con escritores de Paraguay y Argentina) Editorial Servilibro, Asunción, Paraguay, 2004.

“20 poemas de humor y una canción disparatada” (en co-autoría con Pepa Kostianovsky, Editorial Servilibro, Asunción, Paraguay, 2005.

“Diários de Um Rei exiliado” (novela sobre Joao VIº Rey de Portugal que trasladó el Gobierno a Brasil, cuando Napoleón hizo invadir Lisboa, creando en Río de Janeiro la primera metrópolis sudamericana en 1808) Publicada en traducción al portugués, Editorial Landmark, Sao Paulo, 2005.

“La Gallina y el Dragón” (novela para público juvenil) Editorial Servilibro, Asunción, Paraguay, 2006.

“Brujerías en Carayaó” (teatro juvenil) Editorial Servilibro, Asunción, Paraguay, 2006.

“Palabras Escritas” (como director) Revista-libro semestral de 240 páginas con obra creativa de autores de Brasil e Hispanoamérica y obra crítica de académicos de Francia, Canadá, EEUU, España, Argentina y Brasil referida a obras y autores sudamericanos. Va por el Nº 7. Espacios en la red: 

http://palabras2008.blogspot.com/

http://palabrasescritas.nireblog.com/es

http://palabras2009.obolog.com

Edita Servilibro, de Paraguay: www.servilibro.com.py

“El señor es contigo” (Investigación sobre feminicidio en Paraguay), Asunción, 2005.

“Comunicación, Literatura y Cultura para aprendizaje activo”, texto didáctico para la asignatura “Lengua y Literatura” del ciclo medio en Paraguay. Editorial Servilibro, Asunción, Paraguay, 2007.

Publicación de artículos de crítica literaria en revistas como “Repertorio Americano” (Univ. de Heredia, Costa Rica), “Iris” (Univ. de Montpellier, Francia), “Casa de las Américas” (Cuba) “Proa” de Argentina.

Publicación de la novela “Culpa de los muertos”, editorial Rubeo, Barcelona, marzo 2008. Prólogo de Jorge Carlos Guerrero, catedrático de la Univ. De Montreal.

Es Miembro a título principal de: CRIMIC - Centre de Recherches Interdisciplinaires sur les Mondes Ibériques et Contemporains. Université de Paris-Sorbonne Paris IV.

 
Periodismo y difusión: 

Participó desde 1998 a 2002 en un espacio semanal de 20 minutos en el programa televisivo “Mujer” conducido por Pelusa Rubin, Canal 9 (aire) Asunción, Paraguay, desarrollando temas de Salud Mental.

Participaciones frecuentes en el programa televisivo “Pelusa & Rubin”, Canal 13 (aire) de Asunción, Paraguay con temas de Salud Mental. 2003 a 2006.

Participación como panelista en el programa “Humberto Rubin”, temas relacionados a cultura y religión y epistemología. Debates. Canal 4 (aire) 2000 a 2006.

Espacio semanal en el Diario “Noticias” de Asunción (años 2003/2004)

Acompañando al periodista Humberto Rubin en el programa “Franja Roja” de Radio Ñanduti, AM, Asunción, Paraguay, análisis y desarrollo de noticias y comentarios. Días miércoles, de 8 a 11 hs. (años 2001 a 2006)

Conducción del programa radial “Casa Abierta” de Radio Ñandutí A.M. sábado por medio, de 15 a 18 hs. Programa de opinión con 3 bloques: Economía, Cultura y Sociedad. Desde 1999 a 2006.

Conducción del programa radial “Operando en la F.M.” único programa de música lírica de Paraguay, en la FM Concert, domingos de 18 a 21 hs. Desde 1998 a 2007.

 
Páginas de Alejandro Maciel en la red:
 
 
 
 

 

 
E-MAIL:

  talomac@gmail.com



CRÓNICAS  DESESPERADAS DE  DOS  ÁNGELES  EN  SODOMA
 
“No es del todo cierto lo que está escrito en un libro tenido por sagrado donde se nos imputa haber descendido a censar las abominaciones humanas en un vecindario donde la lujuria corría pareja con su pravedad. Bastante ya ha sido tratar con los pecados del cielo; ni Dios, que es omnipotente podía comisionarnos a la tentación de conocer la culpa antes que la infracción del deseo.

Lo cierto es que bajamos a la tierra con el edicto sagrado para exterminar a los injustos junto con los aduladores; a los forajidos y a quienes observan tan escrupulosamente la ley, que la convierten en una prisión para sus cuerpos y un suplicio para sus espíritus. La ley se escribió para igualar a los mortales con los dioses. La misma muerte no es más que una ley menor.

Era el atardecer, la hora de la mansedumbre cuando un vapor invisible llena la hora moribunda de sombras y grises, la hora en que las alhucemas hacen flotar en ese vapor su gusto ácido, opalescente, que recuerda la omisión de la memoria humana. El sol rojeaba los relieves de las cuestas mientras Lot se inclinaba a gemir sus plegarias por los justos en el umbral de su casa.

También es cierto que al entrar en celo la noche, Lot nos convidó a su mesa, nos hospedó; atendió nuestras fatigas, la sed y el hambre para demostrarse a sí mismo que todo acto de justicia exige una privación.

Después (el escrito sagrado lo consigna con reservas al pudor de sinagogas, templos y catedrales), vino la horda de los sodomitas, vino el asedio. Secretamente intuimos la fiesta de la carne que nos amenazaba.

Los hombres y mujeres nada saben de los ángeles; en cambio, nosotros somos versados en excesos, dolo e indecencias que aprendemos del rebaño humano y por eso, conocemos a la gente. Todos los disidentes del Paraíso aprendieron las maquinaciones humanas antes de entregarse a la estafa y el fraude.

Nuestra fue la idea de instar a Lot a comerciar la castidad de sus hijas para salvar nuestra honestidad. Nuestra existencia, que precede a la sucesión del tiempo humano ya conocía el incesto que el relato describe mucho después del exilio de las ciudades condenadas: Gomorra, Sebohim, Admá y Sodoma. Pero la turba no aceptó el trato. Colándose por los párpados de las persianas nuestra pureza esparcía un perfume a infancia. Ese aroma delicado del pétalo exhalando la llamada del germen encendió el fuego de los ánimos; los placeres largamente agostados se sacudieron repentinamente, un filo de acero parecía brillar en la cabeza de la noche, las chispas de su refriega bullían en el interior de los sodomitas. Todo era fuerza escaldada, humo de bufidos, sudores y gemidos. Los hombros de los hombres arremetían con fuerza contra la puerta. Crujían las fallebas rítmicamente como la máquina de los sitiadores contra los paños de un muro de piedra que se desgaja. Decidimos cegarlos: es sabido que la visión es aliada de la sensualidad; pero ellos seguían insistiendo, aullando de deseo y de odios. Intentaron arrastrarnos al vicio por medio de promesas pero en el cielo nunca creció el árbol del deseo, por esa razón, tanto nuestra virtud como nuestra perversidad no tienen límites.

Quienes no fuimos amasados de materia en el tiempo, ignoramos por completo las desesperaciones del porvenir y las acusaciones del pasado. Lot no parecía entender nuestra misión. Vinimos como mensajeros; para él éramos simples verdugos, artífices de la catástrofe. Primero imploró por cien justos ofreciendo canjear la ciudad por su piedad pero buscando en su memoria no halló los cien. Ofreció diez, tampoco los encontró aunque revisó escrupulosamente sus amigos y parentela. Ofreció uno pensando que la sola existencia de la justicia merece la salvación; pidió por un justo, pidió por Lot. Cerca, más allá de la pendiente reseca gruñía el Mar Muerto. Tuvimos que explicarle pacientemente a la mezquina luz de alcuzas que colgaban de las vigas que ni siquiera un rebaño de justos es suficiente a la hora de limpiar tantas ofensas; que Dios había creado un mundo generoso en el que ser justo no exigiera tanto esfuerzo y eximiera de tanto dolor. Que el Altísmo ya había sentenciado; que la demolición y la hoguera no tardarían más que nuestras dudas que quizás en las entrañas de la oscuridad el azufre ya brotaba para el exterminio.

Clareaba con tibieza en el naciente cuando salimos de la ciudad confiscada al mal. A todos advertimos sobre le riesgo de mirar hacia el pasado, pero la mujer de Lot buscó despedirse de sus recuerdos y volvió los ojos hacia la muralla fulgurante bajo el cielo furioso que estragaban las llamas. Dios la convirtió en sal, materia sagrada, odiosa al demonio porque impide la corrupción de la carne. Nadie sabe que la desobediencia, a veces santifica. Dios la bendijo premiándola con la perpetuidad: los años y los siglos rebanarán los riscos, reducirán la piedra al polvo del que está hecha la criatura humana pero la mujer de sal seguirá observando de pie la dignidad de los exiliados.

Nadie conoce el pensamiento de Dios, que es mortífero. Hemos de confesar que después de acompañarlo desde siempre, sin principios, aún hoy sus enigmáticos designios consiguen sorprendernos.

¿Por qué la lluvia de fuego sobre Sodoma y Gomorra cuando sabemos con certeza que en otros sitios se comenten males mil veces más aberrantes, se masacra a los inocentes y se tortura a los justos? Los males, ya lo aprendimos, son necesarios en el universo desquiciado que sin ellos, sería imperfecto. Muchos males prestan valiosos servicios: el crimen enseña a valorar la vida; por el sendero de los vicios llegamos a la prudencia. El odio a la guerra mantiene la paz. Muchas veces un exceso de lascivia conduce a la santidad más ascética, como la de Thais de Alejandría y Agustín de Hipona. ¿Por qué destruir entonces Gomorra y Sodoma, futuros templos de castos?

Hemos de vigilar la historia para descubrir la respuesta. Intuimos que Lot ya la conoce; por eso se salvó del castigo destinado a los fornicadores. Y también sabemos que una larga noche fue amante de sus hijas, y sobrevivió.

No podemos dudar de Dios ni de su justicia; pero sí de Lot”. 
 

 
 
CAMINANDO POR LA MUERTE

 

"Cosí esa vieja sábana para hacerme el sudario, con la aguja iba doblando el orillo, haciendo el pespunte y cuando anudaba el hilo se me perdía el otro borde de la tela blanca, el que no se ve, porque cuando queremos ver un poco más adelante, cómo va la vida entera de cada uno, se pierde la otra punta, y no hay forma de averiguar más, se enrevesa como la hilambre cuando una se apura".

 

Cuando caen las últimas gotas sobre la tierra y ese vapor perfumado del agua entibiada ha desparecido, ya termina el día. El sol reverbera detrás de las nubes como si fuera sangrando la última herida del día, mamá terminó de amasar las tortas y las pone a freír, un viento ligero se lleva lejos el perfume de la humedad de la tierra, queda el silencio y el canto de mamá en la cocina: "Adiós lucerito alba" y después pone el plato con las tortas doradas en la ventana, oreadas del mismo color de ese sol  atrapado entre nubes que corren, el olor aceitoso de las tortas me despierta el hambre, pasan las vacas de Evaristo por la calle, la más rotunda, la más gris, mira lastimosamente, es la que lleva el cencerro que será de hierro porque suena grave, a cosa que se cae. Las tortas le han salido buenas, se quiebran al querer cortarlas, crujen como cáscaras de huevo, cuando acerco a la boca ya presiento el gusto de harina, ese gusto algo salobre y después dulzón que mamá consigue amasando y amasando, dándole sobadas a la masa, haciéndola sentir que es parte de su mano.

 

"Quiero estar sobre la tierra limpia deshaciéndome al olvido de los demás, a medida que los recuerdos se vayan, también mis huesos se irán disolviendo. ¿Por qué pedirle a la gente que recuerde y recuerde?, con toda la diligencia que les dan los días, las preocupaciones, los trabajos, las amarguras de estar esperando sin saber qué esperan. Pasamos como sombras y cuando ya no  estamos, nada quedará de nosotros, ni siquiera el reflejo".

 

La luz que parecía infinita, cede.

Se puede mirar a un lado, a otro, y no ver más que una línea recta y movediza que al poniente parece caer en el bajío, el horizonte nunca termina, erizado de cadillares, la luz fría de julio no abriga, porque toda la tibieza que espero te la llevaste, Lucía, y el frío de julio se me metió en las carnes.  

 

"Se empieza una a morir cuando el maíz se seca, cuando las heladas, cuando las plagas, cuando la sequía azota los liños y una ve esas hojas amarillear, volverse bronca la voz de los chacareros y sus mujeres, rezándole a Dios, hablándole a Dios, haciéndole ver que sin maíz no hay con qué seguir la vida, pero ni con la bendición del cura y sus salmos y sus jaculatorias Dios escucha razones, sigue la seca, siguen las langostas que llegan tapando el sol y se van dejando la tierra calva, y si no es una es otra pero las mazorcas no alcanzan a largar los flecos rubios cuando se caen, se aflojan de su sostén, el tallo se dobla, el  maíz amarillo, gacho sobre la tierra se muere sin haber dado la vida que traía de lejos; luego ya se sabe, las procesiones de la gente despidiéndose para siempre del pueblo, gachos como el maíz, pasan con las carretas cargando sus pocas miserias, no dicen nada, y se van. Luego ya se sabe, los contratistas compran tierras por nada, la gente les vende porque antes estuvo la plaga, la sequía, la helada, es como si Dios les hubiese preparado el camino a los contratistas; Diego Dino Ibáñez, el contratista, mira el terreno entrecerrando los ojitos de perro, mueve el bigote para escupir saliva marrón del naco que venía mascando, se refriega el brazo contra la panza y dice "te doy once, te doy trece" por terrenos que valen lo menos veinte veces más pero con la gente cansada de esperar cosechas que no vienen".

 

El cura abrió el libro negro. "Y la Serpiente dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho 'No comáis del árbol del huerto'? ¿No del árbol de la ciencia del bien y del mal?"

Gaspar cruzó siempre al galope como yéndose detrás de él. Atardecía y me mortificaba pensando que somos débiles y si caemos, nos recibe el dolor. "No moriréis: seréis como dioses", por eso está prohibido. Llevé tres velas, besé el corazón que tiene tu cruz de madera en la cabecera, le puse una cinta blanca.

 

"Esas son cosas penosas, la gente se va, las casas quedan abandonadas, el adobe se va resquebrajando con las lluvias y la intemperie, crecen las malezas alrededor, la paja de la techumbre cede, gotea con los vientos, se arruina y queda la tapera como si fuese una cicatriz de aquella gente que dejó de estar, que se cansó de morir cada día penando las cosechas que no vienen. Vi la señal de la muerte en todo eso, me iba doliendo cada vez más, y miraba en lo alto el vuelo redondo de los caranchos acercándose cada vez más, volando en círculos sin mover las alas, rondando en el enojo de ese cielo caliente de enero, como otra señal".

 

El polvo apenas se levanta del suelo, los perros están inquietos, huelen algo a lo lejos, alzan el hocico negro y el viento silba al pasar pero ellos buscan algo que está distante. Quiero recobrar esas siestas entre las dos, Lucita, cuando jugábamos alrededor del brocal del aljibe, en el patio verde. No puedo, entonces el cielo era verde y no había sequías, ¿te acordás de las naranjas? Apretabas una y el zumo se quedaba con nosotras, en las manos, en todo cuanto tocábamos y daba vueltas jugando sin darnos cuenta de nada. La ronda, Lucía, la ronda. Me lastima pensar que ni dándome vueltas y vueltas conseguiría escuchar tu risa de entonces, giro y el galope del caballo de Gaspar parece que sacude el patio. Le dije al cura Aurelio, ¿dónde estaba el mal antes del Paraíso de Adán? En la foto estaban los abuelos tiesos como si hubiesen decidido quedarse así, viviendo esa vida ocre de retrato, enmarcada en la siesta que escuece los ojos y el verano está en el cielo en vez de Dios inculcando el dolor a la tierra.

 

 Alejandro Maciel (De "El diluvio de fuego", secuencia narrativa sobre la llanura correntina, escrita en Caá Catí, Corrientes, 1983-4)

 


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