Foro de los escritores de Biblioteca Digital Siglo XXI

Consejo

No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.
Juan Carlos Onetti

Destellos

Cada lector busca algo en el poema y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro.
Octavio Paz
 
*****
 
En ocasiones pienso que el premio de quienes escribimos duerme, tímido y virginal, en el confuso corazón del lector más lejano.
Camilo José Cela
 
*****

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ALBERTO INFANTE

POESÍA  

 
Alberto Infante Campos (Madrid, 1949) es doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense y experto en salud pública y administración sanitaria. Trabaja en el Ministerio de Sanidad y Política Social en Madrid. 
 
Hizo crítica de poesía en la revista La Luna de Madrid en la década de los años ochenta. Ha publicado “Dicen que recordar” (relatos, editorial Ex Libris, Madrid 2003), “La sal de la vida” (poesía, ediciones Vitruvio, Madrid 2004), “Diario de ruta” (poesía, ediciones Vitruvio, Madrid 2006). Ha dirigido numerosos talleres de escritura creativa. También ha publicado “Miniaturas: Pequeños cuentos mestizos” en el portal “Madrid entre dos orillas” (http://www.entredosorillas.org)
 
Recientemente, ha visto la luz “Circunstancias Personales” (relatos, Ex Libris, Madrid, 2008). La próxima primavera saldrá “Los poemas de Massachussets” (poesía).
 
Buena parte de sus trabajos, muchos inéditos, pueden verse en la página electrónica:
 
 
 

 
 
 
                               
 
                        
  

PREÁMBULO (NO TAN CONVINCENTE)

    Un solo poema, uno solo, capaz de decir, de abrasar,
de inocular – afilada inquietud, herida inmensa – capaz
de decirlo todo y extirpar (cirujano cruento) de una vez
y para siempre,
         esta absurda, inclemente
                                          obsesión
                                                     por las palabras.

(De “Diario de ruta”, ediciones Vitruvio, Madrid 2006)
 
 
 
MADRUGADA EN BLANCO
 
   A las 4:56 de la mañana la belleza
lo destruye todo y no hay cómo
echarse atrás, encender la luz, poner un disco,
evitar que una vez más al amanecer
se lo coman no los gallos sino
los afilados tacones de las transeúntes
o las ruedas de los tranvías.
 
A las 4:56 de la mañana relámpago sin rosa,
no clamor
sino presencia ausente.
 
A las 4:56 de la mañana,
exactamente a las 4:56 de la mañana,
si hubiera vida,
lo amado
valdría más que lo escrito.
 
(De “Diario de ruta”, ediciones Vitruvio, Madrid 2006)
 
 
 
PIEL

   La piel. Tú eres mi piel.
Yo soy tu piel.
Somos tu piel y mi piel,
parpadeo solar viajando hacia la nada,
y no hay ungüento, pócima, espanto
para la desintegración más bella
que jamás han visto
tantos orbes cerrados,
ni cielo como el de esa barca
sobre la arena gris,
ni flecha con su dardo en agua.

En cuanto a la imaginación:
respira, llora, suda…
a lo más,
vive en el aire.
Pero piel, lo que se dice piel,
ésa eres tú. Y algo se encierra ahí,
traslúcido al ojo.

Y es sagrado.

(De “Diario de ruta”, ediciones Vitruvio, Madrid 2006)
 
 
 
LUZ DE INVIERNO
 
   Se toca a veces con los dedos el mar y sus arenas,
y una muerte brutal e inesperada.
Pero los sueños, ¿quién los toca?
¿Acaso alguien teje con sus hebras mirada y sobrevive?

¡Ah, el claro, frío invierno de las estaciones del año!
Así nos desnudamos, con hacha, con mano, con pupila,
y no hay mar, ni verde isla, ni nubes sobre nuestros campos; 
tan sólo una seca y solitaria espera junto a un azul 
que no es de luz, de tiempo suspendido,
sino lo que, gota a gota, en transparencia, escapa.

Pero esta tarde me pide el universo mucho más para existir. 
Me pide don, ojos en llamas, quebrada hondura en los sentidos.
Me pide tu verdad y sus efectos; su melodía me acuna,
sus dedos me acarician como si fuera un hijo,
sus ausencias otorgan vivificante ardor.

Sí, a veces se tocan esas cosas y pueden con los años
rendir fruto, pues la hora es ésta y está aquí,
la más plena de la tarde, la menos castigada, la más cálida.
Y si la muerte fuese verdadera y ya no hubiese luego nada..., 
si no solo rendir, y perdurar, y hacer de lo fugaz breve reflejo,
¿cómo serían posibles, dí, esta luz y esta mirada?

(De “La sal de la vida”, ediciones Vitruvio, Madrid 2004)
 

RETORNO

“Ahora aúllan los perros por los pinos”
F. Brines

   El té ya no humea sobre la mesilla.
La fiebre acecha como un gato hambriento.
Fuera, la niebla le dibuja sombras a la nada.
Tendido en el lecho tirito y deliro
sin saber bien cómo. Otra vez, otro delirio
me hizo devorar un embozo para refrescar mi boca
y pienso que está de nuevo aquí,
que siempre son uno y el mismo.

Lo peor, dijo el poeta, es no tener testigos,
aullar solo como los perros por los pinos.
Oigo entonces girar la llave en la cerradura
y siento que la felicidad también existe,
que tú siempre regresarás.

(De “La sal de la vida”, ediciones Vitruvio, Madrid 2004)
 

NO RECUERDO
 
   No recuerdo bien qué hice o dije,
- o, más bien, qué dejé de hacer o de decir.
Recuerdo, sí, tu llamada nocturna.
Y, siendo como eres, orgullosa,
el cálido, cercano tono que empleaste.

Y, también, que me dormí pensando
qué más habrías dicho, o hecho,
o, al menos, intentado, si aquella no hubiera
sido tu postrera noche en la ciudad,
si yo no hubiera colgado tan aprisa.

(De “La sal de la vida”, ediciones Vitruvio, Madrid 2004)