Soy JOSÉ PINTO
Soy José Pinto y llevo en la práctica del duro estilo HUNG GAR KUNG FU desde 1990.
Me considero un "currante" de dicho estilo, con esto quiero decir que entreno, practico y sueño con el HUNG GAR, cada día intento perfeccionar las técnicas, ya sea posiciones como movimientos técnicos, colocación de las manos y pies o intentar destrozar a base de golpes un saco.
Intento ser sobre todo constante y perfeccionista, creo que es la base del éxito, cualidades que me ha inculcado mi maestro, "no es importante ser listo para la práctica de este estilo sino ser constante, de nada te sirve la inteligencia si no la entrenas"
Me inicié en este mundo marcial debido a un intento de agresión hacia mi persona en una "fiesta mayor" de barrio. En ese momento sufrí una gran impotencia y sobre todo un miedo al dolor que me podía haber ocasionado si ese bravucón me hubiera golpeado, por lo que decidí buscar un arte marcial, una defensa personal para poder asumir con garantías cualquier intento de agresión.
Todo se remonta al verano del año 1990, aun tengo en mente la imagen del maestro Gabriel Soler cuando entré por primera vez en su KUEN, me atendió una persona atlética y amable.
Recuerdo que estaba enseñando a un alumno suyo un movimiento de la primera forma llamada "FOOK FU KUEN", yo entré en su clase y rápidamente vino para atenderme. Yo estaba perplejo de lo que estaba viendo, mientras que el maestro me enseñaba la posición del caballo corto "SEI PING MAH", no podía contenerme y dejaba que de vez en cuando mis ojos penetrasen en lo que hacían mis compañeros del estilo llamados "SI HING", era increíble, había un chico que manejaba un palo de casi tres metros de largo e iba de lado a lado de la clase, a veces se oía como cortaba el aire con el palo. Otro colocaba unos ladrillos en el suelo y los partía con el codo, luego tres alumnos practicaban una forma de respiración dinámica y a la vez poderosa llamada "KUNGCHI" que luego aplicaban en combate utilizando sólo las técnicas que incluía dicha forma.
Intenté seguir con lo mío, una y otra vez: venga poner un pié por aquí, el otro más a la derecha, hasta conseguir que se pareciera a lo que me había dicho. Aún recuerdo que pasó una hora y seguía sin salirme aquel laborioso movimiento de piernas.
Con esta anécdota quiero remarcar la insistencia y perfeccionamiento de mi maestro, al cuál considero mi PADRE MARCIAL Y UN POCO MÁS.
La clase acabó, yo no pude conseguir realizar bien esa posición, estaba destrozado, las piernas me temblaban y tenía dolor en ellas, pero para mí empezó un largo camino para recorrer para llegar al conocimiento marcial que me ha brindado y que me brinda este auténtico arte marcial, del cuál he recogido sus grandes beneficios, tales como seguridad y concentración para afrontar con éxito problemas de la vida cotidiana, dureza tanto física como mental, auto disciplina y sobre todo una gran defensa personal contra agresores. Por lo tanto te doy las GRACIAS MAESTRO POR TU PACIENCIA Y ESFUERZO POR HABERME ENSEÑADO TU ARTE MARCIAL.
Desde ese verano de 1990 sigo practicando este gran arte, como por primera vez, perfeccionando, insistiendo en sus técnicas y posiciones, sacando sus variaciones técnicas, etc por lo que todavía recojo los frutos de este inmenso árbol del cuál nunca veo el final de su copa.