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El jueves pasado me encontraba en el gimnasio a punto de empezar una clase de spinning. Mientras la profesora preparaba su bici, un señor mayor, que había detrás de mí, le contaba a una chica que en Extremadura se habían gastado un dineral en un curso que enseñaba a los adolescentes a masturbarse. Ante la incredulidad de ella, el hombre citaba una buena fuente: “Sí, sí, lo han dicho en la tele” y la chica contestaba que lo que deberían hacer es traer a los marineros del Alacrana y no dar cursos de masturbación. Pensando yo en si bajar de la bicicleta para explicar a mis compañeros de sudores la verdad del asunto, las luces se apagaron y la profe, toda una intelectual de la bicicleta que siempre ponía título a las sesiones y elegía la música de acuerdo con su estado de ánimo o la temática que le interesara, empezó a explicarnos que el trabajo del día estaba dedicado a Madonna. Entonces empezó a sonar Like a Virgin y pensé que la elección no podía ser más oportuna. La reina del pop había provocado un gran escándalo con aquella canción, porque simulaba masturbarse en el escenario, encima de un cama de sábanas rojas y escoltada por dos bailarines andróginos que llevaban unos pechos postizos. Extasiada por la música y el ejercicio, y empapada de sudor, decidí que era demasiado indecente tener una conversación con mis compañeros de bici en aquellas condiciones; así que opté por la ducha. Ya en casa, busqué información y me aparecieran los titulares críticos de algunos diarios conservadores y la página de las creadoras de una campaña que tiene un título muy bonito: “El placer está en tus manos”. Los juguetes eróticos, el placer, las caricias, el autoerotismo, la anatomía y la fisiología sexual femenina y masculina son algunos de los conceptos que se trabajan en estos talleres, dirigidos a adolescentes de 14 a 17 años, con el objetivo, muy saludable en mi opinión, de darles herramientas para que conozcan y estimen su cuerpo y sus posibilidades eróticas y se relacionen con las otras personas de manera saludable y gozosa. ¡Y todo, desde una perspectiva feminista! El viernes por la mañana lo hablé con mi alumnado de Bachillerato y me contaron que también habían oído la noticia, pero con una ligera diferencia: “En Extremadura enseñan a pelársela a los jóvenes”. Les pregunté si “pelársela” se utilizaba también para las chicas y me contestaron que no. “¡Ah!” pensé en voz alta. “Entonces en vuestras fuentes de información, ¿el curso sólo enseña a los varones a masturbarse? ¡Qué discriminación!”. Pensándolo mejor: qué mala información, qué manipulación y cuanta falta de feminismo que les diga a estas personas que las chicas también se masturban, no “pelándose-la”, sino “haciéndose dedos”. Por el contrario, parece ser que los dedos y las manos solo se pueden poner en lugares “puros” y no en el clítoris o en el pene. En la Edad Media se condenaba el placer que proporcionaba el cuerpo. La sexualidad era pecado y solo se legitimaba dentro del matrimonio y para la reproducción. Sin embargo, con los varones se hacía una pequeña excepción, ya que se les atribuía una energía sexual arrebatadora y fuera de control que exigía satisfacerse con mujeres malas.
Esta “defensa” parte de dos premisas discutibles: que, para masturbarse, las adolescentes utilicen la penetración, y que la primera vez tenga que ser dolorosa (de la primera vez heterosexual y coital, ya hablé en otro post). ¿Qué podemos concluir, pues, de todo lo expuesto? Que, cuanto más lo pienso, más considero que los 14.000 euros que le ha costado la campaña al Instituto de la Mujer y al Consejo de la Juventud de Extremadura (y que es lo que vale un cochecito medaiano), no son dinero para la falta tan grande de educación de la juventud (y de la gente mayor). Así que mi propuesta es que el curso se haga extensible, y se adapte, a gente de todas las edades. ¡Yo me apunto! |