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[…] Dos notas a pie de página se habían enamorado. Como vivían en páginas encaradas –la 212 y la 213–, eran felices en la librería, sin otro contratiempo que la mano hojeadora de un posible comprador. Pero un estudiante se llevó el libro y empezaron a pasar ratos separadas. Un día el estudiante subrayó una y la otra se enfadó: «No me gusta que te pintes», dijo, y tuvieron una pelea. Hacía ya una semana que no se hablaban cuando el estudiante dejó abierto el libro entre las dos páginas para ir a comprar tabaco y fue atropellado por un coche. El padre del chico quiso conservar para siempre su habitación tal como la había dejado: la silla un poco separada de la mesa, el cenicero lleno de colillas, el libro abierto entre las páginas 212 y 213...
Josep V. Marqués, Amors impossibles, Tres i Quatre
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