Abuso sexual en la infancia (ASI)

1015 mujeres, que han pasado por 24 centros de atención a la salud sexual y reproductiva de Cataluña, han sido entrevistadas de manera anónima.

·         El 37,6% sufrieron algún tipo de abuso en la infancia (tocamientos, 32,4%; obligada a tocar, 16,5%; intento de penetración, 16,6%, y penetración, 9,6%).

·         De los abusadores, el 16% era un desconocido, el 45%, un conocido y el 39%, un familiar.

·         Más de la tercera parte de los abusos, duraran años.

·         Más de la mitad de los abusos tuvieran lugar antes de que las chicas cumplieran los 13 años.

·         El 65,6% de las niñas víctimas del abuso no lo contaron a nadie; de las que sí lo contaron, el 18,2% fueron culpadas de los hechos.

·         El 70,2% de las niñas que sufrieron intento de penetración o penetración, han recibido algún tipo de maltrato por sus parejas adultas. El 47,8% de las chicas que fueran tocadas u obligadas a tocar, han sido también víctimas de maltrato de adultas.

¡Los datos son terribles! Pero me centraré solo en el último y en lo que de él se deduce:

Haber sufrido ASI se relaciona con un mayor riesgo de sufrir maltrato por parte de la pareja en la edad adulta.

 Eso significa, como dice la autora del estudio, que la prevención, la detección precoz y la atención al Abuso Sexual en la Infancia y en la Adolescencia, contribuyen a la prevención primaria de la violencia hacia la mujer en las relaciones de pareja en la edad adulta.

Seguramente, como vivimos en una sociedad tecno-científica, si hubiéramos descubierto que hay un gen directamente relacionado por ejemplo con la diabetes, el descubrimiento habría salido en las portadas de los periódicos y empezarían a haber experimentos, subvencionados por el estado, para inactivar el gen. En cambio, el estudio sobre el ASI muestra una clara relación entre abuso infantil y abuso adulto y, en cambio, no se modifica nada.

Todo lo contrario ni el tema sale en las agendas de salud ni en las de educación. Cuando se habla de educación sexual, solo se piensa en la adolescencia y, en la atención primaria, la desatención hacia el abuso infantil y adolescente es flagrante.

Hoy una alumna mía de Bachillerato no quería entrar en este estudio ni mirar las cifras porque le hacían daño. A cualquier persona mínimamente sensible le pasaría lo mismo. Pero las personas que tienen responsabilidades políticas, y las que tenemos responsabilidades educativas, no podemos mirar hacia otro lado aunque nos duela. Porque educación es prevención, y prevención es educación.