Modelos de atención

Modelos de atención

Los modelos de atención para las personas con discapacidad pueden agruparse en tres grandes grupos: el biologicista, el psicológico y el sociológico.

 

El modelo biologicista[1] está dominado por una concepción evolucionista y mecanicista basada en la eliminación del síntoma. Esta perspectiva no es exclusiva de la medicina, otras áreas disciplinarias tienen como punto de partida este modelo, encontrando el “daño” y  tratando de resarcirlo enfocando los programas de atención al reestablecimiento de la función orgánica, asumiendo que el entorno social no tiene gran influencia o en todo caso cambiaría una vez resuelto el síntoma. Ello limita la conceptualización de la salud como un fenómeno social, por ello este modelo es reduccionista.

 

Otro enfoque es el modelo de atención basado en lo psicológico[1], en el cual pueden distinguirse dos momentos históricos. El primero comienza con la preocupación por evitar el maltrato a los pacientes con enfermedades mentales y situar el tratamiento en el plano moral. Su principal exponente es Phillipe Pinel quien utiliza el espacio de la clínica médica para la observación de las características de las personas “alienadas” con lo cual crea una taxonomía: La melancolía simple, la manía, la demencia y la idiocia.

 

Por su parte, el enfoque sociológico, cuyo entorno se da a partir de la revolución industrial, permitió volcar a la mirada a la creciente población trabajadora que realizaba su quehacer en condiciones de explotación, precariedad y falta de higiene[1]. El estudio de las condiciones de trabajo permitió hacer visibles enfermedades laborales que estaban directamente relacionadas con los estilos de vida y condiciones antihigiénicas donde se desarrollaba la clase trabajadora.

 

Los movimientos obreros orientados a cambiar estas condiciones de trabajo, propiciaron también un cambio en la orientación de los servicios de salud: de ser de beneficencia transitaron a un modelo más crítico que reconocía los problemas derivados de los  ámbitos laborales e hicieron responsable de la provisión de servicios de salud al Estado. Es en el siglo XIX donde se da relevancia a la vida social del individuo, adquiriendo ésta un papel importante en el análisis del origen de la enfermedad. Esta visión sociológica influyó sobre la medicina y consolidó la importancia de las condiciones sociales en el estado de salud de las personas.

 

En ese sentido, la epidemiología retoma esta visión estructural al situar la causa de las enfermedades en condiciones externas al individuo; por ejemplo la aportación de McKeown con su “epidemiología histórica”[2].