Antal E Fekete - San Francisco School of Economics
"La banca fue concebida en la iniquidad y nacida en el pecado. Los Banqueros son los dueños de la tierra. Quitádselas, pero dejándoles el poder de crear depósitos a la vista, y con el simple movimiento de la pluma, crearán depósitos en cantidad suficiente para comprarla de nuevo. Sin embargo, quitadles tal poder, y todas las grandes fortunas como la mía desaparecerán – y así debería suceder, a fin de hacer de este un mundo un sitio donde vivir mejor y ser más feliz. Pero, si queremos seguir siendo esclavos de los Banqueros y pagando el costo de nuestra propia esclavitud, entonces dejémoslos que sigan creando depósitos".
Sir Joshua Stamp (1880-1941), quien alguna vez fuera gobernador del Banco de Inglaterra, en su discurso en la Universidad de Texas en 1927. Al parecer, fue la segunda persona más rica de Gran Bretaña.
No nos equivoquemos en esto: en el colapso del crédito estamos presenciando la agonía de la moneda irredimible. En vano los gobiernos y su clientela de bancos han tratado, durante cientos de años, de injertar este repulsivo y degenerado bastardo en el organismo vivo de la sociedad. El resultado ha sido siempre el mismo: el organismo sano rechaza a buen tiempo el anormal implante.
El presente episodio no es diferente de los anteriores, salvo, quizás, por el grado de arrogancia de los perpetradores y por su desprecio a la inteligencia nativa del hombre.
Cuando el 15 de agosto de 1971, Richard Nixon incumplió el pago en oro de las obligaciones de los Estados Unidos y declaró al dólar irredimible como medio de pago supremo y liquidador óptimo de la deuda, se basaba en la experta asesoría del economista Milton Friedman de Chicago. Cinco años más tarde, el más antiguo los bancos centrales del mundo, el Riksbank de Suecia otorgaba a Friedman el premio establecido en memoria de Alfred Nobel. La recompensa sería el reconocimiento por su brillante idea de que, si el banco central roba poco a poco a la gente (digamos que diluyendo la moneda a una tasa fija, por ejemplo, al 3 por ciento anual) las víctimas no gritarían "nos robaron", ni nunca se percatarían del robo.
La vergüenza y la desgracia hicieron parte importante en todos los anteriores episodios de incumplimiento del gobierno en sus promesas de pago. En 1971 no fue así. En este último experimento con la moneda irredimible tuvo una nueva característica: lejos de ser una desgracia, el defecto se presentó como un avance científico; una victoria sobre la "superstición monetaria" representada por el oro, un triunfo del progreso. Gobiernos serviles y bancos centrales extranjeros, quienes fueron víctimas del incumplimiento, se tuvieron que tragar las cuantiosas pérdidas debidas a la devaluación del dólar sin siquiera una queja. Se vieron obligados a celebrar su propia humillación y a aclamar el advenimiento de la Nueva Era del Crédito Sintético, de la moneda corriente irredimible y de las deudas también irredimibles.
El régimen del dólar irredimible pronto fue puesto a prueba. En 1979 el genio escapó de la botella. El precio del petróleo, la plata y el oro se cotizaban a precios veinte veces mayores que antes de 1971; en el caso del azúcar el factor de aumento estuvo en cerca de cuarenta. Las tasas de interés requirieron dos dígitos, más allá del 20%. Hubo pánico a través de toda la tierra y por todo el globo.
El acaparamiento de productos se convirtió en una forma de ganarse la vida. Todo el mundo esperaba lo peor.
Fue en este momento que se inventó la noción de la "meta de la inflación". Anteriormente las manifestaciones de poder de los bancos centrales eran más bien modestas. Se suponía que los bancos centrales fijarían la meta de las tasas de interés a corto plazo. Más tarde se apoderarían de las metas en la oferta de dinero. Luego reclamaron poderes sobrenaturales de micro-gestión de los aumentos de precios. Aparentemente todo estaba funcionando, y el genio fue obligado a regresar de nuevo en la botella.
En las siguientes tres décadas quienes tuvieron a su cargo la toma de decisiones políticas y los economistas influyentes estuvieron cada vez más convencidos de que en la fijación de las metas de inflación habían encontrado el Cáliz Santo de la moneda irredimible. Frederic Mishkin Profesor de la Universidad de Columbia, un ex gobernador de la Reserva Federal, publicó en 2007 el evangelio de las metas de inflación bajo el título Estrategia en Política Monetaria. En su libro define las metas de inflación como "estrategias de información incluida para conducir la política monetaria".
Martin Wolf, jefe de la columna económica del Financial Times de Londres explica: la determinación de metas de inflación da campo a todas las variables pertinentes - tasas de cambio, precios de las acciones, precios de la vivienda y precios de los bonos a largo plazo - a través de su impacto en la actividad y en las perspectivas de inflación. Este es, entonces, el nuevo Cáliz Santo modificado. Lance su red en forma suficientemente amplia como para capturar todo lo que usted desea controlar. Si lo hace con valentía, usted hace creer que el gobierno puede controlar todo lo que quiere controlar. Es sorprendente cuánto se puede lograr apilando prestidigitación sobre prestidigitación.
Irónicamente, el desastre golpeó justo en el momento en que los profetas de las metas de inflación se convertían en engreídos, más allá de toda medida de modestia. De hecho, hicieron un completo debate no sólo en los Journals americanos, sino también en los Ingleses. Ben Bernanke, que en el ínterin fue nombrado presidente de la Reserva Federal, contribuyó con el discurso de apertura y con el título para el debate: "La Gran Moderación". Según su descripción, a comienzos del 2007, lo que estaba sucediendo en la macro economía era una reducción de la volatilidad en el ciclo de los negocios: un crecimiento más consistente, menos episodios de inflación, una mayor estabilidad. The London Times publicó una jubilosa pieza a principios del 2007 con ese título, "La Gran Moderación", que expresaba en su primera línea: "La historia se maravillará de la estabilidad nuestra época”.
No pretendía que fuese una broma. La hizo para ser creída. La complacencia acerca del carácter todopoderoso de la política monetaria alcanzó su punto álgido. Estaban celebrando el éxito de las metas de inflación precisamente cuando todo empezó a desenrollarse. Los encargados de formular las políticas, los banqueros centrales, y sus lacayos en el mundo académico y en el periodismo, se sintieron fenomenalmente orgullosos de sí mismos. Pensaron que sostenían el mundo entero en sus manos.
La celebración y la auto-felicitación de Bernanke & Cía. fueron prematuras, no sabían que estaban a punto de ser humillados por los mercados. Cegado por el resplandor de su gloria, ninguno de ellos previó desastre que llegaba.
Martin Wolf en su columna del 7 de mayo habla de "esta crisis imprevista" como un absoluto desastre para la política monetaria. Deja al dinero fiduciario con sólo una última oportunidad para recomponer su actuación y salvar el pellejo. Dice: "El cáliz santo resultó ser un espejismo. Si el dinero fiduciario no se hizo para trabajar mejor de lo que lo ha hecho, quien sabe que podrían decidir hacer nuestros hijos en su desesperación. Incluso podrían decidir volver al oro y acogerlo de nuevo". Wolf sigue considerando el "estándar del oro" como un absurdo.
Es extraño. No es el régimen de moneda irredimible, aquel con que los gobiernos se supone que crean riqueza al salpicar un poco de tinta sobre unos trozos de papel, lo que considera un absurdo. Por supuesto, el señor Wolf. tiene el derecho de querer ser robado y saqueado. Pero no tiene derecho a abogar para que el resto de nosotros sea engañado, por los siglos de los siglos, mediante esta cruda forma de saqueo.
También está equivocado cuando supone que Bernanke & Cía., tiene todavía una oportunidad adicional. La oportunidad que acaban de desperdiciar fue la última. Estamos presenciando el cierre del régimen de la moneda irredimible y de la deuda también irredimible. Es posible que no sepamos cuánto tiempo durará su agonía, pero no habrá otra oportunidad. Los periodistas financieros y los economistas de turno, en su ciego estupor, actuando en calidad de líderes porristas de la desastrosa política monetaria del Gobierno y de la loca política de crédito de los bancos, han agotado y destruido su propia credibilidad de una vez por todas.
Martin Wolf, como la mayoría de sus colegas, es víctima de un lavado de cerebro inspirado por Keynes el cual ha sido impulsado durante unos 75 años para desacreditar el estándar del oro, pero que tuvo un nuevo aliento después que Friedman inspiró a Nixon el incumplimiento. Sin embargo, he aquí la información sobre el dólar-oro que deben ser puestos a disposición del mundo mediante la apertura al oro de la Casa de la Moneda, tal como exige la Constitución de los EEUU.
El estándar del oro es un requisito previo indispensable para la libertad. Sin él los individuos están indefensos frente a la constante y permanente violación, del gobierno y de los bancos, a sus derechos de propiedad. El derecho a solicitar oro a cambio de billetes o depósitos bancarios va mucho más allá del mero intercambio de una forma de dinero por otro. Es la única manera de controlar el poder ilimitado del gobierno que se manifiesta con la creación ilimitada de depósitos bancarios. La combinación del poder gubernamental con el poder de los bancos para crear depósitos es especialmente peligrosa para la libertad de las personas, debido a la doble moral que significa. El gobierno exime a los bancos de los efectos de la ley contractual a cambio de que los bancos concedan el trato especial acordado a la deuda pública del gobierno.
El acaparamiento del oro no es una mancha en el patrón oro, es su principal excelencia. Cuando un número suficiente de personas está preocupado por la intrusión de esta combinación de poderes, o desaprueba las políticas monetarias del gobierno y/o las políticas crediticias de los bancos, bajo un estándar del oro no quedarán indefensas. Pueden retirar su oro del sistema bancario, indicando así al gobierno y a los bancos que a menos que enmienden sus procedimientos, y pongan fin a sus aventuras en la creación de deudas, se encontrarán insolventes y sin poder. El estándar del oro da esta ventaja a los ciudadanos.
No es casualidad que todas las dictaduras empiezan limitando el acceso de las personas al oro. No importa si enarbolan la bandera del socialismo nacional o del socialismo internacional.
Todos los regímenes totalitarios imponen al pueblo la moneda irredimible como instrumento de servidumbre y esclavitud. Martin Wolf debe saber esto. El ideal del gobierno limitado no tiene sentido a menos que esté reforzado por un estándar de oro que niegue a dicho gobierno el poder de emitir cantidades ilimitadas de divisas. No hay otra forma de hacer esto sino exigiendo que las promesas del gobierno sean redimibles en algo más que promesas de la misma naturaleza.
Una vez que el gobierno convierte la moneda en irredimible, se pone a sí mismo en posición de recortar los derechos y libertades de las personas como estime conveniente. Y así se logra derrocar efectivamente un gobierno constitucional. Una vez que el gobierno usurpa el erario público, su poder se vuelve incontrolable. En el debate sobre el presupuesto, en el Parlamento o en el Congreso, se convierte en una farsa anual. Nada se interpone en el camino de los políticos sin escrúpulos para socavar el gobierno constitucional. El poder adquisitivo de la moneda se marchita constantemente, año tras año. Los bancos son liberados de las limitaciones que el pueblo ejercerían sobre ellos en virtud del estándar del oro. La caja de Pandora de la corrupción se abre y su contenido contamina el sistema económico, político y social de la nación.
Los gobiernos que emplean la moneda irredimible conquistan el control incondicional sobre el comercio exterior, sobre las tasas de cambio, las inversiones extranjeras y los viajes, incluso sobre la cantidad de dinero que una persona puede entrar o sacar del país. Los más poderosos gobiernos compran la lealtad de los gobiernos menos poderosos. Esta red feudal de lealtades financiadas por la moneda irredimible abre la puerta a aventuras que atizan y permiten sufragar guerras en tierras lejanas, con el consiguiente derramamiento de la sangre de los jóvenes de la nación por causas ajenas a ellos.
Bajo el estándar del oro no pueden ocurrir balanzas desfavorables de pago, ni déficits presupuestarios, prolongados. Hay fuerzas que limitan las pérdidas persistentes de oro que tienden a corregir estas distorsiones. Por el contrario, bajo el régimen de la moneda irredimible las distorsiones económicas pueden persistir indefinidamente. Y tales distorsiones finalmente se vuelven destructivas. Esto sucede porque los burócratas del gobierno no pueden proporcionar el mismo nivel de sabiduría que puede alcanzar un pueblo libre para actuar en su propio interés.
A medida que aumentan los problemas en el comercio exterior, los gobiernos encuentran cada vez más excusas para aumentar reiteradamente los controles. No hay límite a la expansión del poder que ostenta el gobierno sobre el individuo hasta tanto la nación no recupera las riendas del patrón oro, que imponen al gobierno la retirada a su papel de buen árbitro y le obligan a renunciar a su papel de socio dominante y dictatorial.
Un gobierno puede acceder al control total de la población, ya sea por el uso de la fuerza militar, o mediante el uso de la moneda irredimible. El primero es fácilmente comprensible, mientras que la segunda es aplicada a la nación como una sutil droga que no es fácilmente reconocida como tal. Por el contrario, es generalmente aceptada por sus víctimas. Por estas y similares razones, la moneda irredimible es el dispositivo favorito de los estados modernos para mantener a la población bajo total control. En efecto, permite que el gobierno tenga éxito en el control de las masas, mientras que, al mismo tiempo, gana su aprobación, e incluso su apoyo entusiasta. La moneda irredimible debe considerarse como una droga que forma hábito y que el gobierno utiliza para embriagar a las personas. En virtud de esta intoxicación, la gente quiere más y más gasto nacional, más y más control gubernamental, y más y más deuda.
Esta intoxicación oscurece el triste final que llega cuando el tiovivo se está deteniendo en forma abrupta, cuando el crédito se ha agotado o ha sido retirado, y el cofre del fondo común se encuentra vacío. La nación se enfrenta al más grave desastre seguido de un dolor económico prolongado. Lamentablemente, los economistas del gobierno, profesores universitarios, y periodistas financieros, quienes han participado en la diversión, fracasan miserablemente en su deber de advertir a las personas del desastre que se avecina.
Es inútil esperar un movimiento masivo a favor de una moneda sana. La experiencia diaria de la población les proporciona una visión deformada. Confirman en sus mentes las presuntas virtudes y beneficios de una moneda infinitamente inflable. La gente carece de suficiente comprensión de la ciencia monetaria para ver que la moneda no se puede inflar infinitamente sin invitar el desastre. Al igual que un drogadicto, las personas expuestas a la moneda irredimible no la ven como un narcótico peligroso y dañino. Incluso la pérdida del poder adquisitivo no los perturba en gran medida. Su respuesta es demandar más dinero, y se enorgullecen de que el Gobierno escucha con simpatía tales solicitudes. Acogen con beneplácito el escandaloso aumento de los índices bursátiles y de los precios de los inmuebles, y establecen en ellos grandes almacenes. La creciente deuda y los pesados impuestos no son mirados con ansiedad. Con frecuencia su agitación más común es exigir más y más gasto del gobierno.
Si hemos salvarnos, en última instancia, de las consecuencias del dañino régimen de la moneda irredimible, la acción necesaria debe provenir de los dirigentes del partido de la oposición, cuando sea su turno de hacerse cargo de gobierno. El nuevo Presidente y su Secretario del Tesoro, o el nuevo Primer Ministro y su Secretario del Tesoro deben ser estadistas. Deben actuar como cirujanos monetarios informados y duros, personajes que puedan, y logren persuadir al Congreso o al Parlamento de restablecer la moneda redimible.
Una vez se dé ese paso, la gente debe experimentar un soplo de aire fresco. El gobierno de nuevo, estaría subordinado a la Constitución, brindando mayor libertad a la gente.
El optimismo sería general, porque, una vez más, la moneda del pueblo tendría integridad. Las empresas prosperarían, y los comercios doméstico y exterior se incrementarían. Los desequilibrios en el comercio exterior se rectificarían. El oro empezarían a circular y a fluir desde el exterior. El control de las arcas públicas se devolvería a la gente, al lugar que le corresponde, si se ha de mantener la libertad humana y se ha de obtener un gobierno responsable.
Pero como la última elección presidencial en los Estados Unidos ha puesto de manifiesto, hace falta el necesario liderazgo. El partido de la oposición está también afiliado a la misma tóxica ideología del partido de gobierno. El último cambio de guardia se llevó a cabo en medio de una crisis financiera y económica que ha implicado la destrucción una cantidad de riqueza sin precedentes en toda la historia, y con más destrucción por llegar. Sin embargo, cuando el nuevo presidente nombró a sus funcionarios de Hacienda, confirmó a otros en la Reserva Federal, y nombró a asesores económicos, éstos resultaron ser los mismos responsables del colapso del crédito en primer lugar. Estos funcionarios no sólo siguen el mismo peligroso curso de la administración anterior, sino que han aumentado las apuestas en varios órdenes de magnitud anunciando más y más gasto del gobierno, más deuda pública, y la creación de más dinero fiduciario.
La situación no es mejor en el Reino Unido, otro importante país que está esperando un cambio de guardia, el cual podría tomar la iniciativa de poner fin pacíficamente al régimen de la moneda irredimible que agoniza ahora En lugar de iniciar un debate nacional sobre el fracaso del sistema financiero que se supone iría a poner fin a las corridas contra los bancos, a la deflación y a las depresiones, a las quiebras en serie y al desempleo, y al retorno a la moneda sana y al manejo correcto de la contabilidad, la Leal Oposición a su Majestad está maquinando la curación al colapso de la deuda mala mediante la inyección de más deuda mala.
Lo que esto significa es que no hay esperanza de cambio por medios pacíficos. Cuando el cambio finalmente llegue será a través de la violencia. Cuando el dolor económico infligido a la población alcance alturas insoportables, el resultado será la anarquía y el caos. Esto es precisamente lo que la gran tradición monetaria de los países de habla inglesa debería evitar, descartar la moneda irredimible y ordenar un estándar monetario metálico.
10 de junio de 2009.
Reconocimiento:
El autor se ha apoyado en gran medida en el artículo de Walter E Spahr, tomado de Edad Moderna, publicación trimestral, en el número correspondiente al verano de 1960, bajo el título "La Importancia del Estándar del Oro"; véase también el artículo del 17 de abril de 2009 en www.professorfekete.com, “El Significado del Estándar del Oro”.
Calendario de eventos:
Instituto Juan de Mariana: Madrid, España, Junio 12-14, 2009.
Seminario con el Profesor Fekete en Dinero, Crédito, y Teoría Revisionista de las Depresiones.
Para más información, póngase en contacto con: gcalzada@juandemariana.org.
Oro y Finanzas y Portal Oro: Madrid, España, 18 de junio de 2009.
Encuentro del Oro y la Plata, Madrid de 2009.
Para más información, póngase en contacto con:
http://www.portaloro.com/aemp.aspx
San Francisco School of Economics, San Francisco, California, 25 de julio, 1 de agosto y 8 de agosto de 2009.
Seminarios de inversión: Comercio del oro, Gestión Patrimonial.
La base del Oro y la Plata; Backwardation; Comercio del Oro en el entorno actual; Gestión Patrimonial en el marco del Régimen de Divisas Irredimibles. Impartido por el Profesor Fekete. y el señor Sandeep Jaitly de Soditic Ltda, Londres, Reino Unido, La inscripción es limitada, primero llegado, primero servido. Para obtener más información, visite:
póngase en contacto con: ibischoff@sfschoolofeconomics.com.
San Francisco School of Economics, San Francisco, California, 27 de julio-7 de agosto de 2009.
Curso académico de dos semanas en: Moneda y Banca, dictado personalmente por el Profesor Fekete.
La inscripción es limitada; primer llegado, primer servido. El Plan de Estudios para este curso se puede ver en la página web: www.professorfekete.com
Para más información, visite: www.sfschoolofeconomics.com.
Para la matrícula contacte a: ibischoff@sfschoolofeconomics.com.
San Francisco School of Economics, San Francisco, California, 23 de julio-9 de agosto de 2009.
Consulta privada con el Profesor Fekete disponible.
contacto: ibischoff@sfschoolofeconomics.com.
University House, Universidad Nacional de Australia, Canberra: primera semana de noviembre de 2009.
Paz y Progreso a través de la Prosperidad: El Estándar del Oro en el Siglo 21.
Esta es la primera conferencia organizada por el recién formado Instituto del Estándar del Oro.
Para más información, e-mail: feketeaustralia@gmail.com.
En el Instituto del Estándar de Oro, e-mail philipbarton@goldstandardinstitute.com.
Profesor Fekete en DVD: Grabación producida profesionalmente en DVD, con la disertación ante el Economic Club of San Francisco el 4 de noviembre de 2008, titulada Historia Revisionista de la Gran Depresión: Podrá Suceder de Nuevo? Además entrevista con el Profesor Fekete. Disponible en www.amazon.com y en el Club: www.economicclubsf.com por $14,95 cada DVD.