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El gran plan (Frank III)

por Ivan Roca (Presentado en el IX Concurso literario "Valores para un sueño" en 2008)

Juan miro a través de la gran puerta del banco, afuera ya había dos coches patrulla y llegaban un par más y una furgoneta. Hizo que no con la cabeza y se giró para mirar a su socio. Este seguía de pie delante de la caja fuerte esperando, seguramente maldiciendo, las aperturas retardadas. Volvió a mirar hacia la calle sólo para contemplar el espectáculo de luces rojiazules parpadeantes que se veía en el exterior. Se volvió de nuevo hacia su socio y le gritó:
  --Oye, cómo nos hemos metido en este lío?
  Frank estaba mirándose el reloj, aún quedaba media hora para que la maldita caja se abriera, se volvió hacia su socio...
  --Lo sabes perfectamente. ¿Hace falta que te lo cuente?
  --No, claro que no...
  Juan se volvió hacia la calle de nuevo, pero esta vez para fijarse en un banco situado un poco por detrás de los coches patrulla, el banco donde habían estado hacía una semana contemplando el mismo banco que ahora mismo estaban atracando.

HACE SIETE DÍAS

  Aún no había empezado a amanecer, hacía bastante frío y apenas había alguien por la calle: un par de personas corrían, seguramente por llegar tarde al trabajo, algunos vagabundos rondaban la zona y otros aún dormían resguardados del frío y cubiertos con mantas o con cartones en algunos portales, mientras dos figuras se encontraban sentadas en un banco.
  --¿Para esto me has hecho madrugar?, ¿para ver un edificio? O es que tenías antojo de ver el amanecer?
  --No estoy mirando un edificio, estoy mirando un banco.
  Juan se giró hacia el edifio de nuevo para mirarlo con mas detenimiento. Tenía una arquitectura clásica, pero lo suficientemente restaurada como para no poderla llamar vieja, con unos ventanales, seguramente con cristales reforzados, que tenían alrededor unos bordes de hierro negro con motivos dorados, una enorme entrada con puertas doradas y, evidentemente, una reja que se encontraba tras ellas. El edificio tenía cuatro plantas más, aparentemente de oficinas del mismo banco y en lo alto un gran reloj giratorio indicaba la hora. Así, a ojo, el banco debía ocupar una cuarta parte de la manzana.
  --¿Para qué dem....? No. No estarás pensando en...
  --Bueno... no sé... Últimamente hemos gastado bastante más de lo que tenía previsto, no esta de más el ser previsor.
  --Ya pero, esto se está convirtiendo en una costumbre.
  --Por mí, si quieres, puedes buscarte un trabajo.
  --Hombre... Si te lo miras así...
  En lo alto del banco el reloj hizo sonar una melodía. Frank se miro el reloj, eran las 7:00.
  --Venga, volvamos para casa. Tengo mucho en lo que pensar

*    *    *

  Juan aún no sabía como se había dejado engañar para llegar a este mismo intante: ¡estaban atracando un banco,por el amor de dios! Y ni siquiera le había contado el plan.
  --Lo que sí me podrías contar es cómo piensas salir de aquí.
  --Por donde he entrado, evidentemente; por la puerta.
  Juan seguía pensando que todo esto era una tomadura de pelo... y que, seguramente, en cuestión de unas horas estaría en uno de esos furgones que ahora mismo veía en la calle y la verdad es que ya echaba de menos su cama, que aunque tenía algún que otro muelle suelto, seguro que era más cómoda que lo que le esperaba.

HACE CINCO DÍAS

Juan se levantó de su cama, miró por la ventana, desde la cual entraba poca luz, miró el despertador, que marcaba las 18:00, fue hacia la cocina para picar algo; el piso estaba en completo silencio, era extraño que Frank no estuviera... En ese mismo momento, se oyó la puerta.
  --Vaya, ¿qué?, ¿de paseo?
  --No, he ido de compras.
  --¿De compras?
  Juan no sabía que Frank tuviera ningún hobby y, la verdad, nunca le había visto ir a comprar nada que no fuera totalmente necesario, y aún así lo había tenido que arrastrar él.
  --¿Y que? Has gastado mucho?
  --Pues sí, la verdad es que bastante.
  --¿Como?-- esto sí que era una sorpresa--¿Que has gastado bastante?¿Y qué has comprado?
  --No, bueno... nada... Cosas que necesitaba.... Ya te lo contaré... Me voy a la cama, que estoy muy cansado y mañana me espera un día duro.
  --Hasta mañana. Yo seguramente saldré esta noche.
  --OK. No vuelvas tarde, ¿eh?

*    *    *

  Juan volvió a mirar a Frank,  ¿Qué había estado haciendo durante toda la semana? Se había comportado muy raro y aún tenía algunos cabos sueltos en su cabeza, algo no cuadraba.

HACE TRES DÍAS

  Juan volvió a casa después de hacer la compra, guardó todos los productos en sus correspondientes sitios y se dirigió a la galería para poner la lavadora. En los pantalones de Frank había unos papeles, los cogío y los dejo en la mesa del salón. Tras haber puesto la lavadora, volvió al salón y se puso La cuadrilla de los 11 en DVD. La verdad es que ya la había visto, pero estaba bien para pasar el rato. Acabo de ver la película y Frank aún no había vuelto. El reloj de encima del televisor marcaba las 18:00 y fijó la mirada en los papeles de encima de la mesa. Parecían tickets de compra.... Se levantó y los inspeccionó. Juan no se lo podía creer, por lo menos había mas de 50 tickets de 2 a 4 trajes cada uno... En total, debía de haber unos 200 trajes completos con zapatos y todo. Juan pensó que, si dejaba los tickets ahí, Frank sabría que los había visto, así que decidió esconderlos, miro rápidamente y decidió meterlos repartidos entre las paginas de algunos libros. ¿Para qué demonios quería Frank 200 trajes?

*    *    *

  Juan miró de nuevo hacia la calle, sólo momentáneamente, antes de que un ruido sordo sonara en todo el hall y el cristal se convirtiera en una telaraña y le hiciera caer de culo, Juan se volvió a levantar y vio la bala aplastada contra el cristal.
  --¡Caramba!
  --¡¿Quieres apartarte del cristal?! --le gritó Frank desde el mismo sitio donde había estado la ultima hora--. Ese cristal no va a parar muchas balas más, así que no te fíes.
  Frank se volvió hacia los rehenes, que miraban, algunos asustados, otros riéndose de la situación de Juan... La verdad es que estaban colaborando muy bien, aunque, claro, no había sido muy difícil engañarlos.

HACE UNAS HORAS

  El reloj en lo alto del banco hizo sonar una melodía, Frank miró a Juan y luego se miró el reloj: eran las 11:00; volvió a alzar la vista y miró calle abajo entrecerrando los ojos.
  --¿A quién esperamos? Aún no me has contado el plan, ni por qué llevamos una bolsa con un montón de cable. Y ¿por qué llevamos frac?
  --Esperamos al catering. No, no te he contado el plan. El cable nunca sobra. Y llevamos frac porque vamos a servir un aperitivo. ¿Algo mas?   Bien, porque ahí llega el camión del catering... Espera aquí.
  Frank se acercó al camión del catering y gesticuló señalando el banco. Juan se imaginó que le decía que descargara la comida en el hall del banco, tras la explicación de Frank y el asentimiento del conductor del camión, Frank se aproximo de nuevo y pasó por al lado de Juan en dirección a la puerta del banco.
  --¡Vamos!
  Juan, aun desconcertado, fue tras él.
  Frank entró en el banco como si llevara entrando en él toda su vida. Sólo entrar, se dirigió a una serie de mesas plegables que había en un lado y empezó a montarlas y poner manteles. Juan evidentemente hizo lo propio montando otra mesa.
  -- Perdone, ¿puede contarme qué pasa?
  Juan se giró y se encontró con el guardia de seguridad, un hombre corpulento, pero no muy musculado y más con pinta de bonachón que de Harry el sucio. Juan tragó saliva y...
  --Estamos montando un aperitivo, lo siento, pero tendrá que hablar con mi jefe si quiere más detalles.
  --Oh, claro, gracias.
  El guardia se dirigió a Frank y este empezó a contarle algo sobre un nuevo producto de hipotecas que habían decidido promocionarlo con un aperitivo, el guardia se lo miró con cara de circunstancias asintiendo con la cabeza y luego volvió a colocarse junto a la puerta, donde seguramente había estado al entrar y le había pasado desapercibido a Juan, aunque Frank seguro que ya lo sabía. Mientras tanto, el hombre del catering ya había empezado a traer bandejas de comida de todo tipo, como embutido, canapés, sushi, ensaladas y muchas cosas más, así como las botellas de cava y demás bebidas.
  En media hora ya estaba todo montado y Frank llamó a Juan.
  --Toma. Llévale esta cerveza al guardia mientras yo voy reuniendo a todos junto a la mesa para empezar.
  --Aún me has de contar...
  --Sí, ya lo sé, pero ahora llévale la cerveza..., que ya vamos tarde...
  Juan se miro el reloj: las 11:32. Cogió la cerveza y se la llevó al guardia.
  --Hola
  --Hola, el jefe le manda una cerveza.
  --No gracias, estoy e servicio.
  --Hombre, es sin alcohol, no creo que le pase nada, total, nadie se lo va a echar en cara, ¿no cree?
  Este asintió con la cabeza mirando a un lado y a otro cómo la gente empezaba a arremolinarse junto a las mesas de comida.
  --Bueno, no debería, pero la tomaré con mucho gusto, gracias.
  Juan le hizo un gesto de aprobación y volvió hacia las mesas junto a la mayor parte de la gente. Frank llegó con los cuatro empleados que faltaban y empezó a hablar.
  --Caballeros, agradeceré que durante las próximas horas no se alejen de la mesa ya que nosotros vamos a atracar este banco y entenderán que si todos fueran por ahí haciendo sus cosas sólo harían que estorbar. así que agradeceremos su completa colaboración.
  Todo el personal del banco y los clientes que en ese momento se encontraban reunidos alrededor de la mesa se miraron entre sí extrañados pensando que era una broma. En ese mismo momento un golpe acompañado de unos rebotes metálicos sonó cerca de la puerta. El guardia se había desplomado y la lata de cerveza había recorrido medio camino hacia la mesa del aperitivo. Todos los presentes se volvieron hacia Frank.
  --Siento repetirme, pero de verdad, agradeceremos su colaboración. Ahora, por favor, disfruten del aperitivo.

*    *    *

  La verdad es que, tras separarlos de los botones de alarma y de los teléfonos, la cosa no se podía complicar mucho, la caja era de apertura retardada y una de las clientas había solicitado una cantidad un tanto elevada, así que la caja no tardaría en abrirse. Evidentemente, la gente que ha ido intentando entrar en el banco después de que lo cerraran se ha ido dando cuenta de la situación y al final la policía se ha presentado, pero no importa, está todo planeado.
Frank volvió la mirada de nuevo en Juan que ya se había apartado de cualquier puerta o ventana, con una media sonrisa, este le devolvió la mirada.
  --A mí no me hace gracia.
  Frank hizo que no con la cabeza y volvió a mirar el reloj, en ese mismo instante se abrió la caja.
  Frank volvió a mirar a Juan al cual le había cambiado la cara, parecía que se le había olvidado que afuera había un montón de policías o que le habían disparado hacia apenas dos minutos.

  Frank entró en la caja fuerte, aún no había entrado del todo que reculó.
  --Señora, ¿cuánto había pedido usted?
  La clienta se volvió extrañada.
  -18.000
  --Ok. No se preocupe que ahora se los saco.
  Al cabo de un rato, Frank salió cargando dos bolsas de deporte negras a rebosar y con un fajo de 36 billetes de 500 en la mano.
  --Espero que así le vaya bien, ahí dentro no hay suelto, sabe? Pero seguro que alguno de estos amables señores, en cuanto nos hayamos ido, podrá darle cambio.
  Tras esto, Frank siguió su camino cargando las dos bolsas de deporte hacia una escalera que descendía. Luego hizo otro viaje con dos bolsas más y al regresar de este le pregunto a Juan.
  --¿Cuánta policía hay?
  --Yo diría que la suficiente...
  --¿Hay cordón policial?
  --Eh...--Juan se volvió hacia la puerta--. No, parece que aún no han acordonado...
  --Bien.
  --Ven, tenemos que cambiarnos. Por favor,--se dirigió a los rehenes-- ustedes sigan comiendo y bebiendo, y no se preocupen de nada... ¡Ah! y déjennos algo de comida, eh?
  Juan y Frank entraron en uno de los despachos y Frank corrió todas las cortinas.
  --Toma, ponte esto.- Frank le pasó un traje a Juan--. Si no, el frac te delatará.
  --Oye, te tengo que contar una cosa... Haciendo la colada..., vi que habías comprado un montón de trajes.
  --Si, 627 en total entre todos los días  para ser exactos.
  --Y ¿Donde los has metido?, porque en casa no están.
  Frank se miro el reloj: las 11:55.
  --Bueno, pues estarán al caer.
  Juan entonces dejo de comprender del todo. Frank se acerco a la ventana y miró entre la cortina.
  --Ven, mira.
  Juan se acercó, prudente, a la ventana. Lo que vio no tenía nombre: 627 hombres trajeados, o quizás más, estaban enfrente del banco y avanzaban a través de los coches de policía hacia el banco imparables.
-Pero... ¿de donde los has sacado?
- Son todos mendigos, yo les lleve las cajas con los trajes y les dije que hoy a las 12 habría comida gratis en el banco... El boca a boca hizo el resto. Ahora vamos, tenemos que salir de aquí, tu desbloquea las puertas y reúnete conmigo en la mesa.
   Frank y Juan salieron del despacho, Frank se metió de nuevo en la caja y salió con un buen montón de dinero. Luego, se acercó a la mesa y esperó a Juan, hizo un vistazo rápido a lo que quedaba, de comida en la mesa, asintió con la cabeza y empezó:
  --Caballeros, señoras, les agradezco enormemente su colaboración. Espero que hayan disfrutado de la comida y que no les haya causado muchas molestias, pero, ahora, si nos disculpan nos tenemos que ir....
  En ese mismo instante sonó la melodía del reloj y una avalancha de mendigos trajeados ocupó todo el hall del banco, Frank cojió el dinero que había sacado de la caja y lo tiró hacia el cielo: un regimiento de hombres se peleaban a partes iguales por dinero y por comida; la policía, totalmente desorientada, no se percató que dos mendigos no entraban, sino que salían, y para cuando hubieron reaccionado habían detenido a 627 mendigos o quizás 629, quién sabe, pero nunca encontraron a los atracadores.

7 DIAS DESPUES

   Dos hombres con un mono de trabajo entran en una estación de trenes, y se dirigen hacia la entrada...
  --Buenos días-- dice uno.
  -- El hombre tras el mostraor, levanta la vista y, como lleva haciendo últimamente, le abre la puerta al operario.
  Los hombres siguen su ruta hacia el anden. Una vez allí se bajan a las vías y se adentran en el túnel.
  A media distancia entre estación y estación, encontraron dos bolsas de deporte negras, las abrieron y comprobaron su contenido, todo estaba bien.
   --Entonces...., ¿cómo lo hiciste?
  --Siempre estamos igual. ¿Por qué no lo piensas un poco?
  --¡Venga hombre! Estamos a dos estaciones y media de distancia del banco, me imagino que debe de haber una salida de emergencia del metro instalada en el banco, pero ¿cómo han llegado las bolsas hasta aquí?
  Frank le dirigió una mirada incredula a Juan y volvió su atencion a las bolsas; cuando se dio la vuelta hacia Juan sostuvo en alto una de las bolsas en la mano, esta tenia un cable colgando de las asas.
  --¿ Por qué está atada?
  --Hay una salida de emergencia del metro en el banco, sí, pero precisamente porque es una salida se necesita la escalera que hay en el túnel, y el techo es demasiado alto en esa zona, así que até la bolsa al cable y esperé a que pasara un tren, dejando caer la bolsa encima, dejaba que el cable corriera un buen trayecto y entonces tiraba de él para tirar la bolsa del tren.
  Juan dirigió la mirada a la bolsa con el cable y a Frank otra vez.
  --¿Por qué cable y no cuerda?
  --Una cuerda en medio del túnel habría llamado mucho la atención; un cable, no.
   --Genial..., la verdad... Bueno, ¿y ahora qué?
  --Ahora vamos a Oriente.
  --¿Qué? ¿Qué se nos ha perdido en Oriente?
  --Un amigo de la infancia ha muerto y voy a su entierro.
  Juan dudó durante un momento y se dirigió a Frank.
  --Perfecto, pues, vamos a Oriente.
  Cada uno de ellos agarró una bolsa y desató el cable. Un tren pasó a escasos metros d ellos. Se miraron y empezaron a andar hacia la oscuridad de lo profundo del túnel.