Poemas, ensayos, críticas.
Carta abierta al Ministro de Educación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. por Santiago Duarte
Sr.
Ministro Mariano Narodowski: He visto por la calle los carteles que invitan a estudiar en un profesorado, aquellos que dicen: “Aprender a enseñar tu mejor decisión. Inscripción a profesorados”. Y debo reconocer que me causaron sorpresa, ya que siempre sostuve que los Ministros de Educación (no sólo usted) desconocían la realidad de las escuelas y colegios. Pues bien, es una buena observación la hecha por usted (o por algún otro funcionario o por algún espía con contrato del Ministerio de Educación): faltan docentes para nuestros alumnos. De todas maneras, lamento informarle que los carteles no harán acrecentar la cantidad de inscriptos en los profesorados (siento mucho si usted pensaba lo contrario pero es mi deber informárselo, en especial, porque soy uno de los tantos que financió involuntariamente los carteles que usted mandó a imprimir). Sin embargo, creo que hay otras medidas que sí pueden hacer que los alumnos se inscriban en los profesorados y que por ahí los publicistas del Gobierno desconocen. Le menciono sólo algunas ideas:
Como notó, la lista es extensa y podría seguir, pero creo que con resolver estos puntos se avanzaría bastante en la estimulación de la profesión docente. Usted me dirá que no le alcanza la plata y puede tener razón. Pero también es cierto que podría, dado que la falta de docentes genera que haya alumnos sin clases y dado que ese no es el único de los problemas de la educación, esgrimir buenos argumentos para pedirle a la Legislatura que apruebe un aumento en el presupuesto de Educación de la Ciudad. Por
último, y sólo para tranquilizarlo, piense que este trabajo hermoso
que es la docencia va a ser, a pesar de todos los problemas, elegido
por muchas personas que, pese a todo, ingresarán a los profesorados.
Y es elegido por muchos día a día para ejercerlo de manera
conciente y responsable, a pesar de las políticas educativas que se
llevan a cabo. Y es que al ver a un alumno escribir o preguntar o
debatir o abrazarnos nos damos cuenta de lo maravilloso de este
trabajo. Y eso, por suerte, no entra en ningún cartel. Atte., Santiago Duarte FC: 408.013 Maestro de primaria en la Escuela 6 DE 8 Maestro de ciclo (Adultos) en la Escuela 19 DE 19
| Notas para mantenernos actualizados. Pensar la comunicación como construcción colectiva. por Román Roncolato Parafraseando a Dominique Wolton en “Pensar la comunicación”, podemos anexar tres palabras que se presentan como disparadores en tiempos de narrativas híper textuales, convergentes y multimediales. “Construcción colectiva”, con el ejemplo visible en la demonizada Wikipedia, supone la puesta en práctica de un discurso común, confrontativo, participativo, plural, diverso y cuanto calificativo más podamos agregarle. Indagando en el desempeño discursivo de los medios tradicionales, la hegemonía de la palabra suele estar del lado de periodistas y/o comunicadores sociales que le dan voz a declaraciones o temas que consideran acorde a la coyuntura de agenda temática, u otros parámetros de la actualidad. En estos últimos años, los medios de comunicación tomaron de las nuevas tecnologías arquitecturas de participación colectiva. Es decir, buscaron los mecanismos para obtener respuesta inmediata a sus mensajes y ponerlos a su disposición y de la audiencia. En definitiva, esta exploración no supone el relego de las prácticas tradicionales o de sus características egocéntricas. Esta transformación silenciosa y paulatina implica un verdadero degradé en la competencia con Internet. Estos “mundos encontrados” se presentan distantes y hasta difíciles de conciliar. Sin embargo, en mayor o menor medida, la finalidad está puesta en la participación de la audiencia o usuario. Y aquí la pregunta que se presenta como verdadero disparador, en momentos de replanteos. ¿Piensan los comunicadores en la audiencia? ¿Cómo lo hacen? Aunque ya estemos lejanos de teorías conductistas y unidireccionales que sindicaban al receptor un rol pasivo, postura refutada por los estudios de recepción, las prácticas parecen conservarse si nos detenemos por un momento a reflexionar respecto de qué sucede cuando un comentario aparece debajo de una nota. ¿Sorpresa, agrado y/o miedo? Es esa postura defensiva que el periodista “dueño de la verdad” expone de manera insegura todavía tratando de entender lo que para otros es natural: la confrontación de ideas en la era digital. Esta devolución, también puede ser la mejor respuesta de interés a nuestro mensaje y de replanteo para la narrativa periodística. Además, estos comentarios o posteos dejan expuestos una innumerable cantidad de temas que amplifican las problemáticas sociales, políticas, económicas y culturales. En ese sentido, asistimos a un fenómeno en creciente ascenso. El discurso ya no solamente lo construye el comunicador, también lo crea el usuario. Con esta interacción, el periodista se convierte en un editor / gestor de contenidos que los expone para que otros intervengan de un proceso dialéctico de construcción colectiva. Todo es comunicación y su accionar comprende un alcance interdisciplinario. Agregar estos tres vocablos que referíamos en el título presume una aclaración conceptual de importancia para problematizar la horizontalidad que hoy nos ofrece la web. Estaremos ante la modelación del conocimiento colectivo, entendido este concepto por Antonio Pasquali como el proceso cognoscitivo de asimilación y aprendizaje de los mensajes. Las subjetivaciones se acrecientan y proponen desafíos diversos. Pensemos en un ciudadano que más allá del acceso, requiere participación. La web lo posibilita, ¿vos qué opinás? |