Como la cabeza...
La redacción
A lo largo de la historia del hombre, y la mujer por supuesto, hay un artículo que ha tenido una gran cantidad de usos y significados y que prácticamente ha estado ahí en las buenas y en las malas, en la paz y en la guerra; artículo que le da ese toque de distinción y elegancia a nuestro aspecto; que lo mismo usamos para protegernos de las inclemencias del tiempo que para tapar calvicies incipientes y molestas; que cumple la desdichada tarea de contener el sudor que en nuestras frentes puso el pecado de nuestro padre Adán; que igual nos quitamos en señal de reconocimiento al que realiza una hazaña impresionante que para saludar y expresar nuestros respetos a la belleza; que lanzamos a la arena para honrar a los valientes o para expresar nuestro disgusto y desaprobación por los que no lo son; o al cielo cuando finalmente logramos el ansiado diploma por el que nos esforzamos tanto, o no, según sea el caso; que sirve a los que saben para entretener nuestras miserias con apariciones de palomas y conejos. Y es que no podríamos imaginar a la Ninotchka de Greta Garbo sin los diferentes sombreros que servían de marco a su extraordinaria belleza, a Napoleón sin aquel sombrero con forma de reloj de chimenea, a Emiliano Zapata sin el enorme disco que le coronaba la proclama libertaria, al “Che” sin la calada boina sinónimo de los ideales revolucionarios, a Capone sin el elegante sombrero que disimulaba su cara infantil o al “Babe” sin la gorra beisbolera que le acompañara cada tarde al recorrer las cuatro esquinas. Es por esto que en esta revista, que no es revista, nos hemos avocado en esta oportunidad a hacer un homenaje a esa parte del cuerpo que sin serlo ha acompañado al hombre, y a la mujer, durante casi todas sus historias.
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