Bukowski
a los 22 años
ya había leído TODO lo de Bukowski.
molaba el cabrón
y quería ser como él.
hasta me compré un sombrero de paja
que usó aquella vez que estuvo en Ibiza.
al menos eso me dijo aquel tipo que me lo vendió.
todavía
podían verse
las manchas
de semen y de vino.
un día me lo puse
y me metí en un garito de mala muerte. me be-
bí de golpe 2 güisquis y empecé a
sentirme fatal.
fumé dos cigarrillos a ver si
así se me pasaba, pero fue peor.
me acordé de chinaski
y vomité a los pies de la camarera.
la muy puta me metió una hostia
y
me dio una fregona.
-recógelo, hijoputa- me dijo.
joder, yo tenía que ser
un tipo duro y meterle el palo
por el coño a esa ramera. pero
me dio cosa: la igualdad de la mujeres, la democracia, el respeto
y toda esa mierda católica, creo.
así que traté
de romper
el palo
con la rodilla.
una,
dos,
TRES VECES
hasta que
ya no
pude aguantar
el dolor.
recogí mi vomitona sin que me vieran y me largué.
eso sí, antes de irme dejé la fregona en el suelo. que se jodan.
orgulloso de mi hazaña
caminé hacia el último bar abierto.
allí encontré dos guarras mulatas
deseosas de probar mi sexo. se podía oler en el ambiente.
me senté frente
a ellas en la barra y miré sus te-
tas grandes y cónicas: seguro
que las tenían bastante duras.
dejé sobre la barra
el sombrero de Bukowski para mirarlas mejor. AL
RATO ME
LO VOLVÍ A PONER.
les lanzaba miradas obscenas para que
las dos guarras
tomasen cuenta de mis deseos,
pero no se dignaron a mirarme. bah,
serían unas estrechas que luego querrían retenerme
a su lado para siempre. las tías son así.
joder,
me cansé de que no me hicieran ni caso
y me fui al puticlub. de camino
traté de tirarme un sonoro pedo a la salud
de algún presidente americano pero sólo
me acordaba del negro, y, joder, para uno que habían tenido… en-
cima al apretar me cagué un poco.
el puticlub se llamaba
Hank,
era de unos chinos.
Hank,
Hank,
eso me sonaba…, algún maldito jokey chino. aunque
yo de caballos no sabía, solamente me los había comido.
la publicidad del sitio decía que las chicas te recibían desnudas.
cojonudo. apenas había coches en el aparcamiento, así que supuse
que un montón
de fulanas HARÍAN COLA PARA COMÉRMELA.
al entrar vi como alguna chicas escapaban corriendo. no
había nadie en el salón
y se oían cuchicheos detrás de las puertas.
por fin se abrió una y salió la madame, una vieja
gorda que olía a naftalina. por
detrás se veían sombras pasar en todas direcciones
y seguían los
cuchicheos.
la gorda dijo
-le pondré una copa mientras se preparan las chicas.
al primer trago volví a sentirme
fatal,
todo me daba vueltas. me pareció escuchar tras la puerta
-sal tú, joder, sal tú, has perdido.
la puerta
se abrió.
no salía nadie y
me acerqué.
en ese momento
salió a trompicones
una china escuálida,
sin tetas.
cayó entre
mis brazos
pero intentó
zafarse agitando
mi cabeza.
eso me termi-
nó
de marear y le vomité encima. inmediatamente
salieron el resto de las putas chinas y se liaron
a patadas
y botellazos,
y nada de botellas vacías.
creo que NO RECUERDO nada más. me
desperté con el sol a mi izquierda. estaba
tirado entre unos contenedores de basura. me dolía
todo. me levanté y
busqué
el sombrero de Bukowski. el jodido
había tenido más suerte que yo, ni siquiera
estaba manchado.
tan sólo conservaba sus dos manchas de siempre.