Circe limpiando la casa
Harta del mal aliento de Ulises, Circe preparó un plan de asepsia: convirtió en hombres a los puercos que dormían en el chiquero; así, Ulises, presto a las parrandas como todos los de su género, se largó en compañía de sus nuevos amigos -los antiguos puercos- a una juerga de la que jamás volvió. Circe pudo entonces respirar el aire limpio de su isla con toda tranquilidad.
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