Rextaun o el nacimiento de una religión
A juzgar por las caras de los pequeños, se observaba claramente que no habían comprendido nada. El Upaum (una mezcla de ayo y de tutor espiritual) lo sabía y los observaba paciente y sereno sentados a su alrededor dispuesto a repetir la historia una vez más. Continuó por tanto:
-Aprended esto bien. Recordad todo lo que os estoy contado durante el resto de vuestras vidas.
Su voz, quebrada por la edad, suave y serena como un rumor de hojas, era escuchada atenta y respetuosamente. Los ojos de uno de ellos brillaron curiosos, inquisitivos y preguntó:
-Pero Upaum, ¿Qué hizo de malo? ¿Por qué murió así?
El Upaum cogió una pequeña rama del suelo y la rompió produciendo un chasquido seco delante de la nariz del pequeño que había preguntado. El pequeño se sobresaltó.
-No había motivo. Nadie sabe por qué "ellos" nos exterminaban con la misma facilidad y frialdad con la que yo he roto esta rama.
Otro pequeño del círculo, al mismo tiempo que se llevaba una brizna de hierba a la boca, preguntó confuso:
-¿Pero si mataban a todos, por qué hemos de adorar a Rextaun, por qué no a otro, Upaum?
Este respondió con pesadumbre al tiempo que con gesto de reprobación quitaba al pequeño la brizna de hierba de su boca:
-Todos nos resignábamos a nuestro cruel destino antes de que éste llegara. Nos convertíamos en seres muertos en vida, sin ilusiones, sin esperanza... Nadie hacía nada por contrarrestar y destruir esa misteriosa y estúpida sed de aniquilar que tenían "ellos". Pero cuando nació el Poderoso Rextaun- su voz cogía fuerza y sus ojos se iluminaban- incluso "ellos" se dieron cuenta de que había algo distinto en Él. No era como los demás. Cuando se enteró de nuestro dramático e inevitable destino final, que fue de muy joven, no se resignó como hacíamos todos. Se reveló y lucho contra su irremediable final. Intentó que siguiéramos su ejemplo, pero no estábamos preparados todavía. Cobardemente, preferíamos morir sin luchar con tal de que nos dejaran vivir en paz unos pocos días, así que solo se pudo rodear de un grupo reducido de seguidores fieles.
El Upaum hizo una pausa para coger aliento. Su avanzada edad ya no le permitía hacer grandes esfuerzos, y transmitir e intentar hacer comprender a los pequeños la Historia era sin duda una ardua tarea.
Los pequeños aprovecharon el breve descanso para desfogar su natural e irreprimible ansia de jugar. Uno revolcó por el suelo a otro mientras todos reían al unísono, incluso el anciano Upaum sonrió débilmente mientras el caído pugnaba por devolver la treta al primero. Todos callaron y cesaron sus juegos de pronto al percatarse de que el Upaum iba a proseguir. Con ademán de éste, todos volvieron a sus posiciones iniciales, expectantes y silenciosos. El Upaum prosiguió:
-Y llegó el día en que Nuestro Señor Rextaun marchó para enfrentarse a “ellos”. Sus seguidores intentaron frenar su marcha, pero fue inútil. Iba al encuentro de sus enemigos para luchar y morir. Y así fue como logró mantener a raya a sus enemigos durante tres días y tres noches, hasta que las fuerza le abandonaron y fue prendido finalmente. Lo llevaron ante muchos de "ellos" y se burlaron de Él y lo martirizaron hasta que su corazón valeroso y puro fue atravesado y destrozado por el acero de una espada.
Consciente de la dureza del relato para tan joven audiencia pero convencido de que el momento de la Revelación había llegado, el Upaum escudriñaba los rostros de los pequeños sopesando el efecto de sus palabras. No había ni el más mínimo rastro del reciente relax. Todos permanecían callados y mirando al Upaum con grandes ojos. Uno de los pequeños rasgó el silencio después de unos segundos:
-Entonces, Upaum, ¿si el Todopoderoso Rextaun no hubiese nacido y no se hubiera sacrificado por nosotros, hoy seguiríamos siendo aniquilados por "ellos" sin hacer nada por evitarlo?.
El Upaum miró al pequeño y no pudo evitar un suspiro de satisfacción.
-En efecto pequeño. Si el Todopoderoso no hubiese nacido, si no se hubiera empeñado en no entregar su vida inútilmente, si no se hubiera sacrificado por nosotros, jamás hubiésemos reaccionado de la manera en que lo hicimos.
Los pequeños, llegado a este punto, estrecharon un poco más el círculo en torno al Upaum expectantes:
-El hecho corrió de boca en boca por todas partes. Grandes y pequeños, jóvenes y viejos, al mando de los seguidores de Rextaun lucharon y murieron con valentía y coraje como hizo Él, hasta que "ellos" aprendieron por fin a temernos y a no enfrentarse a nosotros a riesgo de perder sus vidas. Los días malditos llegaron a su fin y de esta manera y gracias a Nuestro Señor Rextaun, podemos hoy disfrutar plenamente de nuestras vidas, y por ello pequeños, le alabamos, le glorificamos y le debemos de estar eternamente agradecidos, y un día, cuando nuestros cuerpos dejen de existir, nuestras almas se reunirán con Él y con todos los que murieron por Él y por nosotros en algún lugar del cielo.
El Upaum se quedó contemplando las caras de los pequeños y decidió dar por terminada la reunión. Con la mano hizo un semicírculo en el aire con las puntas hacia arriba, símbolo de Rextaun y concluyó:
-Vamos mis pequeños. Ya es hora de regresar al rebaño.
Y aquella extraña reunión de toros se disgregó lentamente, mientras uno de los pequeños ayudaba a levantar al anciano Upaum toro.
El sol se ocultaba lentamente en el horizonte llano de los grandes prados verdes. A contraluz, se recortaba y resaltaba la fría estructura de una ciudad cerrada, en donde recelosos hombres vigilaban todos los movimientos de los peligrosos toros libres.