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Un negro porvenir (Relato)
“Terence Scott manejó durante nueve horas sin parar desde Tennessee para llegar a Chicago. Los hubiera hecho caminando con tal de estar aquí para escuchar al primer presidente negro en la historia de Estados Unidos. ´Sólo porque es Obama. Es un gran hombre`, dice desde sus 20 años. ![]() -Quizás se pueda esperar una relación más equitativa con nuestros países: no olvidemos que el hombre es demócrata, el partido de Kennedy, de Carter; en fin, siempre será mejor que el que está ahora. La negritud le puede dar otro punto de vista, supongo, por aquello de la esclavitud y la cabaña del tío Tom y Malcom X y Luther King. Tercia Richard con ánimo de encontrar alguna baraja buena en esa mano de naipes perdedores que siempre nos toca a los latinoamericanos cada vez que los grandotes del norte reparten las cartas, fijan la apuesta y, por supuesto, deciden a qué se juega. -Estás completamente equivocado, es un negro integrado a la burguesía norteamericana: el color, en esto, es lo de menos. Y para ellos, sean blancos, negros o amarillos, el mundo se divide en dos: América y el resto del mundo. Y América, sépanlo señores, es la tierra elegida por el Señor y el resto es territorio de Darwin y sus monos. Ironiza Leo, provocando risas y aplausos con la última frase. Ingenioso y brillante siempre, Leo. -Otros cuatro, por favor. Pido al mozo que está recostado en la barra, acompañando mis palabras con el gesto universal que simboliza el pocillo de café. Una nueva ronda a la que todos adhieren bulliciosamente, un pasaporte para alargar la charla, perdernos en ensortijadas cavilaciones, lanzar teorías y aventurar opiniones que harían palidecer de envidia al analista más pintado. Sí, podemos arreglar el país, enderezar el mundo y, si cabe, ajustar el recorrido cósmico de la Vía láctea. Pero nuestras vidas, las propias miserias, los errores de los que nunca aprendemos, ¿seremos capaces de lidiar con ellos?, ¿tendremos alguna receta a mano? -¿Y quién gana el campeonato?
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