Primer amor (Minificción)
Todas las noches me escapaba para espiarla. La visitaban hombres muy disímiles. Ella sabía que lo hacía, así que, cuando tenía poco trabajo, me llamaba para darme caramelos. Pero como era tímido, la obligaba a dejarlos sobre un peldaño. Olían a ella. Un día reuní coraje… Enseguida congeniamos y comencé a frecuentarla. Yo le leía -ella no sabía hacerlo- novelas románticas. «Si tuvieras edad», decía, y suspirábamos. Pero una tarde la casera me vapuleó: ella se había marchado. Como única despedida me dejó un sobre con un beso inmaculado. Entonces, desde que pude comencé a buscarla de burdel en burdel como a un fantasma.
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