Un comienzo hace ya más de 20 años
Una cita en el Centro Pignatelli
de Zaragoza, convocada en la prensa local a las 20 h. de un día cualquiera del
mes de marzo de 1985, para reflexionar y debatir qué hacer ante el problema de
la sequía del Sahel fue el origen de ASA. Los convocantes, Colectivo por la Paz
y el Desarme, Asociaciones de Vecinos, Comité cristiano de Solidaridad Oscar
Romero, quedaron gratamente sorprendidos por la presencia y variedad de gente
que llenó la sala 12 del Pignatelli.
Nuestra idea de solidaridad
La idea de organizarse y dar
cauce a sentimientos compartidos por mucha gente fue sentando las bases
ideológicas de lo que sería Acción Solidaria Aragonesa. Se definió una
organización,
·
Plural y
abierta en los aspectos confesional y partidista, pero comprometida con la
defensa de un orden mundial basado en la justicia, la solidaridad y la igualdad
entre los pueblos. Valores que se enmarcan en una crítica radical (en el
sentido literal: profunda, que va a la raíz de los problemas) al estado de
cosas existente.
·
Crítica con el modelo de desarrollo
capitalista imperante y, por ello, comprometida en la defensa de una concepción
de progreso respetuosa con la naturaleza y propiciatoria de una relaciones
sociales igualitarias y solidarias entre todos los pueblos del mundo. Defendiendo , apoyando y cooperando, en la
medida de sus posibilidades, con todas aquellas iniciativas y proyectos que,
partiendo de los propios colectivos y movimientos sociales explotados o
marginadas del sistema, persigan la construcción de alternativas al modelo
desarrollista y consumista que padecemos
·
Comprometida con todas las alternativas favorecedoras de un mundo más
justo, igualitario y solidario, donde prime la resolución pacífica de los
conflictos, en el que se respeten y profundicen los derechos humanos y en donde
se favorezcan los mecanismos de cooperación y participación entre semejantes
Se eligió
para su funcionamiento un modelo asambleario, con el menor grado de dirigencia
y en el que las decisiones y las responsabilidades se repartían entre todos. No
se quería “profesionales” de la solidaridad sino trabajo voluntario desde la
misma base social.
La autonomía del proceso se garantizaba al delimitar como ámbito de
acción la comunidad de Aragón. Se limitaba su crecimiento al ámbito aragonés
para así no depender de lugares alejados en la toma de decisiones.
A la hora de pensar el nombre, la mayoría aceptó como bueno el de
Acción, denotaba la voluntad de ser activos e ir más allá de la reflexión
teórica, Solidaria, marcaba el núcleo duro de todo el proceso: la solidaridad,
por último, Aragonesa, subrayaba la decisión de mantener una presencia en el
entorno comunitario. No desagrado la idea de los significados que encerraban
las siglas, mango, cogedor, agarradero, ...
Primeras decisiones. Solidaridad con Etiopía y campaña en favor del 0,7
La primera decisión asamblearia fue entrar en la grave crisis de la
sequía y la hambruna de Etiopía. Se materializó en una campaña de
sensibilización que llegó a todo Aragón. Se aprobó fletar un autobús de dos
pisos similar a los buses londinenses, que alguien pudo conseguir. En él se
instaló una exposición sobre el hambre en el mundo: su origen, sus causas, sus
efectos, las soluciones. Constaba de carteles, fotografías, diapositivas,
folletos y había vales – ayuda que pedían una colaboración económica para poder
comprar harina y enviarla a Etiopía.
Además de la ayuda concreta para el país africano se solicitaba apoyo,
por medio de firmas, a una solicitud dirigida a las Cortes de Aragón instando a
la creación de un Fondo Aragonés de Cooperación al Desarrollo y al compromiso
de las instituciones de destinar el 0,7 % de los presupuesto anuales a la ayuda
al desarrollo. El 31 de octubre de ese año, 1985, todos los grupos parlamentarios
firmaban una primera Proposición no de ley instando al Gobierno autonómico a la
creación de dicho Fondo.
El territorio de Aragón se recorrió de cabo a rabo, el mapa de las
rutas y la multitud de contactos en todos esos lugares pueden dar fe de ello.
En todos los lugares se completaba la presencia del autobús con conferencias o
talleres. En todos los lugares hubo una excelente acogida.
Para articular la ayuda se contacto con la “Plataforma 0,7% de
Cataluña” así como con Justicia y Paz. Nuestra idea inicial se modificó y se
transformó en el flete de un taller movible que se ocupara de la reparación de
vehículos ya que, según las informaciones, había mucha ayuda alimentaria pero
el problema de la distribución estaba por resolver. Era julio de 1986 cuando
salía el camión para Etiopía con la incomprensión por las dilatadas gestiones
burocráticas que entorpecían la materialización de la ayuda.
Fase de crecimiento
Desde el principio ASA apostó por
la coordinación con otros colectivos “afines”, dedicados a los temas
medioambientales, a la paz, a la objeción de conciencia, a los derechos
humanos. También en 1986, éramos admitidos en la Coordinadora Estatal de ONGD,
recién constituida.
Uno de los problemas que primero
surgió fue cómo compatibilizar nuestro compromiso con la injusticia y el
desequilibrio del mundo con los “Sures” que teníamos en nuestra comunidad. La
solución fue delimitar las tareas de ASA en el ámbito de la solidaridad con los
países empobrecidos y animar e impulsar entre nosotros la pertenencia a otras
organizaciones comprometidas con los problemas de aquí. ASA brindaría su apoyo
a las causas promovidas por otras organizaciones consideradas afines a nuestros
trabajos. La doble o triple militancia revertía en la propia organización que
de esa forma se integraba en los diversos movimientos socio – políticos de la
ciudad.
En estos primeros años, se
preparó una Guía de materiales de la paz, la solidaridad y el medio
ambiente. Se editó el primer número de la revista ¿Y el Sur?.
Se organizó el I ciclo de cine sobre Solidaridad y Dependencia Norte –
Sur.
También se empezó a celebrar en
1987, junto con otras organizaciones el llamado Día de la Solidaridad, que fue
creciendo paulatinamente hasta ocupar una semana en el mes de marzo con
presencia en la calle y actividades que culminaban con una fiesta en uno de los
parques de la ciudad. Íbamos ganando presencia social y creando tejido y red
con otros colectivos que darían su fruto años más tarde en la Federación
Aragonesa de Solidaridad (FAS).
En 1988, el Ayuntamiento de
Zaragoza concedía a ASA el Primer
premio por la Paz, en reconocimiento a la labor desarrollada en crear
sensibilidad y conciencia solidaria en la ciudad.
Cómo nos
organizamos
El trabajo se organiza en
comisiones. En un principio funcionaban tres comisiones, difusión, educación y
proyectos.
La de difusión se encargaba de
las relaciones con otras organizaciones, elaboraciones de trípticos,
calendarios, tarjetas, relación con medios de comunicación, realización de un
boletín, ¿Y el Sur? que aún se sigue editando. Últimamente, las labores
de difusión se asumen en la asamblea por las personas que se consideran más
adecuadas para tareas concretas.
La comisión de educación coordina
la participación en cursos, talleres, charlas, la adquisición y elaboración de
materiales educativos, exposiciones, relación con centros educativos.
La labor educativa era
fundamental y, por ello, se impulsó un Centro de Recursos para
ofrecer materiales y actividades a
centros educativos, centros de profesores, centros sociolaborales. El Centro de
Recursos edita periódicamente Guías de materiales
en las que se actualiza nuestra oferta.
Finalmente, la comisión de
proyectos colabora con iniciativas que surgen de las organizaciones de base de
los países del Sur, dirigidas a las necesidades y carencias que ellos vean más
cercanas y de mayor importancia. En su mayor parte, son proyectos que potencian
la formación, la organización, la defensa de los derechos humanos y la atención
a colectivos más vulnerables, pueblos indígenas, mujeres.
El futuro es un campo abierto
¿Tiene futuro ASA? No lo sabemos,
pero es indudable que ha cumplido un papel importante en el desarrollo de la
solidaridad con el Sur en Aragón y que su contribución en la tarea de conseguir
un mundo más justo tiene sentido. Aún con todo, la clave de su existencia la
dará el seguir impregnando nuestras vidas de la preocupación por el Otro, con
la convicción de que no vivimos aislados, sino relacionados, interpelándonos
mutuamente. Si eso sucede dentro de
ASA, o no, es secundario.