Antes de adentrarnos en un estudio más pormenorizado, quizás fuera interesante echar un vistazo a esta página para tener una visión de conjunto.
La prosa hasta 1255 Como señala López Estrada, el comienzo de la prosa medieval viene impulsado por dos factores: el uso cada vez más creciente de la lengua vulgar en el verso y la necesidad, de orden práctico en un principio, de escribir fueros locales y documentos de poca trascendencia, que después revierte en el uso de la prosa vernácula. Por ello, no es de extrañar que el contenido de las primeras obras prosísticas en romance se adscriban a En la primera mitad del siglo XIII los casos de historias romanceadas son todavía excepcionales ya que el gran corpus histórico se escribe en latín, que era la lengua culta de la época. Entre las primeras muestras destacaremos:
Como se puede ver, parece que la zona central de la Península se adelanta al resto en la utilización de la prosa romance. Las razones que pudieran explicar este hecho no están claras. En Castilla, a mediados del XII, también encontramos textos en prosa y romance, como el Fuero de Avilés y otros documentos notariales y jurídicos, pero -claro- su importancia para la historia de la literatura es infinitamente menor que la de los dos casos citados. Para ampliar, FERNÁNDEZ-ORDÓÑEZ, Inés. De la historiografía fernandina a la alfonsina. Otros géneros que empiezan a ser usados en castellano en esta época son: a) La Fazienda de Ultramar. 3. La literatura doctrinal Otras obras pertenecientes a este género son:
5. Orígenes de la prosa de ficción. El libro de cuentos
6. Obra jurídica. La producción jurídica alfonsina de este período está compuesta por tres obras: El Fuero real El Espéculo El Setenario
7. Obras científicas. El concepto de científico es muy amplio en la Edad Media y no se ajusta en casi nada al moderno. Alfonso X alienta la conocida como Escuela de traductores de Toledo (una relación de las personas que trabajaron en ella para el monarca castellano, aquí). Frutos de este apoyo regio son obras como:
La corte letrada de Alfonso X (Para ampliar). También es interesante el artículo Los intelectuales en la corte alfonsí. El saber y la literatura al servicio de la monarquía, de Georges Martin. Vista en su conjunto, la obra de este monarca posee un sutil carácter moral, ya que la concibe como un camino hacia la salvación del alma: Cada uno, cuanto más ha del saber, y más se llega a él por estudio, tanto más aprende y crece y se llega por ende más a Dios (General Estoria, II, p. 31b). Al mismo tiempo, parece querer afirmar en sus lectores y oyentes (los miembros de la corte permanente) una cosmovisión ordenada que les valiese para la vida social y el establecimiento de una convivencia dentro de unas normas de justicia iguales para todo el reino. En 1256 una embajada de la ciudad-estado de Pisa ofrece a Alfonso X la corona del Sacro Imperio Romano Germánico. Como este honor era electivo, el rey castellano no ahorra esfuerzos y compromete todo su prestigio de monarca letrado y las finanzas del reino para hacerse con la dignidad imperial. Sólo desde este punto de vista puede comprenderse el impulso bélico ("cruzada africana", conquista de El Puerto de Santa María, ataque de Orán) e ilustrado que propicia. Éste podría resumirse de la siguiente manera:
1. Libros sapienciales: Se recogen en este apartado una serie de obras que se caracterizan por:
Estos rasgos esenciales se pueden completar con los ya expuestos para el mismo género en el período anterior. Destacaremos los siguientes tratados: a) Libro de los cien capítulos. b) Libro de los buenos proverbios.
Las primeras "disputas" se habían plasmado por escrito a lo largo de la centuria anterior y en verso. Ahora asistimos a un nuevo género en el que personajes cuidadosamente seleccionados debatirán sobre temas cruciales ante un auditorio muy similar al que es receptor originario de la obra. a) Diálogo de Epitecto y el emperador Adriano. b) Historia de la donzella Teodor. c) Capítulo de Segundo filósofo.
3. Obras legislativas. Cuando en 1252 Alfonso X llega al trono, el cuerpo legal del reino contenía normas provenientes de los últimos tiempos de Imperio romano, de los visigodos y otras que fueron establecidas durante la reconquista. Por eso, uno de los afanes del monarca fue ordenar este caos al tiempo que afianzaba el poder real y su autoridad. Para ello inicia una reforma legislativa inspirada en el Digesto de Justiniano, texto que era el principal estudio en las escuelas de leyes de Bolonia y el Sur de Francia. Las Siete Partidas. Para ampliar:
4. Obras científicas. 1. El Libro del saber de astrología. 2. El Libro de las formas et de las imágenes. 3. El Libro de Picatrix. Para ampliar: ROTH, Norman. Jewish Collaborators in Alfonso's Scientific Work.
5. Obras históricas.
Alfonso X acomete esta tarea para exponer su pensamiento político y encontrar en el pasado razones que justifiquen tanto sus aspiraciones a la corona imperial como las relativas a construir un nuevo modelo político, constantemente rechazado por la nobleza. La producción histórica alfonsina se caracteriza:
Al contrario de lo que se suele pensar, sus dos producciones de este género (la Estoria de España y la General Estoria) debieron nacer a la par y, en ocasiones, compartir materiales. También es idéntico en ambas el principio fundamental de organización: la linna o liña de sucesión del imperium. Dentro del marco general de ésta, los compiladores suelen inclinarse por el sistema analístico, el cual supone un grave inconveniente para la casación de fechos complejos. A fin de resolver esta dificultad, crean lo que denominaron estorias unadas: unidades narrativas autónomas que concentran en un momento histórico todo el saber vinculado a un suceso o a un personaje. Esta organización narrativa predomina en la General Estoria y la departida o analística en la Estoria de España. Para ampliar:
6. La narración cortesana. La Historia troyana polimétrica. 7. Obras de entretenimiento.
La corte de Sancho IV (1284-1295) La llegada de Sancho IV al trono estuvo motivada, en parte, por el rechazo de un sector de la alta sociedad castellana a la política de Alfonso X y a su admiración por la cultura árabe y judía. Por ello, Sancho IV reaccionará contra estas tendencias, apoyado por su mujer, María de Molina. Esta actitud ortodoxa, acorde con el cristianismo y la moral conservadora se conoce como molinismo, cuyos principios básicos son : anteponer a Dios sobre todas las cosas, esforzarse en terminar las buenas obras y guiarse por la razón (el "seso natural"). La corte se convierte en asiento de un nuevo modelo cultural. Esto no significa que el entramado literario que había propiciado el Rey Sabio desaparezca, sino que se ajusta al nuevo marco ideológico con el que los nuevos monarcas quieren identificarse. Ahora, triunfará el cultivo de la razón (frente a la búsqueda del saber) y la defensa del cristianismo se realizará no sólo en el campo de batalla, sino en los textos (Barlaam e Josafat o la Gran Conquista de Ultramar, por ejemplo.) Menéndez Pidal calificó como “muy pobre y discutida” la actividad intelectual durante este reinado. No obstante, a la luz de las nuevas investigaciones, debemos replantearnos esta afirmación. Así, el profesor Orduna propone la existencia de un grupo intelectual surgido en torno a la escuela catedralicia de Toledo, con un proyecto cultural y político bien definido y cuya acción y estímulo determinó la aparición de un importante conjunto de textos, los cuales hasta ahora han sido vistos como hitos aislados o inconexos. Incluso piensa que la producción de Don Juan Manuel (amigo del arcediano Ferrán Martínez, posible autor del Zifar) y el Libro de Buen Amor podrían estar determinados por el programa cultural que elaboró la escuela catedralicia de Toledo. Atribuibles a esta élite muy cercana al rey Sancho IV serían: 1. Obras enciclopédicas: Libro del Tesoro, versión casi literal de Li livres dou tresor, de Brunetto Latini.
2. Obras doctrinales: Lucidario, traducción muy libre del Elucidarius de Honorio de Autun. Castigos y documentos del rey don Sancho (colección de sentencias e historias para la educación del príncipe heredero). Libro del consejo e de los consejeros
3. Obras historiográficas:
En contra de lo que pudiera pensarse, Sancho IV continúa la redacción de la Estoria de España, pero como medio de justificar los actos que lo han llevado al trono y de inculcar en la aristocracia un modelo de conducta caballeresca que la vincule a la corona. Es la que se conoce como Versión amplificada de 1289, cuya mayor importancia radica en que modificará profundamente el género historiográfico, pues pone los cimientos para que se pase de una "crónica general" (es decir, texto que pretende registrar todos los hechos acontecidos en España) a una crónica real (esto es, el que ajusta su relato a los sucesos de un reinado concreto).
Enlace externo: Historia del Cid (parte I y II) según la Versión amplificada de 1289.
4. Obras de ficción: la Gran Conquista de Ultramar (historia novelesca de las Cruzadas). De Fernando IV a Alfonso XI (1295-1350) Con la muerte de Sancho IV, su mujer, doña María de Molina, queda relegada en la corte a un segundo plano. Sin embargo, su papel será fundamental -primero como reina-madre y después como reina-abuela- a la hora de intentar mantener un orden social y político que dibujará los nuevos modelos de ficción. Enlaces externos:
1. Historiografía.
Para los sucesores de Alfonso X la historia ya no es tanto una interpretación del pasado para sostener el presente, cuanto un marco en el que justificar sus comportamientos políticos. Por tanto, no es raro que en el s. XIV adquieran especial valor las crónicas reales y que en el XV aparezca las llamadas Crónicas particulares.
2. La labor legislativa de Alfonso XI. Desde que el monarca asume la mayoría de edad en 1325, tres serán las claves de su pensamiento político:
Esta restauración toma cuerpo en tres ordenamientos:
3. El desarrollo de la ficción. Conviene aclarar que, siguiendo al profesor Gómez Redondo, utilizaremos el término romance en este contexto para referirnos a las obras de ficción en prosa. 1. Los romances de materia hagiográfica conocen en los años finales del siglo XIII y en las primeras décadas del XIV un gran desarrollo debido -sin duda- a la influencia de doña María de Molina. En este grupo destacan dos: la Estoria de Santa María Egiçiaca y El Cavallero Pláçidas. 3. Romances de materia caballeresca. 4. Romances de materia carolingia. 5. Romances de materia historiográfica: la Materia troyana. 6. Romances de materia de la Antigüedad.
4. La literatura para el entretenimiento cortesano. Bajo este epígrafe se recoge los numerosos tratados de caza, de entre los que destacaremos: A. El Libro de cetrería del rey Dancos: B. El Tratado de cetrería:
5. La propaganda religiosa y la afirmación doctrinal. El movimiento de renovación religiosa promovido por doña María de Molina no sólo toma cuerpo en obras literarias como el Libro del Cavallero Zifar, sino en tratados específicos que, a lo largo de la primera mitad del siglo XIV, comienzan a redactarse en castellano. Buenos ejemplos de ello son el debate titulado Visión de Filiberto y el Tractado de la Asunçión de la Virgen María del infante Don Juan Manuel. 6. Los tratados políticos.
El infante don Juan Manuel (1282-1348) Aunque construya su obra a lo largo del siglo XIV, su concepción cultural hereda los modelos literarios alfonsinos, pero tamizados por los valores morales y religiosos de la corte de Sancho IV. No en vano, los inicios literarios de Don Juan Manuel (entre 1320 y 1325) siguen la senda fijada por su tío Alfonso X para la prosa literaria: historia (Crónica abreviada), disposiciones jurídicas para la caballería, su estamento (Libro del cavallero et del escudero) y entretenimiento (Libro de la caza: introducción, bibliografía y texto).
1. Producción historiográfica.
El estudio y aprendizaje de la historia es un pilar básico en el sistema de educativo expuesto en el Libro de los estados: Et despues, deuen fazer quanto pudieren por que tomen plazer en leer las coronicas delos grandes fechos et de las grandes conquistas et delos fechos de armas et de cauallerias que acaesçieron (...) (Libro de los estados, I, LXVII). Según el Prólogo general, sobre esta materia había escrito dos obras: (...) et el otro, de la Crónica abreviada; et el otro, la cronica conplida (...). De las que sólo nos ha llegado la primera.
2. La reflexión sobre la caballería. Bajo este título vamos a incluir dos textos: el Libro del cavallero et del escudero y el Libro de los estados.
3. La prosa didáctica, doctrinal y de ficción. Aquí recogemos el Libro enfenido, el Libro de las armas, el Tractado de la Asunçión de la Virgen María y su obra más conocida: el Libro del conde Lucanor.
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De Pedro I (1350-1369) a Juan I (1379-1390) 1. La historiografía. Si un género literario se ve afectado por los acontecimientos políticos, éste es la historiografía. Es por ello que nada se nos ha conservado de la propiciada por Pedro I durante su reinado. En cualquier caso, es válido lo dicho sobre este género en el período anterior: Para los sucesores de Alfonso X la historia ya no es tanto una interpretación del pasado para sostener el presente, cuanto un marco en el que justificar sus comportamientos políticos. Por tanto, no es raro que en el s. XIV adquieran especial valor las crónicas reales y con ellas la figura del Canciller Pero López de Ayala.
2. Los libros de viajes. Bajo este epígrafe caben guías de peregrinación, recorridos de mercaderes, enciclopedias geográficas, relatos maravillosos y aventuras particulares. Según Pérez Priego, estas obras comparten los siguientes rasgos:
Los textos más destacados de este género son:
Enlaces externos:
3. La hagiografía.
4. La cuentística y la prosa doctrinal. La cuentística sufre, en esta segunda mitad del siglo, una curiosa evolución: apenas hay género literario que no incluya exempla en muchas de sus manifestaciones, pero no se realizan colecciones concretas. A excepción del Libro de los gatos y de los Enxemplos que pertenesçen al Viridario.
No fue fácil el reinado de este monarca. Además de a la crisis económica, tuvo que enfrentarse a otros dos importantes problemas:
1. La historiografía. Como ya hemos visto, el advenimiento de los Trastámaras propició el desarrollo de las crónicas reales como forma de explicar el presente y dotarlo de un entramado ideológico propio. La consecuencia lógica de esta reducción del punto de vista historiográfico será la aparición de las crónicas particulares: biografías de personas que querrán dejar en el tiempo su huella a fin de justificar unas determinadas acciones. Por lo tanto, el siglo XV no es el mejor momento de las crónicas generales. Aunque hay algunas reseñables:
2. Las relaciones de viajes:
Juan II (1406-1454) La literatura de este periodo es, en buena parte, consecuencia de los enfrentamientos de tres círculos de poder:
1. La historiografía. 1. La Crónica de Juan II. 2. La Crónica del Halconero. 3. La llamada Refundición del Halconero. 4. Las Crónicas particulares. Mucho se ha discutido sobre el posible prehumanismo hispánico. Sin embargo, éste no es posible por varias razones:
Sí se crearán círculos literarios y talleres de producción libresca que dependerán por entero de la curiosidad y diligencia de quien los promueva. 1. Enrique de Villena (1384-1434). 2. Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana (1398-1458).
3. El orden cultural de la realeza. Pocos reyes ha habido tan inhábiles en el ejercicio de la política y tan atentos a la promoción y traducción de obras como Juan II. Así lo describe Fernán Pérez de Guzmán en sus Generaciones y semblanzas: Plaziale oyr los omes auisados e graçiosos e notaua mucho lo que dellos oya, sabia fablar [e] entender latin, leya muy bien, plazianle muchos libros e estorias, oya muy de grado los dizires rimados e conoçia los viçios dellos, auia grant plazer en oyr palabras alegres e bien apuntadas, e aun el mesmo las sabia bien dizir. Usaua mucho la caça e el monte e entendia bien toda la arte dello. Sabia del l´arte de la musica, cantaua e tañia bien, e aun en el justar e juegos de cañas se auia bien. Pero como quier que de todas estas graçias ouiese razonable parte, de aquellas que verdaderamente son virtudes e que a todo ome, e prinçipalmente a los reyes, son nesçesarias, fue muy defetuoso. Aunque no hay que olvidar que contó con una cancillería gobernada por la familia Santa María y con un consejo formado por doctores y religiosos instruidos, a quienes encargó tratados de muy diferentes disciplinas.
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4. Los tratados enciclopédicos: Sin alcanzar el desarrollo de la corte alfonsí, entre 1430 y 1450 se vuelve a promover por iniciativa regia este tipo de textos. Seguramente, el fruto más granado de este impulso sea la Visión deleytable del bachiller Alfonso de la Torre. 5. El desarrollo de las cuentística: Aunque este género va a quedar alejado de la literatura cortesana y de la ficción, esto no supone su decadencia ya que adquirirán una orientación básicamente religiosa, lo que propiciará la formación de colecciones y su pervivencia. Las principales compilaciones de este periodo son:
6. Los nuevos desarrollos de la ficción. La ficción necesita, ante todo, un público que se vea reflejado en ella. Por eso, la transformación de éste o el planteamiento de nuevos problemas hace que una obra se transforme (así ocurrió, por ejemplo, con el Zifar, en el que la concepción de la tercera parte es muy distinta a de la primera) o que los discursos narrativos cambien. Hasta ahora, el amor ha jugado un papel importante en los textos medievales, pero no ha sido preponderante. En esta centuria el público de los romances exige que se le preste una atención mayor. Pero antes de que esto ocurra se debe crear la "realidad sentimental". Si tuviéramos que poner fechas a la "invención", serían la de los años 1428 a 1441 pues en ellos se compila el Cancionero de Baena, cuyo prólogo define al cortesano como poeta y amador, se redacta una tratadística que reflexiona sobre el amor y la importancia que se le debe conceder a las mujeres en este marco y se traduce y glosa textos relacionados con el tema. 6.1 Los tratados de amor y pedagogía. Antes de que el amor entre en la ficción hubo todo un entramado de reflexiones teóricas, surgidas en los claustros universitarios y posteriormente trasladadas a la corte. A ellos dedicamos este epígrafe. Uno de los primeros cauces en la formación de la ideología sentimental es el Breviloquio de amor y de amiçiçia de Alfonso Fernández de Madrigal. Tratado de cómo al hombre es necesario amar Tratado de amor atribuido a Juan de Mena.
6.2 La tradición literaria de la ficción sentimental. Junto a los tratados antes vistos, una serie de textos van creando un nuevo público que será el receptor perfecto de la ficción sentimental. Señalemos, en primer lugar, el Cancionero de Baena, cuyo prólogo dibuja ya un cortesano nuevo. Éste no debe conformarse con la lectura de estorias ni con los deportes de siempre, sino que debe aprender y practicar un arte nuevo: la poetrya e gaya çiençia, reservado a quien sea de muy altas e sotiles inuençiones, e de muy eleuada e pura discreçion, e de muy sano e derecho juysio, e tal que aya visto e oydo e leydo muchos e diuerssos libros e escripturas e sepa de todos lenguajes, e avn que aya cursado cortes de rreyes e con grandes señores, e que aya visto e platicado muchos fechos del mundo, e, finalmente, que sea noble fydalgo e cortes e mesurado e gentil e graçioso e polido e donoso e que tenga miel e açucar e sal e ayre e donayre en su rrasonar, e otrosy que sea amador, e que siempre se preçie e se finja de ser enamorado; porque es opynion de muchos sabyos, que todo omme que sea enamorado, conuiene a saber, que ame a quien deue e como deue e donde deue, afirman e disen qu´el tal de todas buenas dotrinas es doctado. (Cancionero de Juan Alfonso de Baena. Edición crítica por José María Azaceta. Tomo I. Madrid, CSIC, 1966, pp. 14 y 15). También era importante que las fábulas de la Antigüedad fueran vistas como algo útil y para ello interpretarlas de forma alegórica es fundamental. Aunque la técnica no es nueva (ya la usó Alfonso X), debemos reconocer que algo está pasando cuando, por la misma época, Enrique de Villena escribe Los doce trabajos de Hércules, se traduce por petición expresa de algún cortesano la Genealogiae deorum de Boccaccio o el Tostado redacta Las diez qüestiones vulgares. Por último, se vierten al castellano obras que hagan público y que puedan servir de modelos para la nueva ficción. Pienso, por ejemplo, en la Fiammetta y su reverso el Corbaccio, ambas de Boccaccio, o la Confessio amantis de John Gower. 6.3 La definición de la mujer. La novela sentimental hará de la mujer su elemento central. Antes de que esto ocurra, una serie de textos examinarán las distintas facetas de la condición femenina. Los más importantes son:
Enlace externo: María del Pilar Rábade Obradó. El arquetipo femenino en los debates intelectuales del siglo XV castellano.
Enrique IV (1454-1474) El reinado de este monarca tampoco fue fácil. A los problemas que ya tuvo su padre con la nobleza y por causa de los validos, hay que añadir el de la cuestión sucesoria: ante las dudas sobre la paternidad de su hija Juana, se vio obligado a nombrar como sucesor a su hermano Alfonso, quien murió en 1468. Con este fallecimiento no se resuelve la cuestión ya que los partidarios del infante apoyarán ahora a Isabel, hermana del rey, quien será reconocida como heredera mediante el tratado de los Toros de Guisando. Sin embargo, su concepción de la monarquía hace que sus aliados la abandonen y pasen a defender la candidatura de su sobrina Juana. Finalmente, los tratados de Alcaçovas (1479) dejarán a Isabel como única pretendiente al trono y reina de Castilla, por la muerte de su hermano en 1474. 1. Tratadistas políticos.
2. Escritores religiosos. 3. La ficción sentimental.
4. Los libros de viajes. Los viajes al extranjero no son raros bajo los Trastámaras. Recuérdese, por ejemplo, la Embajada a Tamorlán de Ruy González de Clavijo, a Alfonso de Cartagena, delegado español en el Concilio de Basilea entre 1434 y 1439, o a Diego de Valera, quien completara su formación caballeresca en diferentes cortes europeas. Un nuevo nombre debemos añadir a esta lista de ilustres viajeros hispanos: Pero Tafur
Los Reyes Católicos (1474-1504) 1. Los libros de caballerías. Los que tratan de hazañas de caballeros andantes, ficciones gustosas y artificiosas de mucho entretenimiento y poco provecho, como los libros de Amadís, de don Galaor, del Caballero de Febo y de los demás. Así define Sebastián de Cobarruvias en su Tesoro de la lengua castellana o española (1611) los libros de caballerías.
2. La historiografía. Según Robert B. Tate (Ensayos sobre la historiografía peninsular en el siglo XV. Madrid, Gredos, 1970, p. 209), (...) hay diversos factores que distinguen la historiografía de esta época con la de los reinados precedentes. En primer lugar, la Corona da muestras de un interés creciente por la historia, tanto en romance como en latín (...). En segundo lugar, se nombran historiadores que no son, como era costumbre, secretarios reales, sino personas cualificadas por haber recibido formación académica, preferiblemente en el extranjero. (...) En tercer lugar, se encarga a estos historiadores tanto la preparación de obras, principalmente en latín, como la traducción de las crónicas vernáculas a esta lengua. Todo esto apunta a un cambio de enfoque que puede ponerse en conexión con la práctica en otros países europeos. (...) Parece claro que los Reyes Católicos, particularmente Fernando, (...) deseaban publicar en el extranjero la historia de su país. Esperaban disipar de esta manera la leyenda de una España bárbara y acrecentar su propia reputación como monarcas ilustrados y cultos. La Crónica incompleta de los Reyes Católicos. 3. Las colecciones de exempla. 4. La reflexión sobre la nobleza.
5. La novela sentimental.
6. Los libros de viajes. El Viaje de la Tierra Sancta de Bernardo de Breidenbach. |
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