Esteban me dijo: “escribí sobre lo que quieras; tenés dos páginas” “Evolución Comics…, evolución comics”- creo que soñé varias noches con la revista. Soy un tipo reflexivo (¡ja!), así que, entre cavilaciones y amaneceres, mirando regresar con su presa a una lechuza rumbo a un complejo habitacional aledaño, saltó la chispa genial: ¿y si comenzaba por el principio?
Porque, a ver amigos… una cosa es leer cómics y otra cosa es preguntarse cómo y cuándo surgió este arte –que algunos sostenemos como tal, y otros denigran (a estos últimos habría que decirles –remedando la cita religiosa-: “Perdónalos, Señor, porque no saben lo que dicen”).
Pero vamos a entrar en el tema, y sin mucha solemnidad. Hace mucho, mucho tiempo, dos grupos de cazadores se encontraron. No pertenecían a la misma tribu. Se miraron de reojo, y luego uno habló. No le entendieron un pito. Así que uno que parecía mejor preparado, con un palito, dibujó sobre el suelo algo parecido a un mamut. Allí la tensión se rompió. Otro de la tribu opuesta también cortó una ramita, y con el tronquito dibujó lo que parecía el mismo mamut y macaquitos que los representaban a ellos, siguiéndolo. Todos afirmaron con la cabeza. La historia termina en que se pusieron de acuerdo en sumar fuerzas, perseguirlo juntos, cazarlo y luego repartir su carne. Más tarde, en una cueva, un inspirado artista trasladó a una des sus paredes la representación de aquella jornada.
Reflexión primera: la imagen fue el primer lenguaje universal, el Esperanto que permitió entenderse sin tener que hacer cursos de lenguas exóticas en ninguna academia.
Y la imagen, al igual que el perro, llegó para quedarse al lado del hombre. Miles de años después, sin problemas de papeleras, la imagen se sentó a la diestra de la poderosa prosa. Cientos de publicaciones, algunas de ellas humorísticas, introdujeron dibujos con textos abajo. A alguien se le ocurrió rodear el dibujo con un borde que le separaba de otro. Y así, gente diestra en el dibujo, se puso a contar historias.
Esto sucedía en los siglos XVIII en Inglaterra y XIX en Francia, Suiza y Alemania. Se considera etapa pre-comic a aquellos relatos con textos de apoyo al pie que, en general, reiteraban lo que el lector veía en los cuadritos dibujados.
En los EEUU de Norteamérica sucedía algo parecido. Revistas humorísticas y satíricas apoyaban con imágenes el texto. Pero el siglo XIX también se iba a caracterizar por adelantos tecnológicos. Así la presa se benefició con el invento de la rotativa de dos cilindros, creada por Hoe en Philadelphia y del desarrollo de la publicidad. También las comunicaciones se vuelven más rápidas ante el invento del teléfono, o el tendido de cables submarinos entre el viejo continente y el nuevo.
Otro factor, nada menos importante, que desencadenará un fenómeno más tarde conocido como “funny” se origina en las grandes masas de inmigrantes que llegaban a los EE.UU. desde Europa. Para llegar a ellos, la prensa innova editando productos que logren captar su atención: la aparición de suplementos.
Dos órganos de prensa escandalosos se enfrentan en tal sentido. The New Cork World, de Joseph Pulitzer, edita un suplemento, con alguna página a color, el 9 de abril de 1893, contratando a un dibujante, Richard Outcault.
Una de las páginas que éste ilastra, se llama “Hogan ´s Alley” (El callejón de Hogan, un lugar donde suelen reunirse los inmigrantes). En el conjunto de personajes, se destaca un niño con extraña apariencia, vistiendo un camisón de dormir. En algunas oportunidades, en dicho camisón aparecía alguna leyenda, mensajes que el autor ponía. El 5 de enero de 1896, por primera vez, dicho camisón es usado para aplicar el color más difícil de lograr hasta ese momento: el amarillo (de allí en adelante, lo de prensa amarilla). A partir de entonces, el personaje comienza a conocerse como el chico amarillo, y es un éxito.
Pero como nada es eterno, a Pulitzer le aparece un recién llegado que ha comprado un periódico. Se trata de William Randolph Hearset, y el Morning Journal. Parece ser que Outcault no estaba conforme con Pulitzer, y Hearst aprovechó la oportunidad de ofrecerle un sueldo más elevado, y termina llevándoselo con él. El 18 de octubre de 1896 aparece el suplemento American Humorist con 8 páginas a todo color. Outcault se ha llevado consigo su personaje, El Chico Amarillo, y el 25 de octubre ofrece a sus lectores una plancha con cinco viñetas en la que por primera vez innova incorporando un globo de diálogo, de modo tal que cada imagen por sí misma no dice nada, pero considerando el globo como elemento vinculante, la historia de The Yellow Kid y su nuevo gramófono se hace comprensible.
¿Ha nacido el comic?
Bueno, si nuestro director Esteban nos concede en el próximo número un nuevo espacio, prometemos contarles el final de esta historia. ¿Uds, que solamente Sherezade conseguía prolongar su vida difiriendo para el día siguiente el final de las suyas?
Hasta el mes que viene
Profesor Pistacho