CECILIO VIDALES. La ocupación de las tropas francesas de la ciudad de Zamora desde principio de enero de 1809 hasta junio de 1813 tuvo graves repercusiones para la ciudad de Zamora, pero también para los pueblos de su Tierra. Los franceses pensaban encontrar una Castilla rica en recursos, pero hallaron una economía castellana desorganizada y sumida en la pobreza con graves problemas seculares.
El fracaso de las tropas españolas ante el empuje de los ejércitos franceses produjo un sentimiento de pesimismo y abatimiento entre la población zamorana y sus autoridades comprendieron que no podían oponer resistencia a las poderosas fuerzas francesas. La derrota de Bailén (19 de junio de 1808) fue un ligero alivio para la ciudad, aunque fue solamente un espejismo pues la llegada de Napoleón en noviembre para imponer su dominio en las tierras castellanas, supuso una vuelta a la cruda realidad. Las tropas francesas tomaron Benavente el 3 de enero de 1809, donde encontraron una ciudad desolada por los saqueos de las tropas inglesas. A pesar de todo hubo dos intentos fallidos de oponer resistencia al invasor la noche del 5 de enero en Monfarracinos y al día siguiente en el puente de Villagodio antes de entrar a la ciudad, que se resuelve con un fatal enfrentamiento donde perdieron la vida infructuosamente un millar de valientes zamoranos. Parece que fue un pequeño conato de resistencia con más audacia que organización, cuyo resultado fue intrascendente pues la llegada de la división del general Lapisse resultó aplastante para tomar la ciudad el día 10 de enero sin ninguna dificultad.
El 6 de enero a las diez de la mañana una columna de Dragones franceses, compuesta por unos seiscientos soldados, ocupó Cubillos durante siete días, maltrató a sus habitantes y saqueó sus casas. El párroco de la iglesia de San Juan de esta localidad zamorana describe con detalle el expolio a que fue sometida su iglesia convertida en establo de las caballerías: robaron los vasos sagrados y los ornamentos litúrgicos, quemaron las andas de los santos e hicieron desaparecer las imágenes de la Virgen, San Juan y San Roque. Igual suerte corrió la otra parroquia de Cubillos, titulada iglesia de Santa María, puesto que tuvo que adquirir un incensario nuevo ese año porque el anterior había padecido el mismo naufragio que el resto de las alhajas de la iglesia.
Los días 8 y 9 de enero las tropas francesas se hallaban en Fresno de la Ribera reponiendo fuerzas antes de la entrada a la capital. El paso del ejército francés por el pueblo fue catastrófico pues se apoderaron de sus viandas, de tres mil cántaros de vino de sus bodegas, del trigo, centeno y cebada almacenadas en sus paneras y la paja de los pajares para alimento de sus caballerías. No solo hicieron acopios de alimentos, sino que causaron graves destrozos en los edificios y, sobre todo, expoliaron todos los objetos de valor que encontraron en la iglesia (cálices, patenas, cruz parroquial, incensario, coronas, etc) Solamente se libraron del saqueo el copón con las sagradas formas, las ampollas de los Santos Óleos y la concha de bautizar por estar ocultos. Además rompieron las puertas del templo y de la sacristía y ultrajaron las vestiduras litúrgicas. Pasado el peligro, tuvieron que comprar a la iglesia de Coreses un cáliz, una patena y una cucharilla para decir misa. Conocemos con detalle la invasión napoleónica a Fresno gracias a un informe que escribe Juan Manuel Ortiz como "fiel de fechos" del pueblo, documento que se halla recogido en el libro de la Cofradía del Santísimo de la parroquia y custodiado actualmente en el Archivo Diocesano de Zamora.
La llegada masiva de tropas provocó una fuerte demanda de abastecimientos para alimentar al ejército y su caballería que provocará un mayor empobrecimiento de la provincia. Los primeros meses de 1809 se caracterizaron por las requisas incontroladas de productos, los expolios de sus templos, la siega de sus campos y la presencia abusiva del poder francés.
La contribución militar fue exigida con toda crudeza so pena de imponer una exacción de mayor dureza, siendo aceptada la situación a regañadientes por la mayoría de la población. Hubo una minoría de la población más adinerada y cercana al poder, que aceptó de mejor grado la situación con ciertas dosis de espíritu colaboracionista por sentido pragmático o por prudencia. Pero entre la mayoría de los habitantes de nuestros pueblos esta situación de imposición de un poder extranjero fue generando un intenso odio hacia los franceses porque les arrebataron aspectos básicos de su vida como eran los recursos económicos, sus valores tradicionales y su patrimonio religioso.
Destrucción patrimonial
Los años de ocupación resultaron letales para la conservación del patrimonio artístico de nuestros pueblos por la destrucción de sus bienes, por la pérdida de las alhajas eclesiásticas debido a la rapiña de las tropas y por la ruina de algunas ermitas ante la pérdida de los bienes de las cofradías.
Se impusieron a Zamora y a su tierra varias contribuciones especiales que fueron repartidas entre los distintos Concejos afectados para su recaudación. Como los pueblos se encontraban en una lamentable situación económica porque sus míseros presupuestos entonces apenas servían para cubrir mínimas necesidades, tuvieron que pedir ayuda a las instituciones eclesiásticas locales para hacer frente a las contribuciones de guerra exigidas. En primer lugar se buscó la ayuda de las Fábricas Parroquiales que disponían de paneras donde recogían los granos de los diezmos. Tras el préstamo de los granos disponibles, vino la necesidad de recoger la plata de los vasos y ornamentos litúrgicos, las alhajas de la Virgen y cualquier otro objeto de valor que se dispusiera a mano. Así fueron arrebatados, entregados o vendidos cálices, copones, coronas, rostrillos, cruces, lámparas, incensarios, broches, etc.
Expolios en Tierra del Pan
Coreses. La iglesia entregó a los alcaldes 15.594 reales en granos de su panera decimal y varias alhajas del templo parroquial, con la obligación de devolverlos. El Concejo reintegró quince mil reales para la financiación de las obras que realizó la iglesia en 1850. Además el pueblo se vio obligado a enajenar parte de su patrimonio municipal por valor de 22.284 reales para satisfacer las sucesivas contribuciones impuestas al pueblo.
En 1808-1809 se llevaron de la panera de los diezmos para consumo de las tropas imperiales: 24,5 fanegas de trigo y 27 fanegas de cebada. Luego se reflejan otras partidas entregadas al alcalde para el mismo fin de 72 fanegas de trigo, 25 fanegas de cebada, 12 fanegas de centeno y 3 fanegas de muelas.
El párroco nos informa que el general Lapisse se llevó como contribución de guerra 32,5 libras de plata que pesaron las alhajas de la iglesia, valoradas a 12,5 reales la onza, sumaban 9.100 reales. Entre las piezas más valiosas seguramente se encontraría la lámpara del altar mayor que era "de plata exquisita y de muy primorosa construcción" según describía el geógrafo Tomás López a finales del siglo XVIII; esta lámpara había sido regalada por Diego Lope de Castañón a la iglesia con el legado de 1600 reales que había dejado en su testamento de 1609.
Las contribuciones de guerra se suceden y en el pueblo "los vecinos están miserablemente pobres a causa de las muchas contribuciones y desfalcos de las tropas". Reunido el Concejo, los alcaldes dan cuenta de que en el repartimiento les piden 5.000 reales y además deben dos mensualidades anteriores. Ante la situación, el Concejo da poder a los alcaldes y regidores para que vendan propiedades municipales hasta cubrir los débitos a vecinos del pueblo o forasteros. Estas ventas quedan registradas desde el 14 de enero de 1811 hasta noviembre del mismo año. En total, se enajenaron una casa y 118 fanegas de tierra compradas por vecinos del pueblo, obteniendo el Concejo 22.284 reales y 28 maravedíes por su venta.
El párroco explica en el libro de la Cofradía del Santísimo que en tiempo de los franceses, todo era poco para pagar las contribuciones impuestas; entonces un alcalde "inconsiderado" sin consultar a la cofradía ni al párroco vendió la tierra que había entregado el Concejo a la citada cofradía para sufragar sus gastos. Pasados algunos años, se llegó a un acuerdo con el Concejo para recuperar la finca con la cesión de una majada municipal. La Cofradía de Ánimas también se vio en problemas durante los años 1806-1825 por la acción de un mayordomo que vendió las tierras y por perderse el rebaño, lo que significó que no hubiera funciones de la cofradía, solamente el culto a expensas de una devota. Pasado ese tiempo se recuperó el normal funcionamiento.
Las tropas francesas se llevaron de Algodre una lámpara de 200 onzas de plata, que D. Bernardino de Miranda, cura del pueblo dejó en testamento a la iglesia además de otras propiedades rústicas y urbanas. Además de esta lámpara, valorada en 5500 reales, se incautaron de la cruz parroquial de plata como contribución que tuvo que pagar este lugar. Para evitar la rapiña francesa, los mayordomos que administraban la iglesia acuerdan vender las primicias que cobraba la parroquia enseguida para no tener grano en depósito.
El 31 de enero de 1809 los alcaldes de Benegiles recibieron 184 onzas, valoradas en 5.050 reales, que pesaron varias alhajas de la Iglesia, entregadas por el párroco D. Juan Manuel Martínez para cubrir el cupo que le tocó a dicho pueblo cargado a Zamora y sus partidos por los franceses.
La Fábrica Parroquial de Gallegos del Pan se vio obligada a prestar en el periodo de 1809 a 1812 al Concejo del pueblo 8.520 reales en dinero y varias cantidades en grano: 55 fanegas de trigo, 15,5 fanegas de cebada y 11,5 fanegas de muelas. El Concejo de Gallegos devolvió parte de la deuda en el arreglo de la iglesia de 1820 con la aportación de 1886 reales para su obra. La francesada pudo costar al Concejo de Villalube según el préstamo de la iglesia local, 25.078 reales y 12 maravedíes más 87,5 fanegas de trigo.
Una nota del libro de Fábrica de la parroquia fechada en 1816 informa que el Concejo debía a la Iglesia de Villalube 15.332 reales y otros vecinos 5.292 reales y 87,5 fanegas de granos que fueron prestados en tiempos de la guerra .
En 1814 se anota en el Libro de Fábrica de Monfarracinos la deuda que tenía contraída el Concejo con la Parroquia, entregada por orden del Gobernador del Obispado para cubrir las contribuciones de la Guerra de la Independencia por valor de 2.100 reales. Los vecinos de Aspariegos debían a la Fábrica parroquial 227 onzas de plata entregadas en varias alhajas de la iglesia al alcalde en el año 1809; préstamo que se repitió al año siguiente en la cantidad de 85 onzas de plata para hacer frente a las contribuciones. En Fontanillas la Fábrica de la Parroquia entregó en 1809 a la Justicia local 81 onzas de plata.