A Un Olmo Seco Al olmo viejo, podrido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido. ¡El olmo centenario en la colina que lame el Duero! Un musgo amarillento le mancha la corteza blanquecina al tronco carcomido y polvoriento. No será, cual los álamos cantores que guardan el camino y la ribera, habitado de pardos ruiseñores. Ejército de hormigas en hilera va trepando por él, y en sus entrañas urden sus telas grises las arañas. Antes que te derribe, olmo del Duero, con su hacha el leñador, y el carpintero te convierta en melena de campana, lanza de carro o yugo de carreta; antes que rojo en el hogar, mañana, ardas, de alguna mísera caseta, al borde de un camino; antes que te descuaje un torbellino y tronche el soplo de las sierras blancas; antes que el río hasta la mar te empuje por valles y barrancas, olmo, quiero anotar en mi cartera la gracia de tu rama verdecida. Mi corazòn espera también, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera. Antonio Machado Cancioncilla de amor a mis zapatos Los zapatos en que espero el tiempo de mi partida tienden dos alas de cuero para sostener mi vida. Bajo la suela delgada siento la tierra que espera.... Entre la vida y la nada ¡qué delgada es la frontera! Rafael Morales Oda al libro (II) LIBRO hermoso, libro, mínimo bosque, hoja tras hoja, huele tu papel a elemento, eres matutino y nocturno, cereal, oceánico, en tus antiguas páginas cazadores de osos, fogatas cerca del Mississippi, canoas en las islas, más tarde caminos y caminos, revelaciones, pueblos insurgentes, Rimbaud como un herido pez sangriento palpitando en el lodo, y la hermosura de la fraternidad, piedra por piedra sube el castillo humano, dolores que entretejen la firmeza, acciones solidarias, libro oculto de bolsillo en bolsillo, lámpara clandestina, estrella roja. Nosotros los poetas caminantes exploramos el mundo, en cada puerta nos recibió la vida, participamos en la lucha terrestre. Cuál fue nuestra victoria? Un libro, un libro lleno de contactos humanos, de camisas, un libro sin soledad, con hombres y herramientas, un libro es la victoria. Vive y cae como todos los frutos, no sólo tiene luz, no sólo tiene sombra, se apaga, se deshoja, se pierde entre las calles, se desploma en la tierra. Libro de poesía de mañana, otra vez vuelve a tener nieve o musgo en tus páginas para que las pisadas o los ojos vayan grabando huellas: de nuevo descríbenos el mundo los manantiales entre la espesura, las altas arboledas, los planetas polares, y el hombre en los caminos, en los nuevos caminos, avanzando en la selva, en el agua, en el cielo, en la desnuda soledad marina, el hombre descubriendo los últimos secretos, el hombre regresando con un libro, el cazador de vuelta con un libro, el campesino arando con un libro. Pablo Neruda A la máquina de escribir Bufanda bicolor, cuello desierto de piano encolado en escalera; fulgurante tiniebla literaria de reposo en la mesa te sé cierto, arco de las letras, sí, adorno muerto el carro de la farsa y la tragedia. Otrora de los tipos metralleta, Novelista o poeta-oficio incierto-, lanzó con el furor del huracán Los dardos acerados de la prosa, O blando voló el verso del galán como en alas de leve mariposa A besar-¡oh delicado batán!- rodillo de amasar la celulosa. J. Reboredo El acuario (Transcribo del original sin signos de puntuación y mayúsculas) la líquida jaula estaba apagada pero el ruído en la oscuridad de los peces se hizo cálido más tranquilo como el sopor de las noches de vino me latía solamente el cinturón y la nuca L. Eduardo Aute Nada más Con esta moneda Me voy a comprar Un ramo de cielo Y un metro de mar, Un pico de estrella, Un sol de verdad, Un kilo de viento, Y nada más. María Elena Walsh Esta será na morte a miña última palabra: quen me dera ser gata para vivirte sete veces. Olga Novo (Vilarmao, Lugo, 1975) Nós nus, 1997 os reloxos salfiren de tempo o meu tempo de reloxos Rafa Villar (Cee, 1968), casa ou sombra,1997 Es doce como o soño degolado, doce folla de aceiro dun coitelo, doce como a nudez do carambelo, doce sangue vermello derramado. Es doce como o verso encabalgado, doce palabra libre e pesadelo, doce como ese son do violonchelo, doce canto, barítono do agrado. Es doce como a noite pequerrecha, doce casa común, tobo futuro, doce como asubío dunha frecha, doce zume, morango ben maduro, doce como o sendeiroi dunha crecha, doce exaculación a ben seguro. Miro Villar (Cee, 1965), Ausencias pretéritas ,1992 A estas alturas nada colle nun poema, todo semella tan acho que soborda a cousa ruín dunha palabra. A estas alturas nada colle nun poema porque desencadeas, amor, a vida aberta fóra do papel. Daniel Salgado (Monterroso, 1981) Sucede, 2004 Cogí el vestido que tanto le gusta a mi amigo, cogí el vestido y volaron mariposas y lo enredé en mi pecho con tres deseos de hiedra. (A las velas del barco blanco que no me olviden, al pájaro que no me cante en la rama de la flor del dolor y al agua que mi amigo me llame cuando lo lave.) Almudena Guzmán (Navacerrada, Madrid, 1964), Calendario, 1998 Cálculo "Sólo dos palabras y sobran cuatro cinco seis nueve". Luis Eduardo Aute Comentario al poema Cálculo.- Cuando leemos el número 4, son seis las palabras recorridas y, en consecuencia sobran cuatro para quien sólo pretendía decir "dos palabras". Al avanzar: cinco, seis .. Continúa creciendo y simultáneamente designando al número de palabras "que sobran". Hay dos huecos después para unos ausentes "siete" y "ocho" previos al "nueve" final, cifra que de esta forma continúa la serie creciente de palabras "superfluas" y es a su vez la suma total de las que intervienen en el ejercicio poético. (Emilio P Gómez) Adivinanza Soy y seré a todos definible, mi nombre tengo que daros, cociente diametral siempre inmedible soy de los redondos aros. Golmayo, Manuel El poema permite recordar las veinte primeras cifras de Pi, sin más que contar las letras en cada palabra Pi= 3.1415926535897932384 62642 Sistema de ecuaciones Uno es dos menos uno soledad es uno menos todos los demás Guinda, Ángel XV Más allá de la Tierra, más allá del Infinito, buscaba yo el Cielo y el Infierno. Pero una voz grave me dijo: " El Cielo y el Infierno están en ti". XXVI El mundo inabarcable: un grano de polvo en el vacío. Toda la ciencia del hombre: palabras. Los pueblos, las bestias y las flores de los siete climas: sombras. El fruto de tu constante meditación: la nada. Khayyan, Omar Poeta (e matemático) persa século XI As súas poesías coñecense polo nome de Rubaiyats Oda al número 0 Redonda negación, la nada existe encerrada en tu círculo profundo y ruedas derrotado por el mundo que te dio la verdad que no quisiste. Como una luna llena es tu figura grabada en el papel a tinta y sueño. Dueño de ti te niegas a ser dueño de toda la extensión de la blancura. Tu corazón inmóvil y vacío ha perdido la sangre que no tuvo. Es inútil segar donde no hubo más que un cuerpo en el cuerpo sin baldío. Redonda negación, redonda esencia que no ha podido ser ni ha pretendido. Sólo la nada sueña no haber sido porque no ser es ser en tu existencia. Enrique Morón Windows 98 Antes del fax del modem y el e-mail la vergüenza era sólo artesanal la mecha se encendía con un fósforo y uno escribía cartas como bulas antes los besos iban a tu boca hoy obedecen a una tecla send mi corazón se acurruca en su software y el mouse sale a buscar el disparate cuando me enamoraba de una venus mis sentimientos no eran informáticos pero ahora debo pedir permiso hasta para escribir con el news gothic te urjo amor que cambies de formato prefiero recibirte en times new roman mas nada es comparable a aquel desnudo que era tu signo en tiempos de la remington. Mario Benedetti A la divina proporción A ti, maravillosa disciplina, media, extrema razón de la hermosura, que claramente acata la clausura viva en la malla de tu ley divina. A ti, cárcel feliz de la retina, áurea sección, celeste cuadratura, misteriosa fontana de mesura que el Universo armónico origina. A ti, mar de los sueños angulares, flor de las cinco formas regulares, dodecaedro azul, arco sonoro. Luces por alas un compás ardiente. Tu canto es una esfera trasparente. A ti, divina proporción de oro. Rafael Alberti, Poemas del destierro Desayuno Echó café en la taza. Echó leche en la taza de café. Echó azúcar en el café con leche. Con la cucharilla lo revolvió. Bebió el café con leche. Dejó la taza sin hablarme. Encendió un cigarrillo. Hizo anillos de humo. Volcó la ceniza en el cenicero sin hablarme. Sin mirarme se puso de pie. Se puso el sombrero. Se puso el impermeable porque llovía. se marchó bajo la lluvia. Sin decir palabra. Sin mirarme. Y me cubrí la cara con las manos. Y lloré. Jacques Prévert El escolar perezoso Dice no con la cabeza pero dice sí con el corazón dice sí a lo que quiere dice no al profesor está de pie lo interrogan le plantean todos los problemas de pronto estalla en carcajadas y borra todo los números y las palabras los datos y los nombres las frases y las trampas y sin cuidarse de la furia del maestro ni de los gritos de los niños prodigios con tizas de todos los colores sobre el pizarrón del infortunio dibuja el rostro de la felicidad. Jacques Prèvert De "Paroles" Versión de Aldo Pellegrini Recuerdo infantil Una tarde parda y fría de invierno. Los colegiales estudian. Monotonía de lluvia tras los cristales. Es la clase. En el cartel se representa a Caín fugitivo, y muerto Abel, junto a una mancha carmín. Con timbre sonoro y hueco truena el maestro, un anciano mal vestido, enjuto y seco, que lleva un libro en la mano. Y todo un coro infantil va cantando la lección: "Mil veces ciento, cien mil, mil veces mil, un millón." Una tarde parda y fría de invierno. Los colegiales estudian. Monotonía de lluvia en los cristales. Antonio Machado, Soledades Daba el reloj las doce... y eran doce... Daba el reloj las doce... y eran doce golpes de azada en tierra... ... ¡Mi hora! —grité— ... El silencio me respondió: —No temas; tú no verás caer la última gota que en la clepsidra tiembla. Dormirás muchas horas todavía sobre la orilla vieja y encontrarás una mañana pura amarrada tu barca a otra ribera. Antonio Machado, Soledades Las ascuas de un crepúsculo morado detrás del negro cipresal humean.. En la glorieta en sombra está la fuente con su alado y desnudo Amor de piedra, que sueña mudo. En la marmórea taza reposa el agua muerta. Antonio Machado, Soledades CABALLITOS Pegasos, lindos pegasos, caballitos de madera.. Yo conocí, siendo niño, la elegría de dar vueltas sobre un corcel colorado, en una noche de fiesta. En el aire polvoriento chispeaban las candelas, y la noche azul ardía toda sembrada de estrellas. ¡Alegrías infantiles que cuestan una moneda de cobre, lindos pegasos, caballitos de madera! Antonio Machado, Soledades | Las moscas Vosotras, las familiares, inevitables golosas, vosotras, moscas vulgares, me evocáis todas las cosas. ¡Oh, viejas moscas voraces, como abejas en abril, viejas moscas pertinaces sobre mi calva infantil! ¡Moscas del primer hastío en el salón familiar, las claras tardes de estío en que yo empecé a soñar! Y en la aborrecida escuela, raudas moscas divertidas, perseguidas por amor de lo que vuela, - que todo es volar -, sonoras rebotando en los cristales en los días otoñales… Moscas de todas las horas, de infancia y adolescencia, de mi juventud dorada; de esta segunda inocencia, que da en no creer en nada, de siempre… Moscas vulgares, que de puro familiares no tendréis digno cantor: yo sé que os habéis posado sobre el juguete encantado, sobre el librote cerrado, sobre la carta de amor, sobre los párpados yertos de los muertos. Inevitables golosas, que ni labráis como abejas, ni brilláis cual mariposas; pequeñitas, revoltosas, vosotras, amigas viejas, me evocáis todas las cosas. Antonio Machado
Cosas Miguel Antonio JiménezOtra vez esta vez con lluvia en los cristales con miradas y con nubes cantando al interior de estas cosas que rompen en la luz de la vida el sentir que las vence y dejan de ser silla y dejan de ser mesa y agarran nuestra voz y chillan con nosotros y escapan de su forma como forma de unirse a lo que escapa y un silencio de agua se va quemando en el aire y hacen agua del verbo y un barco de papel tiembla de cosas y en la corriente besan el cristal que la lluvia como cosa consciente les brinda en la humedad que habla su nombre. Oda a las cosas Pablo NerudaAMO las cosas loca, locamente. Me gustan las tenazas, las tijeras, adoro las tazas, las argollas, las soperas, sin hablar, por supuesto, del sombrero. Amo todas las cosas, no sólo las supremas, sino las infinita- mente chicas, el dedal, las espuelas, los platos, los floreros. Ay, alma mía, hermoso es el planeta, lleno de pipas por la mano conducidas en el humo, de llaves, de saleros, en fin, todo lo que se hizo por la mano del hombre, toda cosa: las curvas del zapato, el tejido, el nuevo nacimiento del oro sin la sangre, los anteojos, los clavos, las escobas, los relojes, las brújulas, las monedas, la suave suavidad de las sillas. Ay cuántas cosas puras ha construido el hombre: de lana, de madera, de cristal, de cordeles, mesas maravillosas, navíos, escaleras. Amo todas las cosas, no porque sean ardientes o fragantes, sino porque no sé, porque este océano es el tuyo, es el mío: los botones, las ruedas, los pequeños tesoros olvidados, los abanicos en cuyos plumajes desvaneció el amor sus azahares, las copas, los cuchillos, las tijeras, todo tiene en el mango, en el contorno, la huella de unos dedos, de una remota mano perdida en lo más olvidado del olvido. Yo voy por casas, calles, ascensores, tocando cosas, divisando objetos que en secreto ambiciono: uno porque repica, otro porque es tan suave como la suavidad de una cadera, otro por su color de agua profunda, otro por su espesor de terciopelo. Oh río irrevocable de las cosas, no se dirá que sólo amé los peces, o las plantas de selva y de pradera, que no sólo amé lo que salta, sube, sobrevive, suspira. No es verdad: muchas cosas me lo dijeron todo. No sólo me tocaron o las tocó mi mano, sino que acompañaron de tal modo mi existencia que conmigo existieron y fueron para mí tan existentes que vivieron conmigo media vida y morirán conmigo media muerte. El gato y el pájaro Jacques PrévertUn pueblo escucha desolado el canto de un pájaro herido. Es el único pájaro del pueblo y es el único gato del pueblo que lo ha devorado a medias. Y el pájaro cesa de cantar el gato cesa de ronronear y de relamerse el hocico. Y el pueblo le hace al pájaro maravillosos funerales. Y el gato que está invitado marcha detrás del pequeño ataúd de paja donde el pájaro muerto está estirado llevado por una niñita que no deja de llorar. Si hubiera sabido que eso te daba tanta pena, le dice el gato, me lo hubiera comido del todo y después te hubiera contado que lo había visto volarse volarse hasta el fin del mundo allá donde es tan lejos que nunca se vuelve. Tu hubieras tenido menos pena Simplemente tristeza y aflicción Nunca hay que hacer las cosas a medias. Toma esta chave. A. García Teijeiro, Abre os meus beizos pero non raches o meu silencio. Abre os meus labios, tes moito tempo. Ti ben coñeces a voz do vento. Faino con calma. Faino con xeito. Quero vivir nun beixo eterno. Palabras envoltas en cancións, 2000 A Segunda vez María do Cebreiro (Compostela, 1976)E cando me volvín para bicalo escoiteille dicir "facía tanto tempo". Non lle pedín permiso. Non sabía. Do seu corazón lento nunca puiden contar tódolos golpes. Non queres que o poema te coñeza, 2004 Canción infantil Dos y dos son cuatro cuatro y dos son seis seis y dos son ocho y ocho dieciseis, y ocho, venticuatro y ocho treinta y dos ¡ánimas benditas, me arrodillo yo! La monja gitana Silencio de cal y mirto. Malvas en las hierbas finas. La monja borda alhelíes sobre una tela pajiza. Vuelan en la araña gris, siete pájaros del prisma. (...) F G Lorca (Romancero gitano) Pequeña antología de Edith Vera Edith VeraTengo un pañuelito de papel muy fino y si yo lo quiero él se hace barquito, paloma, estrella, zapallo, violín. Si le digo ¡barco! él se hace paloma. Si le digo ¡estrella! él se hace violín. Cuando tomo la sopa de fideos, ésa que tiene a y b y c y tantas otras letras, me causa pena. Es como si me alimentara de palabras hermosas que pudieron ser dichas por el viento en las ramas o por el humo de las hojas quemadas en otoño Esta caracola tiene muy adentro, donde no se ve, allí donde nadie la puede robar, una ola. ¡Ay, ola! ¡Ay, ola! ¡tan bella y tan sola! Esta caracola tiene muy adentro y se puede oír, el canto que trajo consigo del mar, una ola. ¡Ay, ola! ¡Ay, ola! ¡Tan lejos del mar! Mi abuelo nació en un mapa de tierras color de miel, con un mar inquieto y bravo y barquitos de papel. Un día salió en un barco diciendo: adiós, adiós! lo despidieron dos gatos un grillo y un ruiseñor. La tortuga dice que para el resfrío es bueno bañarse con agua de sol. Y para las muelas que duelen de noche agüita de luna con gotas de olor. La bruja Polifona se ha quedado dormida. ¿Qué le robaremos por verla enojar? ¿Su escoba viajera, su bonete negro o esa carcajada que hace temblar? Este es el puchero que come el enano Barbas de algodón: un dedal de agua con flores de almendro. la pata de un grillo y un poco de miel. Cocerlo muy lento y agregarle luego puré de perfume del atardecer. La tinta negra se hace con brujas y dragones. La roja, con la cresta y saludo de gallos. La tinta azul, con agua y sombra de palomas. A Eulalia, mi vaca, le puse corona de trébol y alfalfa. Ella alza los ojos y mira que mira, queriendo comerla... No quiere ser reina Mi vaquita Eulalia El tomate es un rojo almohadón de seda. Lo ponen en la mesa, se queda. Lo ponen en el plato, se queda. Rojo. Rojo. De seda. Se queda. La le la lechu la lechuga va a ser una ensa una ensalada. La lechuga es el nido de un pajarito, que no canta ni pone ningún huevito. Con ovillitos de lana tejeré un bello chal. Rojos, los primeros puntos. Azules, los del final. Sobre el pecho, será fuego. En la espalda, pavo real. Un arco iris dormido, Un sol y granos de sal. ¡Buenas noches, Señor Gato! ¿Qué le apura, adónde va? -Voy corriendo a ver la luna, plato de leche en el cielo plato de vidrio en el mar. ¡Bien que sabes dónde está la cuevita del ratón”! Aquí sí. Aquí no. Aquí sí. Donde hay olor a queso. Donde bailan todos vals. Donde se corren carreras y el gato no puede entrar. En el papel del aire el verde escribe una flor. Letra abierta, clara, firme. La corola dice: Vengo. El perfume dice: Voy. El pato Canela pescaba en la noche hundiendo su pico de rojo coral. Sacaba del agua pedazos de luna que él mismo quebraba a orillas del mar. Hay cuentos que pueden ser guardados en un zapato de niño, otros en el baúl de viaje de Gulliver y algunos breves, tan breves, que caben en el nido de un picaflor. De Pajarito de agua Nunca hemos visto Al pajarito que llama en los naranjos por la mañana. ¿Tendrá las plumas verdes y el piquito grisado? ¿Hay alguien que conteste a su llamado? Cuatro limones danzan sobre mi cama. Siete gorriones saltan en una rama. Esto es para mi madre porque me ama. En la laguna se bañan los patos, las garzas, el martín pescador, el sol, la sombra de la paloma y la luna. Las abarcas desiertas Por el cinco de enero, cada enero ponía mi calzado cabrero a la ventana fría. Y encontraban los días, que derriban las puertas, mis abarcas vacías, mis abarcas desiertas. Nunca tuve zapatos, ni trajes, ni palabras: siempre tuve regatos, siempre penas y cabras. Me vistió la pobreza, me lamió el cuerpo el río, y del pie a la cabeza pasto fui del rocío. Por el cinco de enero, para el seis, yo quería que fuera el mundo entero una juguetería. Y al andar la alborada removiendo las huertas, mis abarcas sin nada, mis abarcas desiertas. Ningún rey coronado tuvo pie, tuvo gana para ver el calzado de mi pobre ventana. Toda la gente de trono, toda gente de botas se rió con encono de mis abarcas rotas. Rabié de llanto, hasta cubrir de sal mi piel, por un mundo de pasta y un mundo de miel. Por el cinco de enero, de la majada mía mi calzado cabrero a la escarcha salía. Y hacia el seis, mis miradas hallaban en sus puertas mis abarcas heladas, mis abarcas desiertas. Miguel Hernández Has de cantar Has de cantar, que che hei de dar zonchos; has de cantar, que che hei de dar moitos. Rosalia de Castro, Cantares gallegos. | O CARRO Non canta na Chá ninguén, por éso, meu carro canta, canta o seu eixo tan ben que a señardade me espanta. Non hai canto tan fermoso: fino coma un asubío, anque é, as vegadas, saudoso faise no ar rechouchío. O meu carro é cerna dura: sábese carballo e freixo. iQué fermosa e a sua feitura! iQué lixereza a do eixo! As cousas vanse aledando por onde meu carro pasa. iCarrétame herba pro gando! iTraime a colleita pra casa! Manuel María Cántico doloroso al cubo de la basura
Rafael MoralesTu curva humilde, forma silenciosa, le pone un triste anillo a la basura. En ti se hizo redonda la ternura, se hizo redonda, suave y dolorosa. Cada cosa que encierras, cada cosa, tuvo esplendor, acaso hasta hermosura. Aquí de una naranja se aventura su delicada cinta leve y rosa. Aquí de una manzana verde y fría un resto llora, zumo delicado entre un polvo que nubla su agonía. Oh, viejo cubo sucio y resignado: desde tu corazón la pena envía el llanto de lo humilde y lo olvidado. Oda a la cuchara Pablo NerudaCUCHARA, cuenca de la más antigua mano del hombre, aún se ve en tu forma de metal o madera el molde de la palma primitiva, en donde el agua trasladó frescura y la sangre salvaje palpitación de fuego y cacería. Cuchara pequeñita, en la mano del niño levantas a su boca el más antiguo beso de la tierra, la herencia silenciosa de las primeras aguas que cantaron en labios que después cubrió la arena. El hombre agregó al hueco desprendido de su mano un brazo imaginario de madera y salió la cuchara por el mundo cada vez más perfecta, acostumbrada a pasar desde el plato a unos labios clavelinos o a volar desde la pobre sopa a la olvidada boca del hambriento. Sí, cuchara, trepaste con el hombre las montañas, descendiste los ríos, llenaste embarcaciones y ciudades, castillos y cocinas, pero el difícil camino de tu vida es juntarte con el plato del pobre y con su boca. Por eso el tiempo de la nueva vida que luchando y cantando proponemos será un advenimiento de soperas, una panoplia pura de cucharas, y en un mundo sin hambre iluminando todos los rincones, todos los platos puestos en la mesa, felices flores, un vapor oceánico de sopa y un total movimiento de cucharas. Balón Gerardo Diego¿Tener un balón ? Dios mío. Qué planeta de fortuna. Vamos a los Arenales : cinco hectáreas de desierto, cuadro y recuadro del puerto. Qué olor la Tabacalera. -Suelta ya el balón. Incera. -No somos once. -No importa. Si no hay eleven hay seven. Qué elegante es el inglés : decir sportman, team, back ; gritar goal, córner, penalty. (Aún no se ha abierto el Royalty.) -Marca tú la portería : textos y guardarropía. -Somos siete contra siete. Un portero y un defensa, dos medios, tres delanteros ; eso se llama la uve. Y a jugar. Vale la carga. pero no la zacandilla. Yo miedo nunca lo tuve ; (Una brecha en la espinilla.) Ya se desinfla el balón. Sopla tú fuerte la goma. Ata ya el cuero marrón. El de badana en colores déjase a los menores para botar con la mano. Mañana a la Magdalena a jugar contra el « Piquío ». Y al « Plazuela », desafío. Tener un balón, Dios mío. Mapas Los mapas de la escuela, Todos tenían mar, Todos tenían tierra. ¡Yo sentía un afán Por ir a recorrerla!... Soñaba el corazón con mares y fronteras, Con islas de coral y misteriosas selvas. Soñaba el corazón… ¡Oh, sueños de la escuela! Concha Méndez El bolígrafo el bolígrafo va llenando de espirales el papel solenoides paranoicos una y otra y otra vez algo más abajo escribo: el bolígrafo va llenando de espirales el papel solenoides paranoicos una y otra y otra vez algo más abajo escribo: dejo de escribir L. Eduardo Aute Epitafio del enamorado Juan Bonilla (Jerez de la Frontera, 1966)Si alguien quiere escribir mi biografía no hay nada más sencillo. Dispone de dos fechas solamente: la del día en que te conocí y la del que te fuiste. Entre una y otra transcurrió mi vida. Lo que ocurriera antes, lo olvidé. Lo que suceda ya, carece de importancia. El Belvedere, 2002 Estamos xuntos Lupe Gómez (Curtis, 1972)pero tamén moi separados. O noso amor é poesía. Poemas abertos, os nosos corpos. Se te enamoras vaste e non volves. Ou chegas e miras todo como unha estranxeira. Ninguén me prohibirá nunca estar soa. Os teus dedos na miña braga con regra, 1999 El desayuno Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950)Me gusta cuando dices tonterías, cuando metes la pata, cuando mientes, cuando te vas de compras con tu madre y llego tarde al cine por tu culpa. Me gusta más cuando es mi cumpleaños y me cubres de besos y de tartas, o cuando eres feliz y se te nota, o cuando eres genial con una frase que lo resume todo, o cuando ríes (tu risa es una ducha en el infierno), o cuando me perdonas un olvido. Pero aún me gustas más, tanto que casi no puedo resistir lo que me gustas, cuando, llena de vida, te despiertas y lo primero que haces es decirme: «Tengo un hambre feroz esta mañana. Voy a empezar contigo el desayuno.» Los mundos y los días. Poesía, 1972-1998 Poema BukowskiA un cerezo yo subí donde cerezas había yo cerezas no cogí, y cerezas no dejé. ¿ Cuántas cerezas hallé? Beato sillón Jorge Guillén¡Beato sillón! La casa corrobora su presencia con la vaga intermitencia de su invocación en masa a la memoria. No pasa nada. Los ojos no ven, saben. El mundo está bien hecho. El instante lo exalta a la marea, de tan alta, de tan alta, sin vaivén. 35 Bujías Pedro Salinas, Seguro AzarSí, cuando quiera yo la soltaré. Está presa aquí arriba, invisible. Yo la veo en su claro 5- castillo de cristal, y la vigilan -cien mil lanzas- los rayos -cien mil rayos- del sol. Pero de noche, cerradas las ventanas para que no la vean -guiñadoras espías- las estrellas, la soltaré (Apretar un botón.). Caerá toda de arriba a besarme, a envolverme de bendición, de claro, de amor, pura. 15-En el cuarto ella y yo no más, amantes eternos, ella mi iluminadora musa dócil en contra de secretos en masa de la noche -afuera- 20-descifraremos formas leves, signos, perseguidos en mares de blancura por mí, por ella, artificial princesa, amada eléctrica. A mis zapatos Eduardo DalterA mis zapatos remendados yo los quiero; mis zapatos con cartón debajo y nylon debajo para que no entre el agua de la lluvia ni el agua de cuando baldean las veredas. Mis zapatos húmedos y tibios de mí y con polvo de camino, mi camino. Descansando ahora, debajo del mueble -pueden verlos-, y mirando gozosos cómo escribo reclinado en la cama todo esto y cómo abracé hace un momento al Caribe hondo y voraz de Aimé Césaire y Saint-John Perse. Zapatos, zapatos excedidos de mí hasta deformarse, cuartearse y agujerearse. Pero listos y hermanos y comprendiendo, pareciera, cuál es la estrella fugaz y cuál es ésta. Y vamos, yo adentro de ellos en la parte que les toca. Denostados, sin embargo, torpemente, por una mujer, ciega mujer, abandonada mujer, sola mujer. Dejadme cruzar la calle, poesía, poesía de los salones, las rondas, los concilios, que vengo de galope yo con mis zapatos! De " Aguas vivas" Buenos Aires, 1993 Nadie se olvida, Platko no, nadie, nadie, nadie, oso rubio de Hungría. Ni el mar, que frente a ti saltaba sin poder defenderte. Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más regía. Ni el mar, ni el viento, Platko, rubio Platko de sangre,´ guardameta en el polvo, pararrayos. No, nadie, nadie, nadie. Camisetas azules y blancas, sobre el aire, camisetas reales, contrarias, contra ti, volando y arrastrándote, Platko, Platko lejano, rubio Platko tronchado, tigre ardiendo en la yerba de otro país. ¡Tú, llave, Platko, tú, llave rota, llave áurea caída ante el pórtico áureo! No, nadie, nadie, nadie, nadie se olvida, Platko. Volvió su espalda el cielo. Camisetas azules y granas flamearon, apagadas, sin viento. El mar, vueltos los ojos, se tumbó y nada dijo. Sangrando en los ojales, sangrando por ti, Platko, por tu sangre de Hungría, sin tu sangre, tu impulso, tu parada, tu salto, temieron las insignias. No, nadie, Platko, nadie, nadie, nadie se olvida. Fue la vuelta al mar. Fueron diez rápidas banderas incendiadas, sin freno. Fue la vuelta del viento. La vuelta al corazón de la esperanza. Fue tu vuelta. Azul heroico y grana, mandó el aire en las venas. Alas, alas celestes y blancas, rotas alas, combatidas, sin plumas, encalaron la yerba. Y el aire tuvo piernas, tronco, brazos, cabeza. ¡Y todo por ti, Platko, rubio Platko de Hungría! Y en tu honor, por tu vuelta, porque volviste el pulso perdido a la pelea, en el arco contrario el viento abrió una brecha. Nadie, nadie se olvida. El cielo, el mar, la lluvia, lo recuerdan. Las insignias. Las doradas insignias, flores de los ojales, cerradas, por ti abiertas. No, nadie, nadie, nadie, nadie se olvida, Platko. Ni el final: tu salida, oso rubio de sangre, desmayada bandera en hombros por el campo. ¡Oh Platko, Platko, Platko, tú, tan lejos de Hungría! ¿Qué mar hubiera sido capaz de no llorarte? Nadie, nadie se olvida, no, nadie, nadie, nadie. RAFAEL ALBERTI (Cádiz, 1902-1999), Cal y canto, Poesías completas, Vol. I, Aguilar, 1988 Canción para dos caracoles que van a un entierro Al entierro de una hoja seca se van dos caracoles tienen la concha oscura crespón llevan de moño bajo los arreboles se fueron sin premura una tarde de otoño Cuando llegaron era ay ya la primavera todas las hojas secas habían resucitado y cada caracol se sintió muy frustrado mas aparece el sol el sol que apenas nace les habla y así empieza sentaos aquí si os place un vaso de cerveza tomárselo en un tris mas si lo preferís tomad quizá os aguarde el bus para París partirá por la tarde veréis a vuestro antojo la campiña feliz sin luto así me alegro lo digo sin sonrojo porque el luto de negro pone el blanco del ojo y lo vuelve a uno feo esos cuentos de féretros oírlos no deseo por ser de triste género revestid por favor de la vida el color luego animal y bestia los árboles las plantas entonaron con brío perdiendo la modestia forzando las gargantas la canción del estío como el calor les arde brinda todo el gentío es una linda tarde linda tarde de estío y los dos caracoles se van a casa en fila se van sin desencanto dichosos los alcoholes como bebieron tanto vacilan un poquito desde el cielo infinito la luna los vigila. Jacques Prèvert (traducción de Enrique Uribe White) La noria La tarce caía triste y polvorienta. El agua cantaba su copla plebeya en los cangilones de la noria lenta. Soñaba la mula ¡pobre mula vieja! al compás de sombra que en el agua suena. La tarde caía triste y polvorienta. Yo nlo se que noble divino poeta, unió a la amargura de la eterna ruedaçla dulce armonía del agua que sueña, y vendó tus ojos, ¡pobre mula vieja! .. Más sé que fue un noble, divino poeta, corazón maduro de sombra y de ciencia. Antonio Machado, Soledades EL SUDOR En el mar halla el agua su paraíso ansiado Miguel Hernándezy el sudor su horizonte, su fragor, su plumaje. El sudor es un árbol desbordante y salado, un voraz oleaje. Llega desde la edad del mundo más remota a ofrecer a la tierra su copa sacudida, a sustentar la sed y la sal gota a gota, a iluminar la vida. Hijo del movimiento, primo del sol, hermano de la lágrima, deja rodando por las eras, del abril al octubre, del invierno al verano, aúreas enredaderas. Cuando los campesinos van por la madrugada a favor de la esteva removiendo el reposo, se visten una blusa silenciosa y dorada de sudor silencioso. Vestidura de oro de los trabajadores, adorno de las manos como de las pupilas. Por la atmósfera esparce sus fecundos olores una lluvia de axilas. El sabor de la tierra se enriquece y madura: caen los copos del llanto laborioso y oliente, maná de los varones y de la agricultura, bebida de mi frente. Los que no habéis sudado jamás, los que andáis yertos en el ocio sin brazos, sin música, sin poros, no usaréis la corona de los poros abiertos ni el poder de los toros. Viviréis maloliendo, moriréis apagados: la encendida hermosura reside en los talones de los cuerpos que mueven sus miembros trabajados como constelaciones. Entregad al trabajo, compañeros, las frentes: que el sudor, con su espada de sabrosos cristales, con sus lentos diluvios, os hará transparentes, venturosos, iguales. Viento del pueblo |