Acerca de este sitio

El objetivo de este proyecto es reunir la poesía de Jorge Eduardo Eielson y ponerla a disposición de todos los cibernautas que deseen acercarse a su obra.

Celebración



Contenido

  • A un pájaro de nombre Charlie
  • Vincent
  • Nazca
  • Sobre la luz
  • Gardalis



CELEBRACIÓN


Jorge Eduardo Eielson. Milán, 1990 - 1992



 
 

 A un pájaro de nombre Charlie

 

 A todos aquellos que, como yo;
aman el jazz y las estrellas.


Si alguna vez confundes
Tu corazón con tu sexo y tu sexo
Con un saxofón que llora
En una calle oscura
O si derramas amor a manos llenas
Sin que nadie lo reciba
Y asustado como un niño te despiertas
Y ya no hay caricia
Ni desayuno tibio
Ni vestido viejo ni vestido nuevo
Y ni una sola gota de materia
Que te recuerde el universo entero
Sino tan sólo
Un saxofón que no te da tregua
Un saxofón que no te da tregua
Es porque Charlie respira
¿Recuerdas cuando tocaba
Round about midnight o Perdido
Y toda Nueva York se arrodillaba
Como si hubiera visto a Dios
En traje oscuro y saxofón de fuego?
Y si descubres el rocío
En el Central Park o Washington Square
Después de haber tomado tanto
Porque ya no tienes lágrimas ni saliva
Para besar a nadie
Cuando quisieras besar a todos
Si olvidas todo  huyes de todo  pierdes todo
Pero conservas en quién sabe qué bolsillo
La perla atroz de la belleza y la locura
Si lo que llamas vida es solamente
El vino añejo de un instante
El minuto que desaparece cada día
Por el water-closet y regresa transformado
En un pájaro amarillo
Si el café negro y el whisky puro
Se parecen tanto al cabello rubio
De una muchacha que solloza amargamente
Entre tus brazos. Si tu álma frágil
Y tu cuello de basalto  tu cigarrillo
Igual a un lucero siempre encendido
Tu pantalón y tu camisa
Siempre en la silla  si todo eso
Y muchas otras cosas todavía
Te recuerdan la tristeza y el fulgor
De Harlem bajo la lluvia
Es solamente porque existe
Un saxofón que no te da tregua
Es porque Charlie respira
Porque en sus labios se enciende y se apaga
Una galaxia que no nos aniquila
Como un pensamiento o una cifra aciaga
¿Acaso la música no es la medida
La suma total de cuanto existe
Y nuestra propia vida sólo el sonido
De una orquesta que se afina noche y día?
¿Recuerdas las manos de Bud en el piano
Volando como pájaros vivos
Sobre cascadas de luz y cristales hirvientes?
¿Y la trompeta de Dizzy en la noche
Que todo lo volvía incandescente
Y hasta el Empire State se derretía
Como si fuera de oro puro?
¿Y cuando Max tocaba la batería?
¿Recuerdas sus manos armadas
De millares y millares de centellas
Que él lanzaba a tus oídos
A tu corazón y a tu ombligo?
(Todo era ritmo entonces
Tambor el cielo entero
Tambor la luna llena
Y todo lo que nos rodeaba
Tambores solamente
Porque de ritmo somos
Y hasta de ritmo
Aunque de falta de ritmo
Morimos. Con nosotros
Nace el ritmo
Que no es tiempo ni sentido
Ni tampoco alborozo
Sino más bien latido
Tambor de piel humana
Que se quema
Huesos que no son huesos
Sino vacío
Infinitas flautas
De oxígeno divino
Que tampoco es nada
Sino ritmo
Luz que rebota
De nota en nota
En nuestro oído
Disfrazada de sonido)
Y si alguna vez
Lejos de caos de nuestro origen
Del insondable gorila que se asoma
Tristemente en tu mirada
Lejos del tiempo y la rutina
De nuestro amor lleno de trapos
De miserables botones  faldas y pantalones
Que se arrugan fácilmente
Si de tanto correr tras de la luna
Bajo cipreses que igualmente corren
Sin darte nunca la mano
No te queda sino el ritmo de las cosas
El resplandor de los objetos
Un tambor en la cabeza
Una botella entre los brazos
Si después de tanto goce y tanto llanto
Tanto inmóvil viaje hacia la nada
El rayo violeta de Saturno
Baña tu cuerpo y tus sábanas sucias
Y ya cercano al fin arrojas
La inútil perla al tacho de basura
O como un perro escondes
Tu viejo saxofón debajo de la cama
Si tus costillas  tu cráneo  tu sonrisa
Tu pasta de dientes con sabor a tierra
Te recuerdan que la vida
Es sólo harina pan para el gusano
Si la sublime rosa suelta
Sus últimos protones en lugar de su perfume
O el cubo de la luz se apaga para siempre
Si te parece que no sabes nada
Porque no puedes decir nada
Ni sobre el amor ni sobre el ritmo
Si en vez de la fórmula sagrada
De la imposible nota jamás escuchada
Encuentras sólo silencio  oscuridad  entropía
Las calles lluviosas de Harlem
Más lluviosas y frías aún
Si tu cuarto de hotel en penumbra
Se ilumina como un hotel cuando miras
Una vieja fotografía de tu madre joven
Extrañamente azul y sin calzado
Y suena y suena en tu pecho cansado
Un saxofón que no te da tregua
Un saxofón que no te da tregua
Si todo eso no es bastante todavía
No te olvides que Charlie es un pájaro herido
Y que su grito es tu propio grito
Cuando abrazas lleno de rabia
Una extraviada muchacha de cabellos rubios
Y te duelan más que nunca las estrellas
En tu pobre corazón de niño
Y en tu glande estremecido

 




Vincent

 

 A Theo


Lo único que sabemos de Vincent
Es que nunca dormía
Ni comía ni bebía ni amaba
Y que su vida era un misterio. Sabemos
Que tenía ojos y botines enormes
El estómago vacío y el corazón
en el suelo. Que se pasaba las noches
Mirando y mirando una estrella
Sabemos también
Que para él nada era oscuro
Ni tampoco sencillo
Que su pincel no era un pincel
Sino un pájaro vivo
Que lo llenaba de pavor y de alegría
Pero nada sabemos
De su sexo ni de su pobre frente
Repleta de luz como un diamante
Vincent decimos con amargura
No era como nosotros
Criaturas cubiertas de sombra
Nietos de un esplendor
Que ya no existe. Pero tampoco él
Nos devolvió el fulgor perdido
La santidad de su arte
No nos libró del mal
Ni de los trapos sucios
De la vida. Nos deja solamente
Sollozos  cuervos  girasoles
Una oreja cortada y una pipa de madera
La destartalada luz de sus zapatos
Nos deja su mirada pura
El cielo brillante de Arles
Y una silla amarilla.

No es mucho probablemente
Pero desde entonces
La noche estrellada
No es obra de Dios sino de Vincent





Nazca

 
A Maria Reiche


Madre nuestra que estás en la arena
Y en el aire del desierto
Tú que modelas nuestra vida
Y nuestra muerte con la arcilla
Y con el fuego de los siglos
Madre del viento y del Pacífico infinito
Ciudad invisible que quizás no existes
Pero vives en mis células antiguas
Haz que nuestros ojos
Sean cada vez más puros
No nos dejes morir sin haber visto
Aunque sea sólo un instante
Tu centelleante dibujo
Entre las dunas amarillas


Cae la tarde y la pampa recoge
Su suntuosa luz de siempre
Ya nada brilla sino las viejas líneas
Que transforman el desierto
En un pensamiento. Ya nada brilla
Sino el trabajo azul de las estrellas
En la tierra. En este océano de tiempo
Que devora el tiempo
Espejos de sal y de espuma
Reflejan plazas templos y mercados
Repletos de gente que todavía llevan
El vestido rojo y el calzado ilusorio
De un instante. Sólo el monarca
Arrastra su esplendor solitario
Su manto de mariposas
Y pájaros vivos
Y se inclina ante la arcilla


Lo esperan siglos extraños
Alas de criaturas altísimas
Que desafían el polvo
Y se alimentan sólo de números
Maravillosos mecanismos
Para convertir la muerte en una pluma
Y el tiempo en u na joya
Lo esperan máquinas celestes
Más veloces que la mente o la mirada
Pero también tinieblas  seres queridos
Completamente cubiertos de aceite
Sacerdotes y rameras abrazados
En la misma cama de ceniza
Jóvenes príncipes con el semblante de oro
Y el estómago podrido
Que también son ceniza
Sus esqueletos hablan ciertamente
De nosotros pero sin palabras
Después de todo
Es sólo una muchedumbre
De huesos que murmuran en la sombra
Mientras nos guían velozmente
En astronaves de tela encendida
A las estrellas
Criaturas que desaparecen en la arena
Terrestre  pero reaparecen
En la arena del cielo
Espejo fiel de la pampa de abajo
De constelaciones que son pájaros
Monos  peces  arañas de tamaño imposible
Que nuestros ojos no perciben
Que nuestra frente no concibe
Desmesurados espirales
Que tal vez encierran
El secreto de la vida
Abismos que son pozos
De brillantes excrementos
De animales que son dioses
Y de dioses que son hombres
Sabios  reyes  artesanos
Todas personas de perfil solemne
Y como siempre
Repletas de luz y de heces


En este océano de tiempo
En donde todo comienza
Y se acaba y vuelve a comenzar
Y se acaba nuevamente
Quedan solamente huellas
De misteriosos viajeros que atraviesan
Nebulosas y murallas de electrones
En busca de una caricia
Quedan sólo residuos  carbones encendidos
De una catástrofe remota. Sólo cenizas
De personas y animales sagrados
Y además cuchillos  plumas  túnicas vacías
Escalinatas y pirámides borradas
Por la espuma de los siglos
Mazorcas de maíz amigo
Transformadas en collares
Y coronas de gusanos
Todo dispuesto en círculos inútiles
De misteriosa materia
Que resplandece y que muere


Tal y cual como nosotros
Que jamás sabremos
A quién debemos la noche
La indescriptible belleza
De cada instante y cada cosa
En qué supremo minuto
Apareció nuestro corazón
Sobre la tierra
Más fulgurante y más antiguo
Que el universo entero
Y sobre todo por qué el monarca
Señor del tiempo y las estrellas
Se cubre la nuca de arcilla
Y por qué toda su gente
Venera tanto el calzado
Que la pisotea
Pero el soberano
Tras de observar el cielo noche y día
Y recorrer todas las líneas
De la pampa terrena
Entendió finalmente
Que él también era una línea
Un hilo más del encaje divino
Y que era sólo un monarca
De nada






Sobre la luz

 
A María, Eva, Marigola, Julio, Luciano,
Lorraine, Aliocha, Placido, amigos


La luz que solamente es luz
Cuando ilumina una cosa
No es luz verdadera. La luz
Que pasa velozmente y no deja sombra
Que todo lo sostiene y lo anima
Es quizás la luz divina. Pero la luz
De que hablo es otra luz
Hundida en mi memoria como un anillo de oro
En la espesura. Es una luz que brilla
Muy rara vez en la vida
Que no tiene peso ni medida
Pero que convierte el corazón
En una estrella
Una luz que no se explica  que no
Se explica  que improvisadamente aclara
Todo lo que existe
Como si fuera un espejo
Ante un vaso de agua pura
Un fulgor escondido
Un diamante que nos duele
Dulcemente  y que nos nubla la mirada
Una suerte de esplendor vacío
Que sólo se percibe como oscuridad
O ceguera. Una luz
Más clara que la misma luz
Del cielo  pero más humilde
Más cercana a nuestra mano
A nuestra pobre luz de cada día
Hecha de millares y millares
De cosas sencillas
De átomos que nacen
Y átomos que mueren
De centelleantes fragmentos
De otras cosas
Que igualmente nacen resplandecen
Y perecen

  




Gardalis

 
A Michele, rey de Gardalis


Camino entre mi sombra
Y la sombra de los pinos. Mi cuerpo
Es un puñado de hierba a la deriva
Y el bosque azul que me rode
Soy yo mismo que respiro. Y a no distingo
Entre el abeto y mi barba crecida. Camino
Y cada resplandor cada penumbra
Cada cereza esmaltada
Son una sola cosa con mi paladar
Y con mi sexo. Gotas brillantes aparecen
Entre mi pupila y los verdes frutos
Del naranjo. Surgen abanicos
De frescura  y diamantes que no duran
Sino el tiempo de un suspiro
La mariposa nace alegremente
Donde el gusano muere  y nada crece
Sin haber sido antes otra criatura
Que tal vez soy yo  tal vez una ardilla
Que se afana en la espesura. Gritos y silbidos
Acompañan el esqueleto que hace poco
Era una gacela asustada
Y que ahora esplende en la corola
De una flor amarilla. Todo vuela
Todo canta o se arrastra sin remedio
Como el repentino sapo de oro
Que también es parte de mi vida
Llora la hiedra por un lado  y por el otro
La fiesta de la alondra y la cigarra
Empieza en el fondo de mi sangre
Mi corazón sigue sin esfuerzo
La marcha misteriosa de una hormiga
Que no veo. No hay lucero
Que no brille en mi cabeza  pero también 
En un charco de agua sucia. Las viejas ramas
Del olivo se confunden fácilmente
Con mis huesos y no hay sabor más perfecto
Que el milagro encerrado
En una gota de agua
Todo es redondo y perfumado
Y hasta mi propio cuerpo es una jungla
Donde el amor es como la lluvia
Mi pensamiento una tortuga
Que apenas sostiene el cielo
en un pedestal de nada. Un efluvio sagrado
De jazmín y madreselva cruza la floresta
Como una esfera celeste
Todo me hiere y todo me ilumina
Yo soy la flecha que vuela
Y también el animal herido
Me desespero por una frágil criatura
Por un pájaro que muere  pero me oculto
Tras de una máscara de flores
Sólo comparto mi tristeza con los sauces
Mi alegría con la liebre
Que ahora corre a mi lado. No beberé jamás
La copa de rocío que amanece
Cada mañana entre el follaje
Ni el rayo de sol que tanto espero
En la palma de la mano. Pero abrazo
El viejo roble como si fuera mi hermano
(¡Qué lejos ya qué lejos
Las débiles casas de los hombres
Las infinitas ruedas del dolor
Y la fatiga  la oscura llamarada
Que todo lo llena de ceniza!)
Yo soy tan sólo un árbol
Que camina  un animal que florece
Una piedra que sonríe
Y la humilde rana que canta junto al río
Canta también junto a mi pecho.


Se inclina el sol en la floresta
Sube la luna  baja el ciervo al arroyo
Como a una cita secreta
Sigo sus huellas  su orina luminosa
Hasta su reino de alabastro
Pero en el fondo del agua
En lugar de su belleza
Lleno de felicidad y de pena
Veo sólo mis ojos que lloran
Puesto que yo soy el ciervo
Pero también el arroyo