¡Oh tristeza, que
en el mundo abrumas!
Y te estancas, en el alma humana,
igual que en el agua, la espuma,
con inclemencia inhumana.
¿A qué se debe mi tristeza honda?
-Preguntaba al mundo-
Y volaba mi eco, como alondra;
le preguntaba a mudos.
Lloraba, en mi tristeza a diario
rechazando que era mi ignorancia;
No sabía que allá en el Calvario,
había nacido gozo y temperancia.
Que la tristeza, El tornó, en alegría
nunca cruzó, por mi cabeza;
mas, El llevó, tus penas y las mías,
!Ven en fé, y le confiesas!
Abandona, tu tristeza ahora,
descansa en Cristo El Nazareno;
Te hermosearás como la flora,
El te escuchará, piadoso y bueno.
|