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La Sangre

LA SANGRE DE DIOS


Yace entre cielo y tierra, suspendido
con sus brazos abiertos, en intento,
de ave que anhela el firmamento
y el calor dulce de su nido.

¡Ay, ay, tiembla mi alma; siento miedo!
y del madero obscuro me sostengo,
miro a mis manos frías, sangre tengo
deseo correr y huir, pero no puedo.

Se agita mi espíritu y profundo,
como un volcán dormido, cobra vida.
Fenece todo en mí, yo muero al mundo

Es la sangre de Dios, Gloriosa y Viva
que ha limpiado de mí, todo lo inmundo,
allí en la cruz morí, hoy tengo vida.

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