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Está lloviendo


Está lloviendo en mi ciudad

Hace siglos, desde que te fuiste, no llovía en mi ciudad, esta sequia prolongada hizo crecer nuestro desierto y mató el verde fresco de los bosques perfumados de pinos y eucaliptos.

Allí en el arroyo donde hacíamos el amor arrodillados, no corrió nunca más un una gota de agua, solo quedó arena y piedras y recuerdos de tantas horas frescas y húmedas que pasamos juntos.

Es posible amor, dicen los diarios, que otra vez haya primavera en septiembre. Qué bueno que el veintiuno estemos juntos bajo la luna esperando que amanezca, aromatizados de mate y de besos como siempre estuvimos.

Cuando pare la lluvia volveré al viejo bosque para buscar nuestro arroyo, trate de venir que desespero, se que te hace falta el sur como a mí me hacen falta tus manos suaves.

Los falsos profetas presagiaron que nunca mas habría lluvia en mi ciudad, que aquí en el sur no resucitaría ningún amor, profetizaron que nos moriríamos de sed si no servíamos a los dioses capitalistas del acero y de la piedra, pero se equivocaron.

Hoy amaneció lloviendo en mi ciudad y en todo el sur está resucitando la gente y la esperanza. Nacerán otra vez los pinos y de nuevo nuestro arroyo volverá a fluir. Vuelve pronto, porque está lloviendo en mi ciudad.

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