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ESCRITO MANRIQUE

 UNA  SEMANA  SANTA   EN  NOVIEMBRE.

(Peregrinación de Cabeza del Buey  a la Tierra de Jesús)

 

Por primera vez en la historia se produce desde nuestra comunidad de Cabeza del Buey  una peregrinación a la Tierra donde vivió Jesús. Después de muchas ilusiones y preparativos pudimos comprobar que no hay tal peligro y que lo positivo de la peregrinación es, a todos los niveles, incalculable.

 

 

-Miércoles 4 de Noviembre:

 

Sin descansar y de madrugada iniciamos nuestro viaje desde la Fuente,y en Miajadas nos unimos a nuestros acompañantes y amigos de la parroquia de Umbrete (Sevilla), con nuestro amigo entrañable fray Sebastián Ruiz a la cabeza. También nos acompaña Fray Francisco Arellano, franciscano. Aterrizamos en Telaviv y tomamos un autobús hasta la parte norte del país: Galilea. Allí en Tiberias nos alojamos en el hotel Golan con vistas al lago, y después de un agotador día de viaje nos fuimos a descansar.

 

 

-Jueves 5:

 

Recuperados del sueño empezamos la visita en Caná de Galilea. Allí, con el signo de la conversión del agua al vino (algunos que contentos estarían), renovamos en una sencilla iglesia los votos y las promesas de los matrimonios del grupo, pues el milagro se produce en una boda (Juan 2).

Luego visitamos el santuario de Stella Maris en el monte Carmelo, el lugar donde veneró pro primera vez a la Virgen del Carmen. Continuamos hasta Nazaret, visitando la gruta donde la Virgen recibió el  anuncio del Ángel (Lucas 2). Es el lugar de la Encarnación del Señor, y en ese ambiente especial celebramos la Eucaristía. Por la noche ducha, cena, charla y descanso.

 

 

-Viernes, 6:

 

Con algún despiste, después del desayuno, llegamos al Monte de las Bienaventuranzas (Mateo 5). Sorprende la armonía entre el lago de Tiberiades y el monte: la belleza es inigualable. Celebramos la Eucaristía. Y partimos hasta el Monte Tabor, lugar de la Transfiguración del Señor (Mateo 17).

Por la tarde, bordeando el lago, estuvimos en Cafarnaúm, en la casa de Pedro donde iba Jesús frecuentemente. Tagba, el lugar de la multiplicación de los panes y los peces (Mateo 14) y el lugar donde, después de resucitar, Jesús responsabiliza a Pedro del cuidado de la Iglesia (Juan 21).

No podía faltar un paseo en barca por el lago de Genesaret (tiene 3 nombres), donde el lago nos emocionó y también nos mojó: sería lógico el miedo de los apóstoles cuando el viento y el agua arremetían contra la barca (Mateo 8). Allí Jesús inició su predicación. Y ocurrieron además diferentes hechos: la pesca milagrosa, que anticipa la “pesca” de la Iglesia en la universalidad de pueblos. Al hotel: Cena, hacer maletas y a descansar.

 

-Sábado, 7:

 

Llegamos al río Jordán. Celebramos allí, como el Maestro,  la renovación de nuestro bautismo (Mateo 3). Sólo nos faltaba el Bautista. Partimos para el Sur, llegando primero a Qum-rám, un monasterio de monjes esenios que existía en tiempos de Jesús. Sorprende la aridez del monte, las cuevas en la roca, donde guardaron sus escritos y pergaminos y el calor del lugar. Para refrescarnos al lado: el Mar Muerto. Nos bañamos, y sobre todo, flotamos. ¡Lo que nos gustó!.

Comimos en Jericó. Dicen que es una de las  ciudades más antiguas del mundo (9000 años). Pero sorprende su pobreza y suciedad. Vimos un sicomoro como el de Zaqueo (Lucas 19), y nos imaginábamos al ciego en el camino (Marcos 10).

Celebramos la Misa en un colegio de los franciscanos para los niños, la mayoría pobres y desarrapados. Es increíble la misión de estoa frailes en Tierra Santa. Si no fuera por ellos…

Por la noche llegamos a Jerusalén, la ¡ciudad Santa!: “Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados”. Nos sorprendió su belleza por la noche. Sus murallas, las mezquitas, la luz. La emoción que sentiría cuando Él subió a Jerusalem sabiendo lo que le esperaba (Mateo 21). Llegamos al hotel Ritz, agradable, confortable y en el centro de la ciudad.

Después de cenar, pasamos a Belén para comprar en una cooperativa cristiana, los más desprotegidos de Tierra Santa: los cristianos. Nadie habla de ellos, nadie los defienden, y los pobres resisten como pueden. Unas compras, algunos recuerdos, aunque algunos de más. Pero siempre fueron ¡mucho menos que las incontables fotografías por todos lados!.

 

 

-Domingo 8:

 

Por la mañana salimos hacia Betania, donde vivían  los amigos de Jesús: Marta, María y Lázaro. Jesús estaba con ellos cuando iba a la capital. Eran sus amigos y descansaba entre ellos. Vimos una Iglesia donde estaba su casa y visitamos el sepulcro de Lázaro (Juan 11) donde el Señor por su amistad y amor lo devolvió a la vida. También fumos a Ein-Karim donde vivía Isabel, y fue visitada por la Virgen ( Lucas 1). Cantamos el Magnificat. ¡Qué Iglesia más bonita y más sencilla!. Y el lugar donde nació Juan Bautista, el precursor ( Juan1).

 Luego a la Basílica de la Natividad donde Jesús nació (Lucas 2)en Belén. Sorprende lo sucia y destartalada que está. Es increíble o indignante. Cuidada por los ortodoxos, después de una larga cola, pudimos arrodillarnos en el lugar donde estaba el pesebre: “Y mientras estaban allí, le llegó el tiempo del parto, y dio  a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y e acostó en un pesebre”. El nacimiento del Señor. ¡Qué hermosa es la Navidad! Es hermosa hasta la tristeza que desprende. “Se hizo hombre para que nosotros llegáramos a Dios” (Juan Crisóstomo).

Celebramos la Misa en el Campo de los pastores, donde ellos dormían “al raso” y oyeron la noticia del Ángel: “os ha nacido un Salvador en la ciudad de David”. Unos pastores de Belén son los que reciben  la noticia: un pesebre, sin casa, unos pastores, unos humildes, unos don nadie, una burra. Así obra Dios. ¡Qué vistas tan hermosas! Por supuesto, cantamos nuestros villancicos, tan típicos de nuestra tierra y tan hermosos: “A Belén, pastores”. “Noche de paz”. “Adeste, fideles”. “Ay del chiquirritín”, y uno hermoso de Campanario: “ La zagalilla”.

Cambiamos de tema: Por la noche, después de la cena, partimos hacia el centro de Jerusalén: la Vía Dolorosa. Y  con el rezo del Via Crucis acompañamos a Jesús por las estaciones del dolor y el sufrimiento. !Cómo pesaría la Cruz! Al final, el Calvario. Yo pensaba en un monte a las afueras. Lo fue. Pero la ciudad creció y lo metió dentro de las murallas. Hoy es una Iglesia  del Santo Sepulcro. 

 

 

 

-Lunes 9:

 

Por la mañana impresiona la belleza del patio de los Abisinios que está delante de la Iglesia del Santo Sepulcro, y la  solemnidad de ésta. La Iglesia se la dividen los ortodoxos, los armenios, los coptos y los franciscanos. ¡Ni que decir tiene que la parte más limpia es la parte católica! Hicimos cola para entrar en el sepulcro. Las losas donde estuvo el cuerpo dolorido, machacado y sin vida del Señor. Pero allá se produciría el hecho increíble pero cierto del Resurrección, eléctrico pero sereno, tremendo pero necesario. Con tantos detalles como nos lo cuenta Juan 20: “María Magdalena muy de mañana… Luego los dos discípulos… los dos corrían, pero el otro discípulo (el preferido: el joven Juan) corría más que Pedro( menos joven ). Llegó primero pero no entró ( el miedo). Llegó luego Pedro y entra. Vio las vendas por el suelo desparramadas, y en cambio, el sudario (con el que los judíos le envolvían al fallecido la cabeza) ¡enrollado y colocado con cuidado en un sitio aparate! Y entró (superado el miedo) el discípulo joven. ENTRÓ, VIO Y CREYÓ. Pues hasta ese momento no entendió lo que significaba…”. 

Una vida más allá. El amor que no se puede encerrar en una piedra. Alfa y Omega: principio y fin de cuanto existe El hombre que es más que el pecado. La fe que todo lo puede. Dios que tiene la última palabra. El que entrega su Vida, la recupera. La fuerza de Dios que rompe toda debilidad lógica. ¡Cómo se quedarían los discípulos! Fuera dudas y decepción.

 

 “Amaneció Jesucristo.

Como un sol que sale del sepulcro.

Ha resucitado el que amó hasta la muerte,

El Dios de la vida,

El Dios que es la Vida.

Su amor  fue tan fuerte

que no pude ser crecido.

 

¡El amor es la vida,

el que ama está Vivo!”.

 

 

Ese domingo sería el primero, y su luz llega a todos los domingos: incluso a los que tenemos sueño y no nos levantamos, los que estamos aburridos y desganados de siempre lo mismo, los que yo ya soy mayor, los que nos vamos al campo y a la viña, los que vemos el fútbol, los que vamos de viaje, incluso los que tenemos que estudiar, los que no tenemos ganas, los que… Excusas. Allí celebramos la Eucaristía no del sepultado y enterrado, sino del Resucitado Señor de la Historia.  

 

Pasamos luego por la piedra donde el cuerpo recibió los ungüentos típicos: mirra, áloe… Hermoso el mosaico de la pared que muestra 3 imágenes: la cruz, el descendimiento de ella y la entrada del cuerpo al sepulcro.

Luego pasamos al Calvario. Como dije es una capilla al lado con escaleras altas. Se observa la piedra inicial del monte y el ¡hoyo donde estuvo la cruz!

 

Después de tantas emociones una foto de grupo. Y unas compras por las calles típicas del zoco entre gente, tiendas, pergaminos, recuerdos y olor de incienso y especias.

Por la tarde El Cenáculo: la primera Eucaristía (Mateo 26). La Pascua judía que se hizo cristiana. El cordero animal que se hizo “cordero que quita el pecado del mundo”. Sólo pan y  vino, lo demás lo pone Dios.

También la piscina probática donde Jesús curó al paralítico (Juan 5), y junto la Iglesia  

Y luego el Muro de las Lamentaciones: increíble, impresionante. Tanta piedra, tantos rezos, tantos lamentos, tanta intransigencia.

 

Después de la cena nos quedaba un punto importante: la visita a Getsemaní (Marcos 14, 32). Hicimos una oración sobrecogedora en la iglesia franciscana. Allí delante del altar estaba la piedra sobre la que oró Jesús esa noche.  La tocamos. Y luego nos abrieron el Huerto para nosotros solos. Sería, más o menos, la misma hora. Los olivos. 8 son de la época de Jesús: retorcidos, los troncos huecos, pero siguen allí. ¡Qué momento de angustia! Era el momento clave: la decisión. O sí, o no. ¡Qué oración tan intensa!: “…pero que se haga tu voluntad, no la mía”. Y los discípulos dormidos, insensibles, inconscientes de lo que se avecinaba. Como nosotros normalmente. Hasta que llegó “Judas acompañado de un grupo con espadas  y palos”. “¿Con un beso entregas al Hijo del Hombre?”. ¡Qué frase! ¡Qué vergüenza sentiría  Judas”. A su Maestro entregaba.

 

 

-Martes 10:

 

Por la mañana, visita  a los lugares santos que se encuentran en el Monte de los Olivos: ya habíamos estado en Getsemany, ahora veíamos el lugar de la Ascensión del Señor a los cielos (Hechos 1), el lugar conocido como Dominus Flevit (Jesús lloró al ver Jerusalén desde lejos y conocer ya de antemano su intransigencia), y el Pater Noster, el lugar que Jesús compuso por primera vez esa maravillosa oración (Lucas 11): “le dijeron los discípulos enséñanos a orar…”. Decía San Agustín que todos los deseos y necesidades nobles del corazón humano estaban ya contenidas en esas 8 frases.

 

Y por último lugar visitado el Museo de Israel donde se guardan numerosos manuscritos antiguos, entre ellos un rollo del profeta Isaías descubierto en las cuevas de Qum-rám antes mencionadas. Pero lo que más nos sorprendió es una maqueta de la ciudad de Jerusalén  en tiempos de Jesús, en el siglo I. De 30 m de largo por 20 de ancho, destaca por sus numerosos detalles, y por su exacta y exquisita reconstrucción, sobresaliendo la grandiosidad del Templo, con sus numerosos patios, y la puerta del Santa Santorum. Te podías hacer una idea de la importancia teológica y nacional del Templo.

 

Y después de comer la tarde libre. Paseamos por grupos y amistades por las calles de Jerusalén. Como no: el zoco de tiendas. Pero algunos aprovechamos para ver de cerca las fantásticas murallas de la ciudad, hermosas y desafiantes. Con sus 7 puertas para salir al exterior: la de Damasco, Jaffa, Nueva, de la Basura, Herodes, Sión y la puerta del Mesías, que está tapiada hasta que, para el pueblo judío, venga el Mesías.

 

 

-Miércoles, 11:

 

Y de pronto, la vuelta a casa. ¡Qué pronto pasa el tiempo! Hacer maletas, salir hacia Telaviv de madrugada. Controles de seguridad, maletas abiertas, preguntas, miradas de pasaportes. Y el avión que nos regresa a casa. Despedida del grupo de Umbrete, y de Sebastián, amigo, y de Francisco Arellano. Y por supuesto, con ganas de repetir porque Tierra Santa sólo hay una.