¡Dulce Jesús, que estás dormido,
por el santo pecho que te ha amamantado,
yo te pido que este hijo mío
no sea soldado!
Se lo llevarán y era carne mía,
Me lo matarán y era mi alegría,
Y cuando esté muriendo dirá:
“¡Madre mía”!
Y yo no sabré la hora ni el día
¡Dulce Jesús…!