Había una vez un pequeño octopus
naranja que vivía en aguas muy lejanas del nordeste australiano.
El
pequeño octopus se llamaba Octavio y había nacido en la cueva más
hermosa del coral. Sólo en aquella cueva podían nacer octopus color
naranja. Y eso sucedía porque un viejo coral rojo que vivía en la
entrada de la cueva, dejaba pasar los rayos dorados del sol del
amanecer. Esos rayos de sol que pasaban a través de el viejo coral,
teñían el agua y las paredes de la cueva de color naranja. Como todos
sabemos, los octopus son los seres que mejor conocen el arte de copiar.
Así fue que nuestro amigo pintó en su piel el primer y más hermoso
color que vio al nacer.Dibujo hecho por Tomás (8 años).
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