Malandro el pirata tenía secuestrados a los tripulantes del barco y a
Shamu, la ballena bailarina. A su vez, Malandro quería la medalla que
tenía Octavio el octopus, y Octavio estaba encomendado en entregarle la
medalla a la ballena que el pirata tenía secuestrada... Era un círculo,
sólo había que atar cabos. Octavio pensaba acerca de las distintas opciones para encontrar a la ballena y darle la medalla, cuando de repente una brillante idea iluminó sus pensamientos. Tenía que lograr que Malandro lo secuestre a él para llegar hasta Shamu. Fue a contarle su brillante idea a la tortuga, pero la tortuga no parecía muy convencida del asunto. Había algunos detalles que Octavio no había considerado, por ejemplo: Por qué el pirata querría secuestrar a Octavio si con la medalla le alcanzaba? Octavio no había pensado en eso, la tortuga tenía razón. Lo más probable era que Malandro arrebate la medalla y mate a Octavio. De solo pensar en esa posibilidad Octavio se puso pálido, pasó del naranja al amarillo patito. Fue entonces cuando otra idea, más brillante que la primera cruzó los pensamientos del pequeño Octavio. - Ya sé -dijo Octavio- vamos a decirle a todos los seres del coral que me comí la medalla. - Pero usted m'hijo está loco, cómo se va a comer una medalla!!! Se va a empachar!!! - No Tortuga, es una mentira para que Malandro me lleve hasta dónde está la ballena. - Lo más probable es que te destripe, como la pasó al pato que ponía huevos de oro... ya le he contado mil veces esa historia. - Justamente por eso, como todos conocen esa historia, no me va a destripar. Va a esperar a que haga caca la madella. - Qué asco!!! La tortuga arrugó su arrugada cara, mientras que a Octavio le brillaban los ojos de solo imaginarse la situación. Ahora sólo había que desparramar la noticia y esperar. |