El pasado jueves 9 de octubre, día de paro de los trabajadores del PIT-CNT,
hubo varios disturbios en las puertas del colegio.
Como les avisaban los adscriptos a los alumnos, se iban a cerrar las puertas de Soca en la hora del almuerzo. Como respuesta a la lógica pregunta "Por qué", contestaron que las autoridades no querían que nos metiéramos en el tema, que no escucháramos nada... (¡y de paso agregaron que era mejor que no nos asomemos!).
Por supuesto creció la ansiedad entre los alumnos. Y era de esperar, ya que era la primera vez que sucedía algo así en el colegio. Nunca había paros, nunca habían manifestaciones; en esos días siempre se dictaba clase normalmente, aunque fuéramos el único colegio que lo hacía.
Bueno, regresando al tema del jueves, por supuesto que los que tuvieron la oportunidad no lo dudaron. Cuando los profesores no miraban, uno se asomaba por la ventana a ver lo que ocurría.
Al principio no pasó nada, y todos empezaron a creer que no iban a venir nada. Pero luego se armó lío. TODAS LAS PUERTAS DEL COLEGIO estaban clausuradas. No se dejaba salir a nadie, estábamos como presos. Los directores estaban parados, nerviosos, hablando entre ellos. Sonó el tiembre. De repente una multitud bajó de los pisos superiores y fue directamente a Soca. Todos querían salir. Martínez Graña se paró en la puerta del Hall de Soca y exclamó (nunca nadie supo si hablaba en serio, o si fue sarcástico): "¿Pasa algo?".
Fue como el gatillo de una revolución. ¿Que si pasaba algo? Nos tenían encerrados, había multitudes esperando poder salir, pero todo el ejército de adscriptos nos lo impedían. Y no sólo pasaba en Soca, algo parecido también sucedía en Pereira. Parecía que no iba a aguantarse más la situación....
Pero los manifestantes rotaron y se concentraron sólo en la entrada de Pereira. Era la oportunidad perfecta. Abrieron Soca. Pero rápidamente la cerraron, ya que los manifestantes se dirigieron nuevamente a Soca. Y toda la banda corrió hacia Pereira, en donde se abrieron las puertas, y una brisa fresca recorrió las caras de todos los alumnos nerviosos y transpirados que querían salir.
Sobre la vereda habían rociado con un graffiti negro el lema de la manifestación y todo el piso estaba lleno de folletos blancos.
Uff... ¡Qué alivio! |
