Desde el
“0” Estamos acostumbrados a ver imágenes de lidia; están, más que en nuestro inconsciente colectivo, en nuestro corazón colectivo. Tal vez por eso en las fotos de toros se concentran tanto la monumentalidad del bicho como la imponente tarea del hombre. Son latidos, alaridos, vítores. Primeros planos, casi retratos del animal, con una carga emotiva que dramatiza y agoniza el encuentro. El juego, el arte, se dan por entendidos. El elemento espacial, se lo tiene uno que imaginar. La levedad, el breve instante de la acometida, el tanteo dulce entre el diestro y el toro, que es la esencia matemática de un arte de exactitudes; la sustancia geométrica de las figuras formando fugas y ángulos, los prismas de luz que construyen un escenario en donde todo se ve porque se presiente han pasado a segundo plano a favor de reportajes narrativos y tremendistas. El objetivo de esta colección de fotografías de Montserrat de Pablo es devolvernos al, por decirlo así, teatro de operaciones. Con el ojo de quien está acostumbrado a medir el tiempo a través del espacio, su relato gráfico, muy personal, nos sitúa en el lugar del ojo de un águila: desde donde ella mira se ven las reglas, las suertes, los tercios. Y se ve cómo se aproxima la muerte y la gloria. A veces contempla, con el toro, las tablas acogedoras; otras, escucha con el torero el silencio de las gradas. Su visión de la fiesta es un relato estilizado del drama y, al mismo tiempo, una compasiva secuencia de amorosos quiebros. El blanco y negro acentúa la importancia del contexto, que es eminentemente lírica, y crea a veces verdaderos ámbitos abstractos en donde sin embargo se oye al toro bufar y al hombre sudar. Pero siempre sin romper el misterio o adivinanza. María Vela Zanetti, 2006.
La exposición comisariada por Chiqui Abril muestra una parte de una serie de 200 fotografías en blanco y negro realizadas por Montserrat de Pablo entre los años 2000-2009, la mayoría de ellas desde el palco cero de la Plaza de Toros de las Ventas. Todas las fotografías de la exposición son de 24 x 36 cm y están impresas con pigmentos minerales sobre papel Hahnemühle Photorag montadas sobre tablero DM con barniz PH neutro y una tirada de 5 ejemplares c/u.
Acompaña a esta exposición el Libro "desde el cero" edición límitada 60 ejemplares numerados y firmados por la artísta con una introducción de María Vela Zanetti, un texto de Antonio Caballero y los pies de foto de Jorge Laverón (Página optimizada para Firefox si no puedes verlo bien puedes ir directamente al siguiente enlace: pinchando aquí.) |
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IMPRESIONES NOBLES
Juan Pablo Wert
En una época, a principios de los setenta, en pleno ascenso del “curro-paulismo” y de la reivindicación de los toros por una parte significativa de la joven intelectualidad insumisa a la disciplina de la “progresía” (como entonces se denominaba sin atisbo despectivo a lo que hoy llamamos “corrección política”), recuerdo que Ángel González, profesor de Historia del Arte en la Complutense, nos comentaba a este propósito que lo interesante de los toros no ocurría en la arena, allá abajo, sino arriba en un plano superior, en otro estrato. De momento no supe cómo interpretar el oráculo, resistiéndome a considerarlo una mera boutade, género del que – como saben quienes lo conocen - es asiduo y que ha explotado pedagógicamente, casi a modo de mayéutica este memorable maestro. Consideré pues que o bien se trataba de una metáfora enaltecedora y que lo que quería decir era que la tauromaquia constituía un espectáculo elevado, transcendente, “cosa mentale”, o, por el contrario, una observación pedestre que vendría a revelar que lo divertido de los toros estaba en las gradas, en las expresiones castizas y comentarios chuscos de los aficionados. Con los años y después de haber visto más corridas he vuelto a pensar en aquello. Efectivamente, el interés no está exactamente ni en la arena ni en la grada (mucho menos en la contrabarraera, cuyo interés se reservan los lectores del papel couché), está – como advertía Picasso en su “L’avenir c’est dans l’air” – en el aire, en cierto estrato de la atmósfera.
La exposición de fotografías taurinas de Montse de Pablo “Desde el 0” nos ayuda a desvelar este misterio. Son fotografías tomadas desde lo más alto de la plaza y en ellas recoge lo que queda de esta atmósfera, lo que casi no se ve, el registro fantasmal y el rastro de la faena. Son las suyas fotografías en las que con nuevos métodos ha logrado evocar la calidad textural de las llamadas “impresiones nobles”, como las de Ortiz Echagüe, reveladas al oleobromuro y procedimientos afines, practicados por una generación de fotógrafos que todavía entendían la más noble aspiración de su oficio en la competición con la pintura y que, por ello, han merecido la denominación de “pictorialistas”.
Montse no es una fotógrafa pictorialista y cabe considerar que la ilusión que producen estas piezas de ser pequeños dibujos al carboncillo, aunque no necesariamente accidental, tiene un papel secundario en el interés de la obra. Al fin y al cabo estas fotografías no necesitan buscar lo bello, porque son ello. Se llamaron nobles, probablemente porque utilizaban un soporte, un papel que hasta entonces sólo se destinaban al uso artístico, pero quizá hoy haya que interpretar de modo diferente esta supuesta nobleza.
Nobles son también los gases inmiscibles y, por tanto, son reconocibles a distancia. Como estas obras en las que los lances taurinos son identificables a pesar de la distancia, casi convertidos en ideogramas orientales. Ahora veo lo que posiblemente nos estaba contando Ángel González y es que no era necesario verlo, que se distinguía por lo que se distinguen los gases: por el olor. Eso que metafóricamente algunos llaman olor de torería y que otros más severos rebajan a la condición de tufillo es lo que en realidad se percibe, lo que impresiona la pituitaria: impresiones nobles.