Recién terminada la carrera, y nunca mejor escrito, por su duración, los seis años y las especialidades, el maratón es el de “iron man” la famosa prueba de resistencia física e intelectual por aquello de “mens sana in corpore sano “ me incorpore al mundo laboral con la ilusión de aquel famoso Dr. Ganon de los años 70, que llevaba el fonendo al cuello como un collar, mientras aquí, qué aun no éramos europeos, lo depositábamos en el bolsillo de la bata, con la finalidad de no ser menos que el resto del mundo mundial, empezaron algunos a colgarse el fonendo al cuello,adjuntos, catedros, e imitadores del Dr.Ganon, moda que dura hasta hoy en día, cualquier compi que se precie, debe ir con la soga al cuello, perdón
con el estetoscopio ( palabra en desuso ) y con zuecos de colores, eso
es lo que hay, y si alguno quiere decir sin decirlo, que ha estado en USA, que utilice batas de colores diferentes, y ya tenemos al galeno guay del paraguay, en estas reflexiones andaba, pues el tiempo pasa aunque parece detenido en los departamentos de los Hospitales, siempre los mismos apellidos, se ve que la genética manda, como ocurre con las familias reales y algunos gobernantes no tan reales, que casi rozan la eternidad, mi incorporación al mundo de la Sanidad Publica, la otra no existe, así lo decidieron en Marzo de 1943, si la historia no miente, los que dirigían las labores de Gobierno, comienza en el mal llamado Servicio Especial de Urgencia, ni era Servicio, si servicial, ni era Especial, muy vulgar, y no era de Urgencia, era la prolongación de los avisos sin hacer del médico de cabecera, así me fui adentrando en el mundo mágico de la medicina, por las sorpresas que descubrías no por la magia que no existía, y una noche de Halloween, otra costumbre anglosajona incorporada al acervo cultural no sanitario , aunque si con cobertura universal como la medicina publica, me dieron un aviso “urgente”, para eso era un servicio de urgencia, al llegar al domicilio del paciente, acompañado por el conductor de la “ LECHERA “
denominación asociada al color del coche, no a su cometido, nos
introducimos en el domicilio con la seriedad y respeto de la ocasión,
pase a la habitación de la paciente, y me encontré
una señora profundamente dormida, con una temperatura corporal
excelente, y sin latidos cardiacos, ni ruidos respiratorios, su marido
con aspecto respetable, para ocultar su muerte había colocado una manta eléctrica, debajo del colchón, solicitando certificado de defunción, con cara de sorpresa, ante lo cual mire el calendario y comprobé que era la noche de Halloween, y que las meigas existen, acudí a la improvisación ante la situación como aprendí de un adjunto de Patología General, cuando navegaba Para llegar a la meta, sin saber lo que me esperaba después de seis años de carrera y otros tantos de Especialidad.
Madrid a 16 de octubre de 2009
Fdo.: Dr. GALLEGO FERREIRO Cº 28/24753
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