El despertar

 

  El despertar

1

Te digo que es un muerto, remuerto, requetemuerto y no es una apreciación de hoy, llevo chocándome con ese gusano cuatro años y puedo decirte que no he apreciado ni la más mínima variación en esa larva eternamente envainada en el mismo chaquetón pardo, y cuidado que en este antro hay bodrios por los que no me despeinaría ni en sueños;  es algo más profundo, una permanente agresión matinal empecinada  en quitar méritos a mi tiempo de ducha-lavapelos-ponte crema-rimel-brush solar, cada mañana, irremediablemente y puedes creer que es probablemente el único ser del entorno que aún no se ha dado cuenta este curso, cómo  llevo marcados mis perfectos quince años, justo en el centímetro de  culo que maravillosamente engunfado en los legings negros asoma bajo mis shorts.

2

Además es feo, unas perpetuas greñas lacias de rata mojada enmarcan esa cara hundida en el sempiterno libro de rigor que un día le quité en broma para no conseguir más que una mirada de soslayo de unos ojos putrefactos. Y si no fuera porque no estoy convencida de que no sea un ser de otro planeta, tiraría la toalla, aunque ¿quién sabe qué es en realidad un argentino? cuando casi nadie sabe malamente donde está la Argentina  -recuerdo ingrato de mapa político mudo que en segundo hubo que hacer colorear, buscar las capitales de un maldito continente que para colmo tiene dos pedazos y no cabía en la hoja-. Sí, ríete, ahora ya sabemos algo más, que los argentinos son feos, no van al gimnasio y devoran libros sin  parar por miedo a que una nena como Dios manda les ponga en su sitio.

3

“Porque yo ya no soy yo…” me he convertido en una zombi, así como lo ves, y es inútil que me mire al espejo porque mis ojos ahora sólo ven ese rostro, como si se hubiera transformado en el mío, incluso me palpo a menudo junto a la boca buscando un lunar imaginario  que él tiene. No, aún no leo libros y es probable, casi seguro, que nunca lo haga, pero todos los libros del mundo bullen dentro de mí, todos los que él ha leído, claro; no me preguntes cómo ha ocurrido, porque podría largarte un discurso sobre el ser y la existencia que no entenderías, y sería perder el tiempo tratar de explicar a una adolescente empedernida como tú, que ya no me siento la última caca del mundo, que todas las maravillas de la tierra me pertenecen y voy a luchar como una loca por cada gota de agua del mar y por cada árbol que me ha sido regalado y que toda la esencia del Universo está contenida en la profundidad inconmensurable de los putrefactos ojos de un argentino.


Mª Dolores San Juan