Esta es una vista del archivo que muestra la contraportada, el lomo y la portada. Aunque hace tiempo que no paso por aquí, en el entretanto he escrito alguna cosilla, y aquí la expongo. Se trata de una nueva novela, y de las largas (500 páginas). Está ambientada en la Edad Media (en la que llaman Plena Edad Media, es decir, a caballo de los siglos XII y XIII) y lleva el extraño título de "Dios conmigo". En realidad, de Dios se habla poco (demasiado poco teniendo en cuenta cómo eran entonces las cosas), pero le he puesto ese nombre porque era el grito de guerra de los cruzados y esta narración se desarrolla durante unos momentos renombrados de la Reconquista española (perdón, pues entonces no existía España, pero vamos a decirlo así para entendernos), que son los que median alrededor de la batalla de Alarcos y la de la Nava de la Losa, hechos acaecidos en 1195 y 1212. Cuenta la vida de un personaje (Ramón el calatravo), que desde el fondo de la escala social (nació en La Mancha) llegó a cierta altura (se casó con una rica, lo que podría explicar el asunto) y pasó por el planeta Tierra -o la ancha Castilla, que fue su país-, dedicado al comercio, las artes y la guerra... Pero no voy a decir más, sino que coloco un par de textos y un enlace a uno de mis blogs, una entrada en las que se puede leer un trozo del libro; un trozo significado, además. Lo que viene a continuación es el texto de la contraportada del libro: Un personaje ficticio –Ramón el calatravo– narra su existencia entera, que se cumplió a caballo de los siglos XII y XIII. Aprendiz de cantero, agricultor, herrero, siervo, soldado, señor de la guerra y constructor de catedrales góticas, desde el cenobio que habitó en las postrimerías de su vida rememora los lances que el albur le llevó a contemplar, entre los que descuellan la batalla de Alarcos y la de la Nava de la Losa, episodios que han pasado a la historia con letras mayúsculas. Bereberes, traficantes, castellanos, reyes, ángeles y demonios, bailarinas y juglares, nobles y siervos, caballeros y labradores, gente de armas y de letras, dromedarios, sabuesos, simios, alanos, mulos y corceles y otros muchos animales que sería excesivo citar, componen la multitud que poblaba el mundo que le tocó vivir como uno más de los eslabones de la inextinguible cadena de la humanidad, aquella que entre cerradas nieblas persigue fantasmas para concluir con la célebres palabras que dicen, ¡vanidad de vanidades...!, todo es vanidad. Y lo que sigue está en la página 9: AVISO
Si esta crónica fuese auténtica, no hubiera sido escrita en castellano actual, el propio de los siglos que siguen al XVIII, sino en un intrincado y oscuro lenguaje –romance descendiente del latín y entreverado con abundantes términos del árabe, del bereber y del visigótico– que no reconoceríamos. Puesto que en aquellos entonces (los siglos XII y XIII) no se escribía de semejante manera, y los escasísimos documentos que nos han llegado se distinguen por el laconismo, la sequedad descriptiva y la nula deferencia con la lírica, es preciso decir que el tono general de la narración, impropio de la época que dibuja, es una pura fantasía que únicamente pretende dar colorido a un relato que será leído muy lejos de sus circunstancias. Hay que considerar las presentes páginas, por tanto, como una en demasía libre y harto retórica traducción adaptada a nuestro tiempo. (Añadido el 15 de abril de 2011). |
