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1. Trabajo de Ética El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde María Codina Ballesteros - 4º ESO - B El autor expresa en el texto que un individuo tiene dos naturalezas, una racional y otra pasional, de las que no se puede deshacer, ya que las dos partes se complementan entre sí. Esta doble naturaleza es imposible de separar, puesto que nacimos con ella y moriremos con ella. La parte racional evalúa la parte pasional, considerando los sentimientos que una persona debe elegir y la parte pasional nos hace comportarnos según lo que sentimos en un momento determinado, aunque sabemos que la razón intentará guiarnos por lo correcto. Supongo que el Dr. Jekyll decidió suicidarse porque no quería convertirse en un monstruo, es decir, que solo es un ser pasional. La parte pasional, poco a poco, se estaba apoderando de él y le conducía a una situación que se escapaba de su control. El Dr. Jekyll quería dominarse a sí mismo, controlar sus acciones y no dejarse llevar por los sentimientos. Aunque, supongo, que el Dr. Jekyll se tuvo que dar cuenta, al final de su trágica historia, que la doble naturaleza del ser humano ha de estar equilibrada. 2. Redacción de Ética
LOBOS Martín Quirós – 4º ESO – B
Todos giraban en torno suyo. Los quince ejemplares, con los colmillos al aire y el hocico chafado, se acercaban lentamente hacia el hombre que se desangraba en el suelo, con la expresión sonriente propia de un demonio. Taal S´en Halais se esforzó de una forma sobrehumana por mantener la presión sobre la herida a la par que sacaba el cuchillo de la funda enguantada. Aquel pobre indio no sabía qué hacer. Se suponía que aquello no debería pasar, se suponía que aquello no PODÍA pasar. Estaba en armonía con la naturaleza, mantenía un vínculo con ella. Semejante relación no era algo que se pudiera romper así como así. Tenía que haber algún motivo. Repasó mentalmente el rumbo de su vida. Siempre había cazado por necesidad, por hambre, o cualquier otra razón, pero nunca por diversión. Respetaba a sus prójimos y compartía sus bienes con el resto del poblado. Había aprendido a dominarse a sí mismo y controlar sus impulsos a lo largo de los años. Al cumplir los diecisiete años se había convertido en un hombre casado y con tres hijos a los que alimentar. Su vida había transcurrido de forma perfecta hasta la llegada de aquellos monstruos... Los llamaban salvajes sin conocer sus costumbres, se quedaban con sus tierras por un decreto que había grabado en un papel, quemaban las aldeas matando a mujeres y niños, asesinaban su ganado sagrado y se abastecían de él, profanando la divinidad de los animales. Derogaban sus nombres y les daban otros extraños, "mejores para su condición de esclavos" Para así convertirse en sus "amos" superiores, y venderlos en los mercados. Si se negaban a trabajar los mataban con sus armas. Había soportado la muerte de su padre y sus dos hermanos, no obstante, el asesinato de su mujer lo enfureció de tal modo que envió al infierno a seis de aquellos "amos" justo antes de recibir un balazo en la pantorrilla. Aún conservaba la expresión de rabia en el rostro ensangrentado cuando se dejó caer, abatido por los dolores. Pensó entonces en la muerte que le esperaba. Dolorosa, lenta... Entonces comprendió. No serían los lobos los que acabarían realmente con él, habían sido los blancos los que lo habían matado... ¿O no? Comenzaba a sentirse muy confuso. Notó los colmillos del primer animal penetrando a través de su costado derecho. Lo que de verdad le dolía era el corazón... ¿O era el estómago? No, el estomago estaba en el vientre. O tal vez no... Se le nubló la vista. Lo último que el indio pensó conscientemente fue en el hombre que le había disparado. ¿Qué era lo que lo hacía más peligroso que las bestias salvajes? No tuvo la necesidad de buscar siquiera la respuesta, pues se le presentó antes de que tuviera tiempo. Era la capacidad de amar y odiar al mismo tiempo. Sí, eso era.
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