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Edificio San Luis Gonzaga

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La presencia de los jesuitas en El Puerto data del siglo XVII, en que el padre Bonifaz pensó fundar un colegio de Predicadores en la Ciudad, para la enseñanza.
 
El proyecto no pudo llevarse a cabo debido a la inflexibilidad del duque de Medinaceli, hasta que en 1865, siguiendo la línea comenzada en Puerto Real el año anterior, se empieza a dar clases en un local provisional el Hospicio de Jesuitas, en las calles Luna y Nevería.
 
El 27 de julio del año 1867 fue inaugurado el colegio que actualmente conocemos, cuyo primer rector fue el padre Bartolomé Munar.

 

El edificio está construido sobre el antiguo convento de San Francisco de la Observancia, cuya iglesia se conserva aún, aneja al colegio, el cual dejó de funcionar cuando los jesuitas fueron expulsados en el año 1868, hasta su vuelta, en 1875, en que se vuelve a la normalidad. En 1924 se convierte en noviciado.

 

Los años de 1875 a 1924 corresponden a la época de oro del colegio, acudiendo a él alumnos como Fernando Villalón, Juan Gavala, R. Alberti, J. Ramón Jiménez, Pedro Muñoz Seca…

 

Entre 1936 y 1938 funciona como hospital, convirtiéndose de nuevo en noviciado hasta el año 1961 en que recupera su función educativa hasta la actualidad.

 

La fachada del edificio, de corte neoclásico, de gran empaque y sobriedad, fue terminada en 1895. En el interior del colegio hay que destacar la majestuosa escalera, de mármol, de acceso al primer piso, que se abre en dos direcciones, y el patio, porticado, a manera de claustro.

 

El colegio conserva una colección de animales disecados, algunos de los cuales ya se hallan extinguidos, de los primeros tiempos de su enseñanza.

 

La iglesia, construida bajo la advocación de San Miguel Arcángel, data, al igual que el convento para el que fue edificada, del año 1517.

 

Es de tres naves, con crucero, en la que cabe distinguir la capilla mayor, cuyo arquitecto fue Pedro Díaz de Palacios y comprada para su entierro por Antonio Manso; hecha, según parece, gracias a la donación testamentaria de Alonso de Montoya.

 

El retablo principal, barroco, muy parecido, aunque de mayores dimensiones, a los del convento de las Esclavas y las Concepcionistas, sigue, en su forma, a la construcción de la capilla, semicircular.

 

En esta iglesia se conservan dos magnificas tallas: de un S. Francisco Javier y un S. Ignacio de Loyola, obras del gran escultor Juan de Mesa.

 

(El texto anterior ha sido tomado del libro “Guía Histórica-Artística de El Puerto de Santa María” de Olga Lozano Cid y Mercedes García Pazos, que fue editado por la Fundación Municipal de Cultura con la colaboración de Bodegas Osborne el año 1983.)