larataliterata

No. 2 Noviembre de 2008

LA RATA LITERATA

Sin permiso para traducir

 

Noviembre 2008

 

Directores:

Wilson        Orozco  http://animalburocrata.blogspot.com/

Alejandro Ramírez  alejandrora17@gmail.com

 


Tabla de contenido

 

La Rata Literata

Editorial................................................................................... 4

Carta de los lectores........................................................... 5

TRADUCCIÓN

Cuentos cortos, muy cortos............................................. 8

La gran tortura......................................................... 26

estación de bomberos...................................................... 33

cara de un político  en un afiche................................ 45

La otra vida............................................................... 46

En un diario de siete días............................................... 47

CRÍTICA, MUY CRÍTICA

     Finca, calor y errores.................................................... 49

CREACIÓN

Alejandro Ramírez........................................................... 51

Wilson Orozco.................................................................... 56

 

Editorial

 

Bueno, un nuevo número de La Rata Literata. Eso es lo bueno de los paros de la Universidad de Antioquia: dan para todo. Hasta para completar un segundo número de una revista dedicada a la traducción literaria y plataforma para meter de contrabando nuestros textos.

Nos han reportado sintonía diversos personajes: amigos, amantes (y examantes), esposas (y exesposas), patos, lambones, eruditos, farsantes (entre ellos hay por ahí un seudo-españolete) y lo que más conmovidos nos tiene, un sicoanalista encarcelado recientemente en Bellavista.

Los únicos que no se han reportado son nuestros enemigos. Esos deben estar rumiando su ira y su envidia.  Pobrecitos.

Bienvenidos (con cariño) a un nuevo número que no ha costado un solo peso.

     

 

 

 

Cartas de los lectores

 


De los miles de correos recibidos nos ha costado un trabajo enorme escoger unos cuantos. Nuestros fieles lectores sabrán disculparnos. He aquí una pequeña muestra de los amores y los odios que hemos generado, además encargamos una serie de mamarrachos a nuestro ilustrador de planta:

 


Felicitaciones por esa empresa quijotesca que han iniciado. Aunque comparto un poco la opinión del lector que dice que están perdiendo el tiempo, creo que es una labor loable y liberadora para ustedes !tener un espacio donde dejar volar su imaginación! Es cierto que hay muchas revista de calidad. Pero, por lo mismo, no permiten la participación/publicación del lector común. Mucha suerte en esta empresa.

 P.D. ustedes deciden si publican este lambetazo en su próximo número.

Correo de Tividad:

Hola, la presentacion de su revista es muy floja. Por que no aprendeis a escribir antes de hablar de que se hacen malas traduciones? Venga, escribid de nuevo el texto y demostrar que sabeis hacerlo. Es patetico.

(Aclaración: conservamos los errores de su correo. En son de guerra le señalamos sus errores y recibimos lo siguiente:)

Gracias por el correo.

Sabia que os iba a gustar. Vivo en Nueva York y no tengo acentos, pero me da igual porque yo no soy escritora, soy lectora y sigo pensando que la presentacion, y lo que escribi era por vuestro bien, era muy mala, pero que muy mala. Llena de repeticiones, puntos comunes y banalidades. Si no me hubiera importado os hubiera ignorado.

     Me alegra que lo pasaras bien con mi correo. Pero, por favor, a ver si aprendeis a escribir. Ojala fuera yo una escritora! Intentaria no imitaros.

  Besitos

PS.- Ah! la revista es una demostracion del "ego" de vosotros dos, sois argentinos?, que aburre. Gracias por contestar.

(Aclaración: de nuevo conservamos los errores del correo.)

 

LAS LEYES DE MURPHY Y OTRAS LEYES AFINES

 

FILOSOFIA DE MURPHY.

* Sonría. Mañana puede ser peor.

POSTULADO DE BOLING.

* Si se encuentra bien, no se preocupe. Se le pasará.

 

SEGUNDA LEY DE FINAGLE.

No importa cuál sea el resultado previsto. Siempre habrá alguien impaciente por:

Malinterpretarlo

Imitarlo

Creer que ha sido a causa de su teoría favorita.

REGLAS DE FINAGLE.

1. Para estudiar mejor un asunto, entiéndalo en profundidad antes de empezar.

2. Lleve siempre un registro de datos; así demostrará que ha estado trabajando.

3. Primero dibuje curvas y después elabore el texto.

4. En caso de duda, que suene muy convincente.

5. Los experimentos deben ser análogos, es decir, todos deben fallar de la misma manera.

6. No crea en los milagros, confíe en ellos.

REGLA DE FAHNSTOCK SOBRE EL FRACASO.

* Si no atina a la primera, destruya todas las evidencias de que lo ha intentado.

REGLA DE ROGER.

* Se concederá autorización para un proyecto únicamente cuando ninguno de los que lo autorizan pueda ser culpado si el proyecto fracasa, pero todos se lo puedan atribuir si resulta un éxito.

 

PRINCIPIO DE PFEIFER.

* Nunca tome una decisión si puede lograr que la tome otro en su lugar.

 

PRIMERA LEY DE LAS REUNIONES DE NEGOCIOS.

* La rotura de la punta del lápiz es directamente proporcional a la importancia de las notas que haya que tomar.

 

SEGUNDA LEY DE LAS REUNIONES DE NEGOCIOS.

* Si hay dos maneras de pronunciar el nombre de una persona, usted lo pronunciará de la que no es.

 

PRIMERA LEY DE LOS ARTISTAS FREELANCE

. * Los encargos urgentísimos, pero muy bien pagados, sólo llegan cuando usted ha aceptado un encargo urgentísimo, pero mal pagado.

 

LEY DE JONES.

* El hombre capaz de sonreír cuando las cosas van mal, ya ha pensado a quien le echará la culpa.

 

LEYES DE BOREN.

1. Cuando tenga dudas, hable entre dientes.

2. Cuando tenga problemas, delegue.

3. Cuando sea el jefe, medite.

 

REGLA DE LA LEY.

1. Si los hechos están en su contra, invoque a la ley.

2. Si la ley está en su contra, insista en los hechos.

3. Si los hechos y la ley están en su contra, grite como un poseso.

 

LEY DE HIRAM.

* Si se consultan suficientes expertos, se puede confirmar cualquier opinión.

 

MAXIMA DE MATZ.

* Una conclusión es el punto en el que usted se cansó de pensar.

 

AXIOMA DE CAHN.

* Cuando todo falle, lea las instrucciones.

 

LEY DE FETT DEL LABORATORIO.

* Nunca intente repetir un experimento que haya salido bien.

 

LEY DE FELSON.

* Robar ideas a una persona es plagio. Robárselas a muchas es investigación.

 

LEY DEL SEÑOR COOPER.

* Si no entiende un término específico en un texto técnico, páselo por alto. El texto tendrá sentido sin él.

 

LEY DE SUPERVIVENCIA EN LA UNIVERSIDAD DE MEREDITH.

* Nunca permita que el profesor de su especialidad se entere de que usted existe.

 

REGLA DE FINAGLE.

* El trabajo en equipo es esencial. Le permitirá echarle la culpa al otro.

 

LEYES DEL TERROR APLICADO.

1. 1. Cuando repase sus apuntes antes de un examen, se dará cuenta de que lo más importante es ilegible.

2. 2. Cuanto más haya estudiado para un examen, menos seguro estará de cuál es la respuesta que le piden.

3. 3. El 80 por 100 del examen final está extraído de la clase a la que faltó y del libro que no ha leído.

4. 4. La noche antes del parcial de Historia, el profesor de Biología le mandará que se lea doscientas páginas sobre insectos.

Corolario. Todos los profesores dan por sentado que lo único que usted tiene que hacer es estudiar su asignatura.

5. 5. Si tiene que hacer un examen en el que se pueden usar libros, se le olvidará llevarlos. Corolario. Si tiene que redactar un trabajo en casa, se le olvidará donde vive.

6. 6. A final de curso se acordará de que se había matriculado en una asignatura... y nunca ha ido a clase.

 

LEY DE NATALIE SOBRE EL ALGEBRA.

* No lo comprenderá hasta después del examen.

 

LEY DE MURPHY DEL TRABAJO DE FIN DE CURSO.

* El libro o la revista fundamental para terminar su trabajo de fin de curso será el único que no esté en la biblioteca.

Corolario.

* Si no falta, le habrán arrancado las páginas más importantes.

 

LEY DE SCOTT SOBRE LOS NEGOCIOS.

* No vaya nunca por el pasillo de su empresa sin llevar un papel en la mano.

 

PRINCIPIO DE LA ESPERA.

* Cuanto más tiempo lleva en una cola, más probabilidades hay de que se haya equivocado de ventanilla.

 

LEY DE JILLY.

* Cuanto más horrendo sea el corte de pelo, más despacio le crecerá.

 

LEY DE WAGNER SOBRE LAS RETRANSMISIONES DEPORTIVAS.

* Cuando la cámara se centra en un atleta, éste escupirá, se hurgará la nariz o se rascará.

 

 

 

EINSTEIN DESENAMORADO[1]

Traducido del inglés por:

Wilson Orozco

 

Debido a la falta que le hacían sus hijos, Albert [Einstein] compiló una serie de condiciones bajo las cuales él estaría dispuesto a seguir viviendo con su esposa, Mileva. Numeradas y subdivididas como las clausulas de un contrato o los protocolos de un experimento, éstas incluían exigencias como que toda su ropa estuviera limpia y en orden, que Mileva le llevara las tres comidas del día a su cuarto y que no lo molestara en su trabajo. También tendría que renunciar a todo tipo de relaciones íntimas con él y no criticarlo delante de los niños. No saldría ni aparecería en eventos sociales con ella a no ser que tuvieran que mantener las apariencias. Sus instrucciones dejaban poco margen al azar: “Claramente te verás obligada a seguir las siguientes indicaciones en relación conmigo. 1. No esperes ternura de mí ni me acuses de nada. 2. Si me diriges la palabra, debes dejar de hacerlo si yo te lo exijo. 3. Debes abandonar inmediatamente, sin oposición alguna, mi cuarto u oficina si así te lo solicito”.

Mileva le envió una carta a través de un amigo diciendo que ella estaba dispuesta a someterse a esas condiciones pero eso no fue suficiente para Albert quien le escribió de nuevo exigiéndole una respuesta más contundente. “Estoy dispuesto a volver al apartamento porque no quiero perder a los niños y porque no quiero que se queden sin papá, pero solo por eso. Después de todo lo que ha pasado entre nosotros, una relación amistosa está descartada”. Y le advirtió que si ella no era capaz de mantener las cosas en el orden de lo estrictamente necesario, se separaría. (267)

(Dennis Overbye)

**********

 “Y la moraleja de la historia (a la que uno escasamente le presta atención) es que la mitad de arriba planea y piensa mientras que la de abajo determina nuestro destino”. (67)

(Albert Einstein)

**********

“El matrimonio es el intento infructuoso de convertir un accidente en algo para toda la vida”. (141)

(Albert Einstein)

 

 

LO QUE LE ENCANTA AL ESTRATO 28[2]

Adaptado del inglés por:

Wilson Orozco

 

Capuchino

Sin duda, al estrato 28 le encanta el capuchino. Sobre todo en Crepes and Waffles. Hay que agregar además que éste es el lugar ideal para las solteronas.

Religiones que sus papás no profesan
Por lo general, los del estrato 28 dicen que son “espirituales” pero no “religiosos”. Casi siempre eso quiere decir que podrían creer en cualquier religión que no involucre a Jesucristo. Las opciones más representativas incluyen al budismo, al hinduismo y en menor grado a la Cienciología. Incluso, algunos se meten al Islam pero eso es mucho más raro ya que uno tiene que hacer sacrificios reales e ir de verdad a una mezquita.

En su gran mayoría, los del estrato 28 prefieren religiones que producen objetos y muebles que salen con la decoración de su hogar y con su vestuario. También son muy proclives a meterse en religiones que no exijan mucho compromiso o diezmos.

Diversidad

Al estrato 28 le encanta la diversidad étnica pero siempre y cuando ésta se limite a los restaurantes. Les encanta saber que pueden comer sushi, tacos y comida de mar hecha por chocoanos pero jamás enviarían a sus hijos a estudiar con estos últimos.

Hacerte sentir mal por no caminar

Al estrato 28 le encanta caminar por la Inferior, Superior y el parque de Laureles. Pero no todo el mundo sabe que otra cosa que le encanta es hacerlo sentir mal a uno por querer ver un partido de fútbol o por jugar Playstation. Sería fácil enojarse con el estrato 28 por esto, pero recuerden que está programado en sus cerebros que lo más grandioso que puede hacer en su tiempo libre es caminar, correr o subir por Las Palmas en bicicleta.

 


 

CUENTOS

 

EL HOMBRE DE BOGOTÁ

(Amy Hempel)

 

Traducido del inglés por:

Wilson Orozco

 

Ni la policía ni los servicios de emergencia son capaces de convencerla. La voz del cónyuge suplicante no logra su cometido. La mujer permanece en el alféizar: no se tira, pero amenaza.

Imagino que soy quien tiene que convencerla de que se baje. Así lo veo.

Le hablo a la mujer de un hombre de Bogotá. Un rico industrial al que secuestraron. No es una telenovela; su esposa no podía llamar al banco, y en veinticuatro horas, tener un millón de dólares. Eso duró meses. El hombre tenía problemas cardiacos y los secuestradores tenían que mantenerlo con vida.

Escúcheme, le digo a la mujer en el alféizar. Los secuestradores le hicieron dejar el cigarrillo. Lo pusieron a dieta y lo obligaron a hacer ejercicio todos los días. Así lo tuvieron durante tres meses.

Cuando se pagó el secuestro y liberaron al hombre, su doctor lo examinó. Encontró al hombre muy bien de salud. Le cuento a la mujer lo que dijo el doctor en ese momento: que el secuestro fue lo mejor que le pudo haber pasado.

***

Tal vez no es una historia para que alguien no se tire de un alféizar. Pero la cuento con la idea de que la mujer en el alféizar se haga una pregunta, la pregunta que se le ocurrió a ese hombre de Bogotá. Se preguntó cómo sabemos que lo que nos pasa no es bueno.

 

NOCHES DE CARNAVAL

(Marcelo Aires)

 

Traducido del portugués por:

Alejandro Ramírez

 

Caminaba cautelosamente por las callejuelas oscuras. Faltaba mucho para que saliera el sol. Mis pasos de ebrio sugerían cierta vulnerabilidad a quien considerara que me podía robar.

A los lejos vi dos mujeres. Estábamos en carnaval, las calles estaban llenas de parranderos. Una de ellas llevaba el panti del bikini, la otra llevaba el traje completo con una máscara carnavalesca medio tuerta. La una era rubia y la otra era morena. Por lo que recuerdo de mis gustos, nunca tuve una preferencia unánime por un tipo específico de mujer, me gustaban todas, siempre y cuando fueran realmente mujeres.

Ellas se aproximaban. Mi belleza era algo inexplicable. Con mi cabello castaño oscuro y mi aspecto de brasilero común. Nada del estereotipo rubio de ojos azules. Mi cabello al estilo de Reynaldo Gianecchini, la estrella de la televisión brasilera. Sólo pude retribuir la mirada de esas bellas hembras con mi mirada de perro abandonado y que en últimas no siempre funciona.

-¿Hola, joven, adónde vas?-preguntó la morena.  

-Estuve toda la noche preguntando por ustedes.

¿Serían ellas mis víctimas? Sabía que eran ellas.

-Mi amiga y yo estamos tan solitas –dijo la morena mientras juntaba su labios como para besar; quién podría resistir una boca tan sexy.

-Tenemos un apartamento aquí cerca, ¿no quieres conocerlo? –habló la rubia por primea vez, su voz ronca era enloquecedora.

-Por supuesto, no puedo dejar solitas dos hermosas mujeres en estas calles peligrosas.

Se miraron y se rieron.

-Hace parte de mi disfraz de caballero.

La morena se llamaba Rute, la rubia, según pude entender, Ana, o sería Ane. Todo daba lo mismo para mi mente ebria, nada tenía el menor sentido.

Las cogí a las dos por la cintura. El apartamento no estaba muy lejos de allí. En el ascensor las dos se retocaban el maquillaje mientras se miraban en el espejo pegado en la pared. Yo miraba por encima pensando en lo afortunado que era. Dos mujeres en una sola noche.

Maquinaba en mi sucia cabeza cómo las mataría. Siempre tenía un plan. Ellas eran mucho más eficaces en esas horas de éxtasis y dolor. ¿Un puñal? Tendría que buscarlo en la cocina, daría cualquier disculpa para ir a la cocina. Es una droga. No se puede matar como se hacía antiguamente. Afortunadamente llevaba mi vieja navaja casi sin filo.

La rubia abrió la puerta. Entré como de costumbre después de las dos mujeres. Así es como se debe portar un caballero, aunque digan que eso pasó de moda.

-¿Quieres tomar algo? –preguntó la rubia sabrosa.

Primero tenía que hacer una breve consulta con mi hígado. Y sí, aguantaba un poco más. Sobrio jamás lograría ejecutar la matanza.

-¿Qué tienen para beber?

-Umm… sólo cerveza. ¿Te gusta?

-Sí, claro, perfecto.       

Perfecto, igual desde cuándo un alcohólico escoge la bebida.

-Muchachas, necesito ir al baño.

-Está al final del corredor –agregó la morena, Rute.

Maldita cerveza, la miadera es peor que la resaca.

Después de largos minutos quedé satisfecho, mi vejiga quedó nuevamente vacía, pero eso iba a durar poco. Me lavé el rostro con abundante agua. En el espejo no pude dejar de mirar ese bello muchacho. Lo sé, soy un poco narcisista, pero quién tira la primera piedra.

-Maldito viejo psicópata. ¿Vas a matar una vez más o no? –hablé conmigo mismo al frente de ese espejo oval.  

Cuando regresé una cerveza long neck me esperaba acomodada en la delicada mano de la morena. Agarré la botella y cogí un pedazo de la mano de ella. Nada qué hacer, soy un depravado. 

Sentado en el sofá,  comenzó la refriega. Atacado por los dos flancos. Una me besaba y la otra me acariciaba. ¿Dios mío, cómo resistir la tentación? Matar esas dos bellas mujeres…

La rubia me besaba incesantemente el cuello. Sentí como un mordisco. Era el momento. No, esperé pues la morena se levantó y puso música en el equipo de sonido. She’s in fashion, el tipo de música que se volvió un lugar común como tema de fondo de las películas a la hora de soñar despierto. Yo estaba soñando. Flotaba por la sala verde.

Una de ellas puso la mano en mis pantalones. No me pregunten cuál era. Con la camisa abierta dos puntas afiladas me frotaban el pecho semidesnudo. Mi mirada perversa apareció de repente con otra mirada maligna. Dos ojos en llamas. Umm…  Nunca supe el momento exacto. Ese era el momento. Sonreí. Lancé a la rubia contra la pared. Quedó medio tonta. La morena salió al ataque. Me demoré en sacar la ridícula navaja del bolsillo. Vamos, maldita. Sentí un alivio cuando la agarré.

-Ven, amor. Sé lo que quieres. Tengo mucha en estas venas.

Y se acercó, tentada por la propuesta. Le clavé sin dolor la navaja en ese perverso corazoncito. Cayó con los ojos abiertos. Todavía no acababa. Le di una fuerte patada a la rubia. Ay, estropear un lindo rostro como ése. Pero era necesario, sólo Dios sabe lo fuerte que eran esas mujeres.

No tuve tiempo de levantarme. Con lástima me dirigí a su corazón. Sé que apenas es un músculo, pero ah, qué dolor.

Buen trabajo. Casi terminado. Fui a la cocina, después  de todo ahora no era necesario explicar nada. Cogí una cuchilla, las adoraba, hacen un buen estrago. En la sala separé las cabezas de los cuerpos fríos y rígidos. Les di la extremaunción, era necesario encomendar las almas a Dios, aún sabiendo que ellas irían al diablo.

Sin huellas digitales, sin testigos. Sin rumbo. Así era mi vida. La triste vida de un cazador de vampiresas.

 

EL ASESINO COBRA VIDA

(Charles Montaldo)

 

Traducido del inglés por:

Alejandro Ramírez

 

Volverá a su celda. Cerrarán la puerta, su pequeña jaula oscurecerá. Se acostará e intentará descansar y desesperadamente intentará bloquear la realidad de cómo pasará el resto de su vida. Al principio habrá total desesperanza, como un animal que se deja perder dentro de sí mismo. Se llenará de odio –odio por el abogado, odio por el juez, odio por el ministro que lo visita diariamente, odio por la familias de sus víctimas y, finalmente, odio por sus víctimas.

Ocultará su rostro para que nadie pueda mirar dentro de él cómo se desfiguró, mientras silenciosamente grita a sus enemigos, hace crujir los dientes en un enérgico gruñido y pronuncia su venenoso ataque sobre todos ellos.

Luego la horda incrustada en su mente empezará a calmarse. Arrojará a sus enemigos a un compartimento en su mente –el mismo en el que siente que siempre ha capturado las almas de sus víctimas. Empezará a examinar la situación y amoldará su futuro, el que cree que puede manipular.

Se dirá: “¡Puedo hacer que nada suceda! No puedo permitir que me capturen, estaría todavía afuera. ¡Soy un genio! Soy más astuto que los mejores detectives de este país.” Y empezará a idear cómo sobrevivirá.

Considerará cómo convertirse en un amigo de confianza para sus captores, como alguien que está por encima de los otros presos. A su debido momento se considerará como un administrador. Si muestra que está dispuesto a contar secretos a sus compañeros de celda, finalmente pasará de ser un prisionero a ser un captor –no físicamente- sólo porque la ley no lo permite.

Puede mostrar lo buena persona que es; que tiene un dominio muy superior del idioma y finalmente empezará a predicar en el sermón de los domingos. La gente lo admirará porque se darán cuenta de lo sabio e inteligente que es. Su corazón se apresura mientras su mente avanza hacia el futuro y ve todas las posibilidades que tiene delante de él.

Imagina largas filas de sicólogos esperando entrevistarlo. Ellos quedarán impresionados con su profunda comprensión del comportamiento psicótico. Los escritores estarán peleando por él, cada uno esperando ser el elegido para escribir su historia. Se hará una película y un actor –alguien con su refinamiento e inteligencia- lo representará.  Oh, sí, estará ocupado durante mucho tiempo.

Ahora que conoce su futuro puede relajarse. Una sonrisa aparece a lo largo de su rostro. Su mente llega hasta su compartimento y saca una de sus víctimas. Nadie puede enjaular su memoria. Vuelve a atrás, al momento en que tenía un control total sobre la vida de sus víctimas. Ese grito que imploraba por la vida parece un poco más lánguido aunque rehúsa admitirlo.

Ya no tiene más esa caja secreta en la que estaban todas las fotografías que le recordaban el aspecto de sus víctimas –cómo las ubicaba-, pero que sabe que nunca lo olvidará. Sin embargo, cuando trata de reconstruir las escenas en su mente éstas se rompen como un rompecabezas. No puede verlas tan claramente como podía hacerlo antes y lo justifica diciéndose que está cansado.

Busca la satisfacción que una vez obtuvo cuando pensaba en sus víctimas. Pero ya no la siente. Algo pasa. Repite otra vez el asesinato en su mente.  La excitación que sintió ver a sus víctimas atadas e indefensas ha sido reemplazarlo ahora por algo incómodo. Intenta arrojarlo lejos, pero no se mueve.

Su rostro empieza a enrojecer. Siente un calor que viene de su cuerpo hasta su mente y las llamas consumen las imágenes que había almacenado adentro. El sentimiento inconfortable lo doblega. Alguien puede pensar que es remordimiento, pero se equivoca.

Sí, es una emoción. Una que para la mayoría de nosotros vine y se va rápidamente, pero que para alguien como él funciona como un gusano que consume lentamente el mismísimo núcleo de su existencia. Este animal que acecha familias, niños, mujeres y que se alimenta sabiendo que él tuvo una comunidad atemorizada, no puede moverse de una emoción que es la que más detesta. Estaba avergonzado. Avergonzado que su coraza fuera derribada y que la gente ahora supiera el despreciable ser humano que era.

Mientras su rostro se vuelve rojo de calor, captura un relámpago de verdad. A aquellos que se ríen disimuladamente a su espalda sabrán cómo se vestía con la ropa interior de mujer y cómo usaba una improvisada máscara de mujer. A aquellos que persuadió de respetarlo no lo harán más. Todos sus esfuerzos por ser un hombre de autoridad se han evaporado y aquellos que él fastidió sacudirán la cabeza intencionalmente, como si siempre hubieran sabido que en realidad él era un perdedor.  Se da cuenta que no habrá ese compañerismo con los guardianes de la prisión ni sermones los domingos ahora que se ha conocido toda la verdad.

Exhausto, divaga hasta ese lugar donde no se está ni dormido ni despierto. Se ve a sí mismo avanzado hacia la entrada del patio exterior. Siente el distanciamiento de los alrededores.  Sospecha que no está solo. Siente temor, temor como el que nunca antes ha sentido. No está preparado para morir, pero no detiene la cuchilla que escarba en su pecho, en su espalda, en su mejilla. La sangre brota de él y se debilita, ahora en el suelo, respirando con dificultad e intentando una inhalación más a través de su cortado pecho. Sabe que está muriendo y cierra los ojos como si no ver lo protegiera de las puertas del infierno. Pero no puede dejar de escuchar el sonido que odia más que a nada y que es lo último que escuchará. El sonido de la risa que viene de sus asesinos. Una risotada disimulada, ululante, hacia él.

Despierta. Los ojos totalmente abiertos, viendo solamente la oscuridad aunque hay una silenciosa luz en las horas previas al amanecer de su prisión. Tiene los ojos húmedos con lágrimas. No son lágrimas por sus víctimas, no son lágrimas de remordimiento por nadie, sino lágrimas por él mismo.

Todas las noches la verdad golpeará la puerta de su mente, reemplazando su ilusoria autoestima con la realidad que el mundo no está pensando en él. Sus víctimas, reunidas en el corazón de sus seres queridos, saben que él es ahora un problema de Dios, no de ellas. La gran tristeza de ellos ha terminado y está en su lugar. La de él apenas comenzó.

 

LA RESPUESTA

(Jensairien)

 

Traducido del francés por:

Alejandro Ramírez

 

Todo lo tenía previsto. Una coartada perfecta, la maquinaria bien aceitada, hecha a la medida, sin exageración; sin embargo…

Una noche despierta a su esposa, ella abre los ojos y él le arroja un implacable “¡te odio!” como un escupitajo en el rostro y le dispara a quemarropa un tiro de revólver. Su coartada no era perfecta, sino muy frágil. El dinero y las joyas se evaporaron; él, ausente. La policía concluyó que el crimen se debió a móviles económicos. “Usted sabe, señor -había hablado en un tono alterado-, que puede que se nos escape el asesino de su esposa”. El día del entierro está de buen humor. Se pone una hermosa corbata, lustra sus zapatillas y afeita sus patillas. Incluso bajo la ducha se dio el gusto de silbar, aunque la ventana estaba entreabierta. ¿Pero quién lo escucharía? ¿Quién, además, se atrevería a sospechar de él después de los resultados de la investigación?

El cortejo progresa con dificultad bajo la nieve. Un intenso frío atrapa la triste procesión y, bajo la máscara de viudo descompuesto, ríe triunfal. ¿Pero qué son esos pensamientos inquietantes que de repente lo atormentan? ¿Se le habrá quedado algo sin prever? “¡Es ese detalle en el que no había pensado! Debí haberlo hecho en primavera. Hubiera sido maravilloso caminar bajo el sol para meter la vieja en la sombra”. En fin, llegan al cementerio y allí, mientras desciende el cuerpo a la tierra, se produce el sortilegio. Golpes en el féretro.

¿Será que se enloqueció? El esposo está pálido. Se organiza, los ruidos se duplican. Se abre febrilmente, con premura, y la esposa se pone de pie en un salto y le grita furiosa en la cara de su marido horrorizado: “También te odio”, y vuelve a caer muerta en el ataúd.

 

DOS LOROS

Delfina Costa*

 

Mi hermana Leny andaba ociosa ese caluroso día de mayo. Me di cuenta de su estado de ánimo cuando descubrí una mueca de desprecio que le subía al rostro al observar las formas perezosas de la siesta vagando por el patio.

Tenía la mirada vencida de quienes  sólo se reaniman un tanto, al oír, de cuando en cuando,  el llamado a la vagancia de la cigarra subida al eucalipto.

Una chispita  se prendió en su cabeza de repente; me dijo que no sería mala idea ir al rancho del señor Antonio y su mujer, Rosa, para  tantear alguna diversión  con sus dos  loros.

Sabía de su existencia. En la colina corría la leyenda de que aquellos pájaros hablaban.

Fuimos por un caminito angosto con olor a polvo pasajero. Y mientras caminábamos, bastante animó mi espíritu de viajera  ese sitio colmado de árboles tan añosos como jorobados e infestados de insectos rastreros.

Si algún ave salía disparando hacia el cielo, asustada ante nuestra presencia, más asustada que el ave, lanzaba yo  un grito, como de quien va a perder el juicio en el instante; bien se sabe que a las niñas nos encanta chillar, dar pataletas   y hacer escenas hasta que vienen nuestras madres a propinarnos  cintarazos en las nalgas.

Una sombra fugaz alzó  ruidoso vuelo desde el pastizal. Retrocedí unos  pasos.

-  Pero si es solamente un tero - tero - me dijo mi hermana.

Nunca tuve un loro. Sí me congracié con una perra, llamada Laica.

Mientras íbamos andando, Leny cantaba en voz alta una estrofa del Himno Nacional. Siempre que ella se daba a la libertad de soltar sus pasos por la campiña, el Himno le venía a la boca; lo hacía  para entreverar la ilusión de la fuga de la casa con letras patrias de  la escuela, y hacerme creer - de esa manera - que en  empresa de huida  no  estábamos embarcadas.

 Llegamos al rancho. Don Antonio, hombre de cabellera blanca, y acostumbrado, como muchos viejos, a tomar el mate todo el día, estaba  sentado infinitamente sobre una silla de cuero. Asiento, vejez y mate solían ser una estampa común en los ranchos de la colina.

 Nos miró con indiferencia. Cerca de él, junto a una enorme olla de hierro donde hervía un caldo de pescado, su mujer nos echaba una mirada de simpatía.

Una fila de enormes hormigas negras subía por la pared de barro de la tapera.

En un limonero del patio estaban las bestias de pluma.  Paco, el loro hablador, nos saludó.

"Buen día. Don Antonio, viene gente. Geeeente. Geeeente", decía.

Pronunció  esta frase melosa estirando el cuello: "Qué linda visita. Que linda visita. Qué linda visita. Liiiiiinda. Liiiiiinda".

Leny reía.

"Adelante. Adelante. Adelante. Entren. Entren. Entren. Están en su casa", insistía. Mi hermana y yo, permanecimos  quietas en el pequeño  patio de arena, por el respeto y el miedo tan comunes en los niños, quienes cuanto más son invitados a pasar al interior de una vivienda, y cuanto más la amabilidad se alarga, más se quedan plantados y tiesos donde tienen puestos los pies.

Fijé mis ojos en el otro loro, que no decía palabra.

Era un bello ejemplar. Su plumaje tenía vivos colores verdes y amarillos.

Si bien nos miraba de cuando en cuando, permanecía  mudo como la imagen misma del  silencio.

- Acaso Chilito perdió el habla, pobrecito - le susurré a mi hermana, quien  se encogió de hombros.  A ella le faltaba el sentido trágico y sentimental de la vida, que en mí creció  y me cubrió, como la hiedra, encarcelándome.

Cuando uno es niño, suele figurarse, a veces, que puede llegar a tener alguna influencia en los animales. Sobre todo en los loros. El silencio de aquel ave, fue interpretado por mi curiosidad, como una dignidad del animal. Lo suponía talentoso aunque tímido. Una caja de sorpresas aunque disimulador.

Sospechaba  que podía sacarle algunas palabras, echándole una conversación  amable.

 Silbé la  canción "El pino y la paloma".

 Luego me acerqué a él.

- ¿Qué te pasa, lindo Chilito?

Silencio.

- Tu nombre es muy bonito. Yo me llamo Delfina. Quiero ser tu amiga. ¿Te sientes triste? Yo también estoy triste.

Silencio.

- Chilito de mi corazón - le dije casi al oído, mientras el otro loro, prendido al alambre del que colgaba la botella, seguía verseando.

- Sé lo que pasa por tu cabecita -  exclamé.

A veces me daba por pensar, en mi infancia, que tenía poderes sobrenaturales. Lanzaba en los momentos de mi locura infantil, maldiciones a los rayos y a los truenos, para que la lluvia cesara. En algunas ocasiones  he llegado a convencerme de que daba continuidad  a las lloviznas de las siete de la mañana, la  hora de marchar al colegio. 

- A ver... Chilito... ¡Ya sé qué es lo te ocurre!   ¡Ya sé! - afirmé, sin saber lo que le ocurría, por supuesto, y mirando fijamente   los ojos inquietos del animal.

¡Qué firme pero insensata manera de pretender llegar al alma  de un ave!

En ese instante, Paco, dando un vuelo veloz, se largó  sobre mí. Sus uñas se convirtieron en gruesos alambres clavados en mi cuello y su pico en una tenaza de fuego  que doblaba mi nariz.

 No lloré. Don Antonio y su mujer dijeron que Paco solía portarse mal y con esa explicación se quedaron mirándonos, y nos seguirían mirando todo el tiempo, de no ser porque el ave, más dueño de la casa  que sus amos,  gritó: "Adiós. Adiós. Gracias por la visita. Gracias por la visiiiiiiita".

-Adiós - dijimos.

Mientras mi hermana y yo emprendíamos el viaje de retorno, el sol calentaba el pasto como el aliento de un caballo y algunas golondrinas alzaban vuelo en dirección al norte,  con un trino festivo.

 

* Delfina Costa es una poetisa, cuentista y crítica literaria paraguaya.

 

EL ALCOHOLISMO NO ME MATÓ PERO EL SICOANÁLISIS SÍ (O CASI)

Wilson Orozco

 

El sicoanálisis es una iglesia, una secta. Matamos a dios pero creamos a los sicoanalistas con su cara de supuesta neutralidad. O “neutralidad benevolente” como ellos mismos se jactan en decir. Los sicoanalistas son unos actores; pero en el fondo son malos.

Era una calurosa tarde de 2006 y me sentía mal. Mal siempre me he sentido y mal se siente la mayoría de la humanidad y si no pregúntenles a los bonaerenses y franceses.

Con el sicoanálisis decidí probar una cura más. Un profesor marica que me quería comer fue el primero que me adentró en esta palabreja: sicoanálisis. Siempre me hacía creer que yo también era marica. Obvio para comerme. Yo lo negaba. Él me decía que eso era una “resistencia”. Desde ahí empezó todo. Quince años después eso me seguía taladrando la cabeza: “resistencia, resistencia, tengo una resistencia”. Pero quince años después estaba mal por otras cosas, entre ellas, por el alcoholismo. Entonces decidí probar con la famosa “talking cure” per secula seculorum.

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El sicoloco llega cansadamente a la oficina o al consultorio, como quieran. Abre la puerta, me hace pasar. Nos sentamos. Enciende un cigarrillo. Se cree Freud. Me mira fijamente y me dice:

-¿Qué te trae por aquí, Wilson?

Y ahí empieza todo. Mi alcoholismo, mis mujeres, la separación de mi esposa, mi hija, mi angustia existencial.

-Contame de tus papás.

Y ahí empieza todo también. Mi papá borracho, mi papá pegándole a mi mamá, mi papá con otra mujer…

-¿No te parece que estás repitiendo la misma historia de tu papá?, me pregunta.

¡Claro! Eso es. ¿Cómo no se me había ocurrido antes? Estoy repitiendo exactamente la misma historia de la persona que quiero y odio a la vez.

-¿Cuánto le pago?

-No, dejemos así por ahora.

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La plata parece que nunca importaba. Parece. Pero sí importa. Para eso te escuchan, de eso viven, ¿no?

Tres o cuatro sesiones después, me pregunta:

-¿Cuánto valorás esto, Wilson?

-Mucho.

-¿Sabés que esto es largo?

-Sí.

-Bueno, según lo que valorás esto, ¿cuánto estás en condiciones de pagar?

-Entre 20 y 30 mil pesos.

-Bueno, entonces partamos diferencia, pagame 25.

Eso de partir diferencia me suena mucho a mi papá negociando.  

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Sesión tras sesión, ahondando supuestamente, cada vez entiendo por qué me emborracho pero no paro de beber. En apariencia mi mente está bien pero mi hígado no; dos años de sicoanálisis y sigo en las mismas. Un día digo no más. Mi analista se enoja. Dice que no me puedo ir así. Que corro un grave peligro. Que él no se queda tranquilo si abandono el análisis. Sus respuestas histéricas me convencen de que el sicoanálisis es una farsa.

Por el mismo tiempo le pido plata a la universidad donde trabajo para ir a un congreso de traducción literaria en Buenos Aires. Le propongo al analista que me voy a tomar ese tiempo como una distancia, que después de que llegue tomaré la decisión definitiva de seguir o no. Él, con cara compungida, me dice que no está muy de acuerdo con eso pero que qué se va a hacer.

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Buenos Aires es la meca del sicoanálisis en Sur América. La prensa lo repite sin cesar, me cuentan que el sicoanálisis en Medellín entró gracias a los argentinos, dicen que hay un barrio que se llama Villa Freud. De hecho, una vez mi sicoloco me dijo que tenía que viajar a Buenos Aires para un congreso. Y una vez frente a una de mis explosiones de impaciencia porque ese sicoanálisis no avanza, me dice: 

-Los gauchos creen que en la tormenta es cuando más lento hay que ir…

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Llego a Buenos Aires. La arquitectura me indica que aquí hubo mucha plata. Todo muy romántico. Pero yo no estoy aquí por romanticismo.

Llego al cuarto conseguido desde Medellín. Me atiende una argentina despelucada, como todas. Le pago en dólares. Entro al cuarto. No tiene toallas. Es sucio y viejo. Siento que me han estafado. Pero lo único que quiero es dormir. Así lo hago.

Despierto. Quiero caminar. Lo hago por la Avenida Corrientes en dirección al mítico Obelisco. Entro a un restaurante. Pido una carne. Cumplo con el ritual de todo el que viene a Argentina. Pero no me gusta la carne, me gusta más la mesera. Salgo porque no aguanto los gritos de un cronista deportivo que se desgañita cantando unos goles.

Ya es de noche. Entro a una librería. Esa sí es una virtud. Un domingo en la noche y hay librerías abiertas. Qué librocentrista de mierda soy, pienso. Veo un libro que tiene por título El libro negro del sicoanálisis. Esto es lo que necesito. Algo que me apoye en la buena idea que he tenido: abandonar el sicoanálisis.

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En ese libro hablan pestes de él. Expertos, amas de casa, filósofos, neurólogos, científicos y un largo etcétera. Le dan duro. Encuentro lo mismo que yo pensaba: el sicoanálisis no sirve para nada. No me siento tan bruto.

Llego por fin al Obelisco. Veo las luces. Estoy en el centro del centro. Adonde todo turista tiene que llegar. Entro a un bar. Me tomo ochos cervezas. El tosco mesero me trae la cuenta pero dice que se le ha olvidado apuntar las últimas dos. Que de todas maneras le dé la plata. Me toma algún tiempo reconocer que a lo mejor la plata restante va para su bolsillo.

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Al día siguiente voy a la zona donde vivía Borges. Ya entiendo su elitismo. Es una zona de ricos. Ahí estaba la embajada de Israel. La que explotaron. Hay un monumento a las víctimas de siempre. Paso por una librería en la que se mantenía Borges. Ahí ni le cobraban los libros. Borges iba a una librería sagradamente y yo lo hago a Bantú, al bar de siempre…

En la tarde veo una película argentina. De una mujer que la acusan de un crimen que no cometió, la meten a la cárcel, fuera de eso está en embarazo, ella lucha por mantener a su hija. Lo mismo de siempre.

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Voy a la Plaza de Mayo. Se supone que allá están las Madres de la Plaza de Mayo. No, ya son abuelas. Y nada de sus hijos. Pero no las veo. Lo que sí veo es gente pobre. Y pancartas por todas partes. El lugar es feo como todo lo de los pobres. Lo último ahora es la lucha de los dirigentes de la soja. No sé qué es la soja. No me interesa saberlo. Ni siquiera cuál es el problema. Pero como siempre, debe ser por plata. A lo mejor les están cobrando un impuesto. Ellos van y montan carpas para protestar contra el gobierno. Los que apoyan al gobierno también van y montan carpas. Los dirigentes llevan un toro inflable. Los otros llevan un pingüino inflable. Todo un circo.

Voy a un café que se llama Tortoni. Frecuentado por artistas, escritores y demás. Es un lugar, como se puede suponer, turístico. La gente se toma fotos. Piden platos costosos. Pero ni rastro de escritores.

Luego voy al museo dedicado a Evita. La otra obligación en Argentina. Están sus vestidos, sus grandes obras benéficas, sus discursos, su muerte. Vanidosa la señora. Pero quería mucho a sus descamisados: eso sí que lo enfatizan mucho. 

Salgo del museo cansado de tanta payasada demagógica. Camino. Paro en un puesto de revistas. Hay una publicación de la asociación de sicoanálisis. Se ve que estoy en Villa Freud. Todo el periodiquito está dedicado a la depresión. Leo uno de los artículos. Es una perorata contra el prozac. Amargados y regañones como siempre, los sicoanalistas.

Villa Freud está en Recoleta, el barrio de los ricos. Y de los sicoanalistas. Pero ni rastro de ellos. Deben estar camuflados, como siempre. La gente me mira con recelo. Como si les fuera a robar.

Cojo un taxi. Y definitivamente está la obligación de hablar con el taxista. Me cuenta sus peripecias. Yo le sigo la corriente. Pero no me interesa nada de lo que me dice. Me habla de los atracos. Dice que lo atracó una vez un tipo que no parecía ladrón porque tenía los ojos claros. Me doy cuenta del racismo velado de este país. Desde la ventanilla leo que un grafiti contra un director de fútbol: “¡Pará el verso!”, dice. Perfecto para Colombia. 

Llego al hotel. Leo el periódico del día. Están preocupados porque a Uribe le dio por llamar a unas nuevas elecciones. El articulista remata con lo siguiente:

“Colombia, ícono regional de los conservadores, puede sumarse a la corriente de las democracias plebiscitarias”.

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No he ido a ninguna conferencia del encuentro de traductores literarios. Claro que no me he perdido de nada ya que son unos insufribles. Pero algo haré. Tal vez me consiga un certificado falso para mostrar en la universidad.

Ya es mi último día. Voy a Boca. Entro a un restaurante. Uno de los que atienden está pintando la barra. Me sorprende la pasión por conservar todo aquí. Todo es viejo como en Cuba pero aquí sí hay plata. Veo fotos de Maradona. Este país y sus íconos: primero Gardel, luego Evita, después Borges y ahora Maradona. “Un país con personas así no puede ser malo”, leo en mi guía. Patético. Pero ya por fin se acerca mi regreso.

Una vez en Colombia no me aparezco nunca más por la oficina del sicoanalista. Un cliente menos para él. Pero aún quedan incautos.

 

EL TIGRE Y SUS FOTOS

Wilson Orozco

Voy a hablar de unas fotos y de un fotógrafo que tiene por nombre Oscar Cardona. Es hincha del Medellín y le dicen El Tigre. Lo conocí cuando era un imberbe (sigue sin barba) estudiante de la Universidad de Medellín. Era entusiasta y buena gente. Sigue siendo ambas cosas y por eso tal vez lo admiro. Cuando pienso que las cosas no se me dan con la escritura y que pocas veces me han publicado, pienso en este muchacho tan echado p’adelante. Lo recuerdo con su cámara a todas partes y con sus ansias de registrarlo todo. El vicio no se le ha quitado.

Una vez, en clase de semiótica, pedí que hicieran un trabajo sobre los signos de cualquier sector de la ciudad. Él, de inmediato, lo quiso hacer sobre el estadio en un partido del Medellín. Allá lo vi incluso. Le tomaba fotos a lo que se movía y a lo que no se movía también. Tiempo después lo tuve en una clase de literatura contemporánea y de principio a fin elogió un cuento que leímos que se llama Atiguibas y que hablaba de fútbol. Es que este hombre es enfermo, se le ve la pasión por encima.

Ya después perdí contacto con él porque la Universidad de Medellín no me volvió a llamar más. Ya los despidos son así: asépticos. Te contratan, te pagan y si no te necesitan más, no te vuelven a llamar. Son fríos, despiadados, tecnócratas y neoliberales. Pero yo soy como Uribe, el neoliberal mayor: caigo parado. Después de que la Universidad de Medellín no se volvió a “preocupar” por mi subsistencia, viví mantenido por mi mujer durante dos meses y luego me contrataron de por vida en la Universidad de Antioquia.

Creo que nuestro hombre siguió con la enfermedad por la fotografía. Tiempo después supe que estaba en una página en Internet que se llama:

http://flickr.com/photos/oscarcardona/

Allí vi sus fotos y pude observar que le sigue tomando fotos a lo que se mueva. Este hombre es incansable. Hay fotos muy buenas pero hay fotos muy malas también. Como suele suceder con el arte. Pero las que más detesto son ésas en las que salen todos esos niños a los que les di clase alguna vez en diversas poses ridículas: como si fueran rockeros y modelitos. El uno brinca con un micrófono, la otra se enreda con una cinta de cine, los unos gritan, los otros miran al cielo. Pretenden ser fotos lindas para gente linda, con poses lindas, y colores lindos y luces lindas, todo muy lindo…bueno, ustedes ya captaron la idea. Si esta retahíla les da ganas de vomitar, esa misma sensación dan esas fotos.

Pero nuestro Tigre se reivindica cuando sale a la calle y registra gente de carne y hueso, ésa que por ejemplo no tiene con qué pagar millones para estudiar en una universidad privada. Ancianas arrugadas, negros sonrientes, campesinos adustos, combatientes agotados…gente que no está metida en Facebook, ni que tiene blogs ni que está pensando en hacer un videíto para ganarse un premio. No. Esa gente no tiene pretensiones y solo puede conformarse con sobrevivir. Eso ya merece todo el respeto posible.

Ésa sí es gente real y no de plástico.

Bien Tigre. Te deseo suerte y espero que no te enojés con esto que escribí.

 



[1] Fragmentos tomados de Eisntein in Love: A scientific romance de Dennis Overbye.

[2] Tomado de Stuff white people like de Christian Lander.