Si abres los orificios de las notas, empezando por el
extremo más lejano, haces que el nodo de
presión suba por el tubo, acercándose a la boquilla – es como si el tubo se
hiciera más corto. Al empezar por la campana, cada orificio que se abre sube
la afinación por un semitono lo que necesita un tubo de cerca de un 6% más
corto. Luego de abrir todos los orificios de la mano derecha, como se ve abajo,
llegas a la digitación para el sol4, que se muestra debajo. (El círculo negro
representa orificio cerrado, el blanco, abierto) Por el momento podemos decir que un orificio abierto es como un “corto circuito” al aire afuera, de modo que el primer orificio abierto actúa como si el saxofón hubiese sido serruchado cerca de la ubicación del orificio. Esta figura es algo cruda y en la práctica, la onda se extiende hasta un poco más allá del primer orificio tonal abierto: un efecto de terminación. (Para los que poseen una mentalidad técnica, podríamos continuar la analogía eléctrica diciéndoles que el aire en el orificio abierto tiene inercia y por ende es más como una inductancia de bajo valor. La impedancia de un inductor de electricidad, o inertancia en acústica, es proporcional a la frecuencia. De modo que el orificio se comporta más como un corto circuito en frecuencias bajas que en las altas. Esto lleva a la posibilidad de digitación cruzada (cross fingering) que hemos estudiado en mayor detalle en las flautas clásicas y barrocas) La dependencia de frecuencia de este efecto de terminación nos dice que la nota más aguda tocada con una digitación particular tiene un efecto de terminación mayor que la nota correspondiente en el registro más bajo. Si el saxofón fuera realmente un cono perfecto con orificios, los registros estarían desafinados: los intervalos serían demasiado estrechos. Este efecto se remueve principalmente por la forma y volumen de la boquilla. |
