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Por Francisco Marzioni
¿Qué hay detrás de todo esto? ¿Una organización, un grupo con un fuerte respaldo, una señera fundación pro-literatura fantástica? No, nada de esto, no ha sido más que el resultado de una tozudez absolutamente fuera de órbita y de toda lógica.
Eduardo Carletti, Axxón nro 200
Cuando decimos 1989, no es común pensar en comienzos. El fin de los ´80s, la apurada entrega del poder de Raúl Alfonsín, el límite de la hiperinflación, el caos findelmundista de los saqueos en supermercados, la caída del muro e inclusive el fin de la historia, son hechos e ideas que hablan de un año identificado de forma unívoca. Pero esta lista, que se multiplica casi sin cuestionamientos en la antología oficial, podría resultar engañosa porque ignora un importante comienzo. Fue en marzo de ese año cuando, en un mítico viaje en tren, Eduardo Carletti y Fernando Bonsembiante germinaron la primer revista electrónica de la historia argentina.
Se llamó Axxón, y su condición marginal fue triple desde el comienzo. No sólo su formato -un disco floppy con un archivo ejecutable- restringía su circulación al exclusivo ámbito de la informática pre-windows, sino que también fue el corolario de una serie de fanzines fotocopiados dedicados exclusivamente a la ciencia ficción, una rama de la literatura muy popular en otros países, pero que en Argentina nunca encontró suficiente eco, a pesar de haber sido ungido por los más grandes nombres del ámbito literario. Y dentro de ese marco, Axxón también fue una hija díscola, pues la idea original surge de una compleja broma destinada a atacar el pequeño establishment del género.
Pero apareció el número 1, y contra todos los pronósticos, Axxón se transformó en un virus más potente que cualquier grupo de poder. Con una propuesta fresca y renovadora, rápidamente ganó los corazones del fandom y convirtió a muchos no creyentes a la religión de la ciencia ficción. No sólo fue desde entonces un aleph del género en Hispanoamérica, sino un espacio de resistencia ante el canon literario, decidido a destinar a la ciencia ficción a un lugar marginal. Luego de distribuirse en diskettes, se repartió a través de las redes Fidonet y sus similares, para finalmente, desde 1997, aparecer exclusivamente en la web, donde pocos días atrás colgó su número 202, el sexto realizado en formato blog, actualizándose periódicamente. “Es una revista, un sitio, un pequeño mundo muy sólido, no de ficción, pero que sin embargo contiene una cantidad tan grande de ficciones que puede llevar una vida recorrerlas”, definió Carletti, su editor, en una de sus editoriales lanzadas en este formato.
Es que Axxón tiene 20 años, dos décadas recorridas gracias a la tenacidad de su grupo de realizadores. Como toda revista cultural que se precie de tal, sus colaboradores tienen más peso específico que sus lectores, escondidos tras el anonimato de las estadísticas. Aunque todos los días ingresan a la Home un promedio de 10 mil personas –un número que está a años luz de las aspiraciones de cualquier publicación virtual de su tipo– en sus páginas puede sentirse el vacío de compromiso, la vasta soledad de los axxonitas, el nombre que eligieron sus seguidores.
A pesar de su gruesa convocatoria, las donaciones en dinero son mínimas (al hosting del sitio sólo le quedan seis meses pagos) y la energía de sus realizadores, cada vez menor. Una rápida lectura a las últimas editoriales y cartas de lectores, dejan entrever un descontento general, producto, tal vez, de una larga trayectoria donde la maquinaria de la revista fue una pesada y oxidada noria, un constante remar contra la corriente. Tal vez esperando un súbito reconocimiento que la sacara de su condición de revista de culto, silenciosamente Axxón se mantuvo fiel a sí misma, aún cuando los veloces cambios de las preferencias de los navegantes condenaran duramente a un espacio reacio a los cambios y las modas.
Al igual que sus fundadores, Axxón corresponde a una vieja escuela de la ciencia ficción, donde se le da una gran relevancia a la primera, a veces por sobre la segunda. Entonces, el catálogo de non fiction ofrece una rica y curiosa antología de noticias científicas, literarias y cinéfilas por igual, además de ensayos de astronomía, química o física. La sección ficción no tiene la misma llegada pues en Axxón publican desde ingenieros con buena voluntad que copian a Asimov hasta escritores profesionales consagrados como Fabián Casas, todos con el mismo nivel de exposición visual. Entonces, lo que para la revista es un estandarte ético y un mensaje de equidad, a los lectores ajenos al círculo axxonita les impide distinguir entre contenido profesional y amateur. Y, ante la singular vastedad de la oferta, se pierde rápidamente el interés por explorar.
Luego de veinte años de carrera, la lectura de Axxón se asemeja más a un entrañable hábito del que cuesta desprenderse que a una experiencia que estimule nuestra avidez de novedad. Como mirar Los Simpsons. O escuchar ciertos discos de los Chilli Peppers, o ver Indiana Jones y la Última Cruzada una y otra vez en la tele. Con un estallido y una revolución comenzó el proceso que dio nacimiento a una revista inspiradora, que influenció al menos dos generaciones de escritores, que mantuvo viva la llama de la ciencia ficción, con imaginación y sin prejuicios. Su madurez la vio saludable y en crecimiento, aunque pidiendo, ya no tan silenciosamente, una renovación que le devuelva vitalidad.
Pero, al contrario de lo que puede pensarse a primeras, esa novedad no tiene por qué ser exclusivamente editorial. Axxón también pide también un campo literario renovado que la alimente, una ciencia ficción con nuevos autores dispuestos a jugarse por el género y defenderlo en los espacios donde está vedado: desde la academia al negocio editorial, desde las vidrieras de las librerías de cadena hasta la televisión, desde las tapas de los suplementos literarios hasta los paneles y mesas redondas de los centros culturales. En definitiva, Axxón exige el compromiso de autores, editores y lectores de ciencia ficción dispuestos a enfrentar sabiamente la masividad, llevando al género a romper el perpetuo segundo plano que mantuvo desde sus inicios en la literatura argentina. Probablemente sea mucho pedir, pero Axxón tiene un derecho a reclamo bien ganado. Porque veinte años buscando sin descanso ese sueño no es poco. Más allá del tiempo y el ciberespacio, Axxón es como Pino y se planta ante la adversidad, abriendo las velas del barco y, con cada número, cada post y cada noticia publicada, navega como un adelantado español cruzando el bravío mar de la espera, el vasto cúmulo de agua de la literatura argentina.
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