Por Celia Dosio
¿Qué significó para vos participar de la Heptalogía de Rafael Spregelburd?
Con Rafael ya teníamos un par de obras montadas y varios viajes cuando él empezó con la idea de la Heptalogía. A mí me pareció un proyecto ambicioso y enorme, pero él lo contaba con tranquila seguridad y sin prisa alguna. En ese momento yo quería hacer un espectáculo de monólogos y le pregunté si quería escribirme y ahí apareció a los tres días La extravagancia- que fue parte de Reconstrucción del hecho, que contaba con Women´s white long sleeve sport shirts, de Daniel Veronese, escrito también para la ocasión. Así que imaginen que enorme regalo para una actriz. Esta experiencia fue el salto vacío que propone el monólogo al actor que lo ejecuta y en el caso de La extravagancia con tres personajes de composición que debían ser graciosos pero no paródicos, que pudieran contener la emocionalidad oculta hasta el final de la obra. Luego casi sin pausa vino Rafael con las primeras escenas de La Modestia, íbamos leyendo y comentando el material nosotros dos hasta que se fue sumando el resto de elenco, esa fue casi la elección de la conformación del Patrón Vázquez.
La Modestia es una de las obras que más he disfrutado porque su dispositivo estructural nos daba a los actores la posibilidad de explorar dos lenguajes de actuación de manera simultánea. Y es una obra exquisita así como La estupidez es genial y monumental. Los ensayos fueron difíciles cuando empezamos el texto estaba terminado pero no sabíamos como agarrarlo. Hubo que tener una enorme paciencia y entrega. Tardamos más de un año de ensayos para llegar a una primera pasada general de todo que empezó a las nueve de la mañana y terminó entrada la tarde. Pudimos domar a la exótica bestia y nos dio muchas satisfacciones. Hacerla era como correr una maratón de cuatro horas todos los fines de semana. Mientras viajábamos con la obra y cada uno estaba en varios otros proyectos Rafael iba imaginando La paranoia que luego tuvo la generosa y no sé si mejor idea que tirar sobre la mesa el lado A de la obra en el que se ve los padecimientos de un grupo que debe salvar al mudo inventando una ficción con extrañas e imposibles características. Algo de esas extensas discusiones están plasmadas en esas escenas, la obra también tiene un lado B graciosísimo, con un virtuoso tratamiento de lenguaje, una cuasi- invención de un slang caribeño hecho para el deleite de los oídos del sur del continente. Y allí el desafío fue filmar estas escenas telenovelescas, acercándonos al género con muy pocos recursos.
Otra virtud destacable en esta obra es la cantidad de metáforas que la obra contiene sobre los temas que toca. La relación entre el pecado original y su derivación. Las obras de Rafael proponen una reflexión profunda y amplia sobre el hombre, su moral, sus modos de relación y al día de hoy cito o recuerdo frases y situaciones de esas obras que me despertaron, me enseñaron como lo hace la experiencia directa. No tengo más que orgullo y agradecimiento por ser parte de esta experiencia, sabiamente intercalada con otras, que se hizo concreta con cariño y dedicación.
Cómo surgió la sit-com Mi señora es una espía, serie de culto de Ciudad Abierta. Qué desafíos te trajo escribir y actuar en un soporte tan distinto al teatro como la televisión (teniendo en cuenta que venías de la experiencia de Siempre tenemos retorno)
Mi señora es una espía formó parte de una obra que constaba de tres escenas independientes. Una de ellas era esta comedia retro peronista y utópica. Se pudo hacer gracias a la confianza y la capacidad de trabajo de Cecilia Hecht, Daniela Goggi y todo el grupo de gente que se acercó a formar parte de este exótico proyecto. Los desafíos eran muchos, yo ni siquiera había actuado en televisión y debutaba con un protagónico, escribiendo y haciendo el casting todo a la vez, con algo que no tenía referente local. Los factores que me ayudaron fueron la libertad y el cuidado de las personas que me rodeaban. Y yo debía responder a eso, Capusotto no hacía aún humor con el peronismo, yo no soy una estrella ni mucho menos y no quería meter en un brete a nadie de los que trabajaban arduamente para que esto se concretara y a la vez la propuesta era esa; humor naif televisivo de los 50. Aprender como actriz el oficio en el set fue como aprender a manejar si tenés que hacerlo a los días allí estás con los reflejos en forma. ¡Qué actividad tan deportiva es la comedia televisiva!
¿Cómo pensás el cruce entre política y comedia? ¿Qué esperás que suceda allí? Ya sea en la adecuación y extrañamiento del registro (por ejemplo de la jerga peronista de Mi señora...), como en la tensión que se puede leer en tus otras obras (por ejemplo en Niños del Limbo).
El teatro es un arte cuestionador, en sí mismo. Construir realidades devela las construcciones de realidades en otros ámbitos y el discurso y el accionar del poder busca hegemonizar la visión de mundo y cómo debe ser el modo de relación entre las personas y con las cosas. La comedia -cuando no es vana y eso no depende del género- propone la reflexión como un acto placentero. A veces es la mejor manera de tocar temas tabú que la moral reprime y se ve al público riéndose de su propia ridiculez con temas con los cuáles no se atrevería a identificarse de otra manera. También es cierto que no nos podemos reír de cualquier cosa, ni tiene sentido alguno, por ejemplo hacer humor con las heridas abiertas en la comunidad.
En Mi Señora.. no sólo trabajé con la jerga peronista, ya que existe todo una jerga gorila también. Y la época. Era muy notorio ver cómo las expresiones se iban contagiando entre todo el equipo, los cámaras, los sonidistas, y cómo todos aportaban más y más palabras que aparecían del pasado. Por algo dicen, el lenguaje es un virus.
En cambio en Niños del limbo el trabajo fue, con lo que yo llamo, consistencia de mundo. El taller literario debe ser posible, particular y consistente. La verosimilitud del ámbito está en este caso en el habla, ya que las situaciones no son las propias y la escenografía no es realista.
¿Qué tiene que tener una obra para que te interese dirigirla? ¿Y para actuarla?
Esta pregunta muy difícil podría responderla de la manera más sencilla: que sea una buena obra y que me guste. Ahora, qué es una buena obra y cómo es mi gusto no tiene más respuestas tentativas, generales y móviles.