Una vez un hombre tomo una flor y, sin decir palabra alguna, la sostuvo frente a un circulo de hombres sentados a su alrededor. Nadie comprendía la situación, su significado y todo lo que simbolizaba. Sin embargo, un hombre, mirando la flor no dijo nada; solamente sonrío. Entonces el hombre del centro también sonrió y, sin una palabra, entrego la flor. Se dice que así fueron los orígenes del Zen.
Buda le hizo una seña para que se acercara y le entrego la flor, diciéndole a la multitud: "A vosotros os he dado todo lo que se puede dar con palabras, pero con esta flor entrego a Mahakashyapa la llave de todas las enseñanzas".
La llave de todas las enseñanzas [...] no se puede dar mediante la comunicación verbal. La llave no se puede entregar a través de la mente, no se puede decir nada al respecto. [...] El oido fisico puede funcionar bien, pero falta el oido espiritual. Un buda solamente puede hablar con otro buda -éste es el problema-, y con otro buda no existe la necesidad de hablar.
Un buda tiene que hablar con quienes no están iluminados; con ellos existe la necesidad de hablar y comunicarse, aunque la comunicación, entonces, es imposible para trasmitir la llave de todas las enseñanzas, ella no se trasmite, nace en tu interior.
OSHO
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