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Los apuntes de Primero de Bachillerato en formato EPUB

Fragmentos de La vida de Madrid (Larra)

El joven que voy a tomar por tipo general (...) es rico sin ser enteramente tonto. Paseábame días pasados con él, no precisamente porque nos estreche una gran amistad, sino porque no hay más que dos modos de pasear, o solo o acompañado. La conversación de los jóvenes más suele pecar de indiscreta que de reservada: así fue, que a pocas preguntas y respuestas nos hallamos a la altura de lo que se llama en el mundo franqueza, sinónimo casi siempre de imprudencia. Preguntome qué especie de vida hacía yo, y si estaba contento con ella. Por mi parte pronto hube despachado: a lo primero le contesté: «Soy periodista; paso la mayor parte del tiempo, como todo escritor público, en escribir lo que no pienso y en hacer creer a los demás lo que no creo. ¡Como sólo se puede escribir alabando! Esto es, que mi vida está reducida a querer decir lo que otros no quieren oír!». A lo segundo, de si estaba contento con esta vida, le contesté que estaba por lo menos tan resignado como lo está con irse a la gloria el que se muere.

-¿Y usted? -le dije-. ¿Cuál es su vida en Madrid?

-Yo -me repuso soy muchacho de muy regular fortuna; por consiguiente, no escribo. Es decir..., escribo...; ayer escribí una esquela a Borrel (1) para que me enviase cuanto antes un pantalón de patincour (2) que me tiene hace meses por allá. Siempre escribe uno algo. Por lo demás, le contaré a usted.

»Yo no soy amigo de levantarme tarde; a veces hasta madrugo; días hay que a las diez ya estoy en pie. Tomo té, y alguna vez chocolate; es preciso vivir con el país. Si a esas horas ha parecido ya algún periódico, me lo entra mi criado, después de haberle hojeado él: tiendo la vista por encima; leo los partes, que se me figura siempre haberlos leído ya; todos me suenan a lo mismo; entra otro, lo cojo, y es la segunda edición del primero. Los periódicos son como los jóvenes de Madrid, no se diferencian sino en el nombre. Cansado estoy ya de que me digan todas las mañanas en artículos muy graves todo lo felices que seríamos si fuésemos libres, y lo que es preciso hacer para serlo. Tanto valdría decirle a un ciego que no hay cosa como ver.

»Como a aquellas horas no tengo ganas de volverme a dormir, dejo los periódicos; me rodeo al cuello un echarpe (3), me introduzco en un surtú (4) y a la calle. Doy una vuelta a la carrera de San Jerónimo, a la calle de Carretas, del Príncipe, y de la Montera, encuentro en un palmo de terreno a todos mis amigos que hacen otro tanto, me paro con todos ellos, compro cigarros en un café, saludo a alguna asomada, y me vuelvo a casa a vestir.

»¿Está malo el día? El capote de barragán (5): a casa de la marquesa hasta las dos; a casa de la condesa hasta las tres; a tal otra casa hasta las cuatro; en todas partes voy dejando la misma conversación; en donde entro oigo hablar mal de la casa de donde vengo, y de la otra adonde voy: ésta es toda la conversación de Madrid.

»¿Está el día regular? A la calle de la Montera. A ver a La Gallarda o a Tomás (6). Dos horas, tres horas, según. Mina, los facciosos, la que pasa, el sufrimiento y las esperanzas.

»¿Está muy bueno el día? A caballo. De la puerta de Atocha a la de Recoletos, de la de Recoletos a la de Atocha (7). Andado y desandado este camino muchas veces, una vuelta a pie. A comer a Genieys, o al Comercio (8), alguna vez en mi casa, las más, fuera de ella.

»¿Acabé de comer? A Sólito (9). Allí dos horas, dos cigarros, y dos amigos. Se hace una segunda edición de la conversación de la calle de la Montera. ¡Oh! Y felizmente esta semana no ha faltado materia. Un poco se ha ponderado, otro poco se ha... Pero en fin, en un país donde no se hace nada, sea lícito al menos hablar.

»-¿Qué se da en el teatro? -dice uno.

»-Aquí: 1.º Sinfonía; 2.º Pieza del célebre Scribe (10); 3.º Sinfonía; 4.º Pieza nueva del fecundo Scribe; 5.º Sinfonía; 6.º Baile nacional; 7.º La comedia nueva en dos actos, traducida también del ingenioso Scribe; 8.º Sinfonía; 9.º...

(...)

-Pues bien, subo al palco un rato. Acabado el teatro, si no es noche de sociedad, al café otra vez a disputar un poco de tiempo al dueño. Luego a ninguna parte. Si es noche de sociedad, a vestirme; gran tualeta (11). A casa de E... Bonita sociedad; muy bonita. Ello sí, las mismas de la sociedad de la víspera, y del lunes, y de... y las mismas de las visitas de la mañana, del Prado, y del teatro, y... pero lo bueno, nunca se cansa uno de verlo.

-¿Y qué hace usted en la sociedad?

-Nada; entro en la sala; paso al gabinete; vuelvo a la sala; entro al ecarté (12); vuelvo a entrar en la sala; vuelvo a salir al gabinete; vuelvo a entrar en el ecarté...

-¿Y luego?

-Luego a casa, y ¡buenas noches!

Ésta es la vida que de sí me contó mi amigo. Después de leerla y de releerla, figurándome que no he ofendido a nadie, y que a nadie retrato en ella, e inclinándome casi a creer que por ésta no tendré ningún desafío, aunque necios conozco yo para todo, trasládola a la consideración de los que tienen apego a la vida.

El Observador, n.º 151, 12 de diciembre de 1834.


NOTAS (tomadas de Evelyn Picon Garfield, Iván A. Schulman. Las literaturas hispánicas: introducción a su estudio)

(1) Sastre al que acudían los elegantes de Madrid.
(2) Probablemente pantalón flojo, sujeto a la cintura por un cordón de seda.
(3) Prenda de abrigo que se pone sobre los hombros.
(4) Abrigo.
(5) Tela impermeable.
(6) Actores famosos en tiempos de Larra.
(7) Paseo muy frecuentado en el Madrid de Larra.
(8) Hoteles elegantes de Madrid. El segundo se encontraba en la calle de Alcalá.
(9) Café de la calle del Prado.
(10) Dramaturgo francés del que Larra tradujo algunas obras.
(11) Vestuario.
(12) Reservado.


CUESTIONES SOBRE EL TEXTO:

  1. Cuál crees que es la finalidad de este artículo.
  2. Marca en un mapa de Google el recorrido diario del protagonista.
  3. Imagínate que eres tú quien pasea con Larra y cuéntale qué haces un día que no tienes que ir al instituto.
  4. En esencia, ¿hay mucha diferencia entre tu narración y la del artículo?