Para mi
Lorbeer representa a un hombre normal, «un estereotipo del ser humano que hay en el planeta», pero a tres metros de altura, desafiando la gravedad y sólo 'pegado' a la pared por una de sus manos. Su idea: hacer reflexionar al espectador sobre cómo está repartido el espacio en el que nos movemos, por lo que incluso interactúa con el público, que, con el cuello un poco doblado y a través de traductora, le puede preguntar sobre sus sensaciones a tanta altura.
«Todos tenemos ideas surrealistas, lo que pasa es que las interpreto y
las pongo en marcha», destacó el autor berlinés, quien explicó que este
tipo de 'performances' le surgen cuando está haciendo tareas cotidianas
«como fregar los platos». Un amigo es el que le ayuda a dar forma al
sistema metálico, que, escondido bajo la ropa, le ayuda a 'volar'.
En
esta ocasión su obra ha querido ser un guiño a Tarzán, «ya que este
personaje ha podido sobrepasar la gravedad», puntualizó Lorbeer. Pero
la cosa no queda ahí, ya que el subtítulo en inglés de la
representación, 'Standing leg still life performance', hace alusión «al
contraste entre el hombre suspendido con la quietud de la escultura».
Desde
hace quince años, Johan Lorbeer trabaja el campo de las 'still-life'
(vida inmóvil) o estatuas humanas urbanas, que a veces instala en
sitios no muy habituados a este tipo de intervenciones artísticas. De
hecho, en una 'performance' en la fachada de la biblioteca de El Cairo,
apedrearon al artista creyendo que era un ser sobrehumano o demoníaco
al estar suspendido a tantos metros de altura. «Al final entendieron mi
obra, pero para ello hizo falta antes un traductor que les explicase mi
arte», recordó Lorbeer como una de las anécdotas más destacadas de
estos años.
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