Un señor
maduro con
una oreja verde
Un día, en el
expreso de Soria a Monterde,
vi que subía un
hombre con una oreja verde.
No era un hombre joven sino
más bien maduro,
todo menos su oreja, que era de
un verde puro.
Cambié pronto de
asiento y me puse a su lado
para estudiar el caso de cerca
y con cuidado.
Le pregunté: -Esa
oreja que tiene usted, señor,
¿Cómo es
de color verde si ya es usted mayor?
Puede llamarme viejo -me dijo
con un guiño-
esa oreja me queda de mis
tiempos de niño.
Es una oreja joven que sabe
interpretar
voces que los mayores no llegan
a escuchar:
Oigo la voz del
árbol, de la piedra en el suelo,
del arroyo, del
pájaro, de la nube en el cielo.
Y comprendo a los
niños cuando hablan de esas cosas
que en la oreja madura resultan
misteriosas...
Eso me contó el
hombre con una oreja verde
un día, en el
expreso de Soria a Monterde.
Un uomo maturo
con un orecchio acerbo
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Un
giorno sul
diretto Capranica-Viterbo
vidi salire un uomo con un orecchio
acerbo.
Non era tanto giovane, anzi era maturato,
tutto, tranne l'orecchio, che acerbo era restato.
Cambiai
subito posto per essergli vicino
e poter osservare il
fenomeno per benino.
"Signore, - gli dissi - dunque lei ha
una certa età:
di quell'orecchio verde che cosa se
ne fa" ?
Rispose gentilmente: " Dica pure che son vecchio.
Di giovane mi è rimasto soltanto quest'orecchio.
E' un orecchio bambino, mi serve per capire
le cose che i
grandi non stanno mai a sentire:
ascolto quel che dicono gli
alberi, gli uccelli,
le nuvole che passano, i sassi, i
ruscelli,
capisco anche i bambini quando dicono cose
che a un orecchio maturo sembrano misteriose."
Così disse il signore con un orecchio acerbo
quel
giorno sul diretto Capranica - Viterbo.
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Gianni Rodari
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